Una fábula poética y refinada
El hotel de los animales
Por Jean Garrigue
La Bestia Equilátera. 144 páginas
Jean Garrigue escribió a mediados de la década del sesenta esta hermosa fábula, hoy considerada con razón una obra maestra. Esta historia sobre una osa que administra una posada para animales, y la alegre vida que la rodea, demuestra un profundo conocimiento sobre el reino animal y sobre la naturaleza humana que apenas se esconde tras los personajes. Pero sobre todo pone de manifiesto un gran dominio de la narración, que es lo que aporta su particular atractivo a este relato, que ahora nos llega gracias a la feliz reedición de La Bestia Equilátera.
En la posada, apartada en lo profundo del bosque, la osa hospeda a una fauna muy variada: una oveja y un ciervo, un topo, un gato, pájaros diversos y una ardilla listada. Todos tienen en común que son seres aturullados, obedientes, en busca de ternura. La osa prepara deliciosas comidas de bayas, grandes festines de peces o bollos de miel, se ocupa de que todos colaboren con el orden y la limpieza, y por las noches ama reunir a sus huéspedes en círculo para disfrutar veladas musicales, para conversar o contarse historias.
No todos lo hacen bien. El topo, por ejemplo, es desordenado en sus exposiciones y suscita tantas preguntas como fastidio. Ninguno es como la osa, que durante el día puede andar con el delantal lleno de nueces o regañando a las abejas, pero cuando evoca su propia historia habla con palabras que son "como la música que pone a los oyentes a viajar, que revitalizan o discurren por la cascada de una afable cadencia".
Cómo contar una buena historia, por dónde empezar, o cómo desarrollarla en todos sus detalles es, de hecho, una preocupación que actúa como telón de fondo de la fábula. Y la fábula es, al mismo tiempo, su resolución. Porque reúne todos los elementos que Garrigue enumera como necesarios: la gracia, la perspicacia y la generosidad de corazón del narrador, la capacidad de adentrarse en la complejidad de las emociones y captar la ilusión que mueve a los personajes.
Garrigue (1912-1972), que fue una consagrada poeta, novelista y crítica literaria estadounidense, reconocida por su perfección técnica y refinamiento, tiene un talento especial para crear climas y escenas vívidas, para generar suspenso y, sobre todo, para sorprender con la sutileza de sus apreciaciones. Discurre sobre nada con un encanto que fascina o demora la acción para detenerse en los gestos de cada personaje, ofreciendo una visión como la de un gran angular.
Con una prosa cristalina, preciosos destellos de lirismo y expresivas comparaciones, o bien con su torrente de ingenio que le es reconocido con justicia, la autora invita a saborear las pequeñas cosas de la vida. Su sensibilidad es tan notable como para degustar un paseo a la luz de la luna, una reunión en torno al fuego del hogar o una caminata para, simplemente, oír el rocío caer.
El hotel de los animales es una mirada escéptica y distante de las luces de la ciudad. Su visión del éxito y el progreso profesional, presentado aquí a veces como un yugo, o un cautiverio sudoroso, bien pueden tomarse como una sutil crítica a la vida moderna. En contraste, los picnics de frutillas que organiza la osa, las excursiones que ella emprende, bastón inglés en mano, para pescar o recoger bayas o manzanas, peras o nueces, resultan un elogio de la vida sin prisas en medio de la naturaleza.
A través de esta fábula Garrigue despliega, así, su magia, deslumbra al lector y lo hechiza con su escritura, hasta hacerlo sentir uno más entre los personajes que escuchan atentos, se emocionan o sufren en torno al fuego del hogar.
