La Prensa
Héroes de la Patria

Arturo Frondizi (y un olvido injustificable)

 

Hace hoy 62 años, era electo para desempeñar la Presidencia de la Nación el doctor Arturo Frondizi. Creo que es oportuno recordar a este mandatario argentino. Sobre todo, porque no lo hace el 99 % de nuestro espectro partidario, siendo que Frondizi fue una de las inteligencias más destacadas de la política argentina del siglo XX (y de lo que va del presente). 

Un silencio tan significativo, no es accidental. Faltan avenidas, autopistas y obras públicas que lleven su nombre.  Y es llamativo, porque Arturo Frondizi fue un precursor de la unidad nacional, que supo habilitar al peronismo el camino de las urnas, sacándolo de su proscripción, cuando aún estaban frescas las profundas heridas mutuas de los años 45/55. 

Perón, entonces, era mala palabra para las Fuerzas Armadas (que ellas fueran determinantes en el acceso de éste al poder, era, en ese momento, historia antigua). Lo cierto es que el poder de las armas se empleó en el 58 y en el 66 para que el peronismo no volviera al poder (a Illia también lo voltean porque, como Frondizi, iba a permitir su libre concurrencia a las urnas). 

¿No es rara esta conspiración del silencio, ahora, cuando el peronismo no sólo es legal, sino que ha obtenido seis de las ocho presidencias que se disputaron desde 1983?

Pues bien, Frondizi tuvo aciertos y con errores, siendo inocultables, entre los primeros, el autoabastecimiento petrolero logrado en sólo tres años, la reducción del ya excesivo empleo público, la privatización, sin conflictos, de las líneas urbanas de transporte, la estabilización del dólar y la creación de universidades privadas (cuando el marxismo se había adueñado de las estatales).  

Llamó a su plantel de gobierno, además de a hombres de su partido, a figuras de muy diverso color. El hecho de convocar a alguna con pasado marxista – como Rogelio Frigerio – dio pie a que, falsa y persistentemente, se lo acusara a él de ser comunista. 

Para lo cual, deliberadamente, se olvidaba que convocó a figuras de extracción conservadora como los cancilleres Diógenes Taboada y Miguel Ángel Cárcano – de muy buen desempeño -   a otras de raíz liberal, como Alsogaray y Roberto Alemann y nacionalistas de  brillo intelectual fueron asignados a embajadas clave como Mario Amadeo –Naciones Unidas – Luis María de Pablo Pardo y Máximo Etchecopar.  Otros nacionalistas, como Alberto Tedín y Juan José Güiraldes, hicieron excelentes gestiones en la Secretaría de Industria y en Aerolíneas Argentinas, respectivamente. Y un radical de otra vertiente – la antipersonalista - Alfredo Vítolo, se ocupó con remarcable habilidad del Ministerio del Interior.

A la deposición de Frondizi, luego de las elecciones de 1962, contribuyeron tanto Perón – que eligió una figura irritativa como candidato en Buenos Aires - como el antiperonismo más cerril que se relamía ante ese pretexto para dar el cuartelazo.  

Es de subrayar que es errónea la muletilla de que en tales comicios, ganó sólo el peronismo. Es cierto que lo hizo en seis provincias, incluida Buenos Aires. Pero se olvida que la UCRI, el partido de Frondizi, venció en otras seis y en la Capital Federal. Y que en Córdoba se eligió gobernador a Arturo Illia y que en Mendoza ganaron los conservadores. 

Mosaico de poder que, hoy, resulta añorable. Y deseable. ¿Era imposible la convivencia de distintos colores ideológicos que abortó el golpe del 62? El tiempo dice que no. Y que ese golpe fue un dramático salto atrás.

Frondizi, que se negó a renunciar, entonces fue preso. Y aquí, algo que habla de su elevada talla espitirual. A la vuelta de los años, cuando, con odio i, se inició contra las Fuerzas Armadas una política de escarnio y desmantelamiento, quien salió a defenderlas y a desnudar lo siniestro de la maniobra fue, ni más ni menos, que Arturo Frondizi. Y lo hizo en noble soledad, ante el silencio de casi todos los partidos y la defección de buena parte de sus seguidores de antaño 

No son pocos los jefes militares participantes en el golpe del 62, que han reconocido que cometieron un gravísimo error. Un serio e histórico error. ¿No es hora ya, que los partidos revoquen el de haber olvidado a Frondizi y le rindan el debido homenaje? Sí. Si no lo hacen, tendrá sus motivos. Aventuro que no son buenos. 

Adenda: en los años ochenta y noventa, tuvo el honor de visitarlo en su departamento de la calle Beruti. Simple departamento de clase media. Y un amigo mío solía verlo haciendo personalmente sus compras en un supermercado cercano. La austeridad fue otra de sus virtudes. Virtud ausente, en la Argentina de negociados impunes en la que vivimos. 

Sean estas líneas un muy modesto reconocimiento al Dr. Arturo Frondizi.