La Prensa

"El impuesto a la riqueza es un desincentivo muy fuerte"

La presión fiscal elevada es un lastre para la recuperación del sector productivo, asegura Ariel Barraud, economista del Iaraf. Es factible bajar a 3,5% el déficit. No hay fondos destinados al Covid en 2021. ¿Cuál es el rol que tienen las empresas privadas en el plan económico del Gobierno?

El presupuesto nacional suele ser para casi todos los mortales, por sus rasgos técnicos, algo parecido a un laberinto imposible de ser atravesado. Además, las proyecciones realizadas por todos los gobiernos sobre el año que vendrá tienen habitualmente una buena dosis de maquillaje o, como también le dicen, contabilidad creativa.

Por lo pronto el gasto público es clave en esta Argentina quebrada. Justamente de cómo financiarlo, el gran dilema nacional, se ha hablado mucho y en extenso esta semana luego de que la Cámara de Diputados le diera media sanción a la ley para implementar un impuesto a la riqueza. El gravamen, que afectaría a unas 10.000 personas -no recae sobre las empresas- serviría para que el Ministerio de Hacienda recaude $ 300.000 millones por una única vez, los cuales serían mayormente destinados a la compra de equipamiento médico, subsidios a pymes, becas, planes sociales y energía, entre otras yerbas.

La pregunta clave ya no reside tanto en si ese dinero será de utilidad para la sociedad argentina, sino y sobre todo qué tipo de señales se brindan cuando un Gobierno decide tomar atajos semejantes. Tiene la palabra el economista Ariel Barraud, doctor en Economía e integrante del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf).

-¿Qué señales da el país cuando grava la riqueza?

-Por lo que puedo analizar y por comentarios del sector productivo, independientemente de si les toca o no el pago del impuesto, la carga tributaria es ya muy alta, altísima. Sobre todo en el sector formal. La cuestión es vista como algo negativo desde el punto de vista de las empresas, de los que invierten. Ya hay una fuerte carga tributaria, patrimonios fuertemente gravados. Este formato que toma el impuesto a la riqueza incluso llega, si se aprueba tal cual, a absorber la rentabilidad de algún activo sino que muy probablemente comería el capital. Es un desincentivo muy fuerte para todo el sector privado y empresarial, que son los motores sobre lo que debería asentarse el crecimiento y desarrollo del país.

-El Presupuesto 2021 proyecta un déficit fiscal de 4,5% del PBI. ¿Es viable?

-Como primera medida es importante ver el punto de partida, que es el cierre del 2020. Se esperaba un 8,3%, un número que lucía elevado, y ahora se está hablando de que tal vez sea algo menor, quizás 7 puntos. Esto como producto de ingresos que terminarán cerrando por encima de lo previsto y por otro lado los gastos no van a ser tan altos como los que se esperaban para el cierre. Mucho de esto lo explica la obra pública. Se esperaba 1,7% de gasto de capital en relación al PBI y por lo que venimos viendo, por lo que se está ejecutando y cómo funciona esta variable en general, teniendo en cuenta que es un año atípico, cerraría en 1,1%. Es el mismo nivel que en 2019. Ahí hay menos gasto. Y 0,6 puntos del PBI más de ingresos porque la caída de la recaudación será menor. Aun cuando el Impuesto País no va a cerrar a nivel esperado por las medidas sobre el dólar que se tomaron en septiembre. La conjunción nos da alrededor del 7% de déficit primario para 2020. Con esta base se proyectaba el presupuesto 2021 que tenía básicamente 4 puntos menos de déficit. Casi todos estos cuatro puntos venían porque había 4 puntos menos de gasto por causa del Covid. Son 3,8 puntos del PIB, explicado por el pago del IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) y los ATP (Asistencia al Trabajo y la Producción).

-Teniendo en cuenta que en Europa se ha producido una segunda ola de Covid, ¿no es irresponsable planificar un 2021 que no contemple gastos de pandemia?

-El presupuesto daba por terminado el Covid, no había nada presupuestado ante una evidente continuidad de problemas de la pandemia. No hay renovación del IFE completa, sino acotada, y se busca su desaparición. No se planteaba un reemplazo como lo plantea Desarrollo Social. Hay 4 millones de desempleados y no es que el 1 de enero no los vamos a tener más. El freno en el gasto podría decir que si aparecen nuevos gastos, quizás sean reemplazados por otros. Con esa reducción del gasto, partiendo de 7 puntos, por así decirlo uno llegaría con relativa comodidad al 4,3. Probablemente en algún punto cambie la meta en 2021.

EL FONDO

-¿Lo aceptará el FMI? Se plantea que podría consensuarse con el organismo una meta del 3,5%.

-En medio de la negociación si se plantea un 3,5 sería una exigencia que se puede cumplir. En función del presupuesto no sería necesario un mayor ajuste del gasto de lo que ya se está viendo. Sería una situación de poco conflicto. Ojo que el presupuesto 2021 no había planteado movilidad jubilatoria, que es el principal gasto del Estado. El gasto de seguridad social pasaba a 9% al 2021, es decir un ajuste de 0,6. Cualquiera sea la movilidad, esto iba a cambiar, alguna movilidad iba a tener que existir. Vamos a tener un ajuste con respecto a si fuera la formula por inflación. La cuestión económica está clara, pero la cuestión política es presentar situaciones que son de ajuste, y hacerlas pasar como que no lo son tanto.

-Siendo Argentina un país poco dado a la responsabilidad fiscal, ¿un acuerdo con el FMI puede servir de tutor, de hoja de ruta?

-El acuerdo con el Fondo, salvando las enormes distancias con el acuerdo del gobierno anterior, sirve básicamente como un nuevo puente. Se pospone la necesidad del ajuste fuerte. Pero siempre tiene por detrás que se debe ordenar la situación fiscal. Esto en Argentina siempre es visto como un ajuste. Cualquiera que diga que esto no es sostenible, se lo toma como un enemigo. El FMI presta plata para postergar vencimientos, posterga un poco el problema fiscal, y en el entremedio pide que hagas alguna reforma para que dentro de cuatro años se ajusten las cuentas. Somos deudores netos, no podemos tener desequilibrios todo el tiempo. Claro que hacerlo rápidamente es inviable en nuestro país.

-¿Podrá arrancar la economía con este nivel impositivo? De acuerdo a los informes del IARAF, el presupuesto plantea una mayor presión fiscal en 2021.

-Básicamente la presión fiscal podría llegar a mantenerse el año que viene. Probablemente algunos impuestos se recuperan más que la actividad por la probable aparición de nuevos impuestos, como el de la riqueza. Veníamos desde 2017 con un intento de reforma tributaria y baja tributaria. Por el lado de las provincias se había logrado una baja de Ingresos Brutos, y por el lado nacional el impuesto al cheque. Los aportes patronales también habían caído. Todo eso se suspendió y se puede convertir en una reversión. Se habla de incrementar Ingresos Brutos sobre el sector financiero en las provincias. Pero para recaudar más la base imponible tiene que crecer. La base es la actividad o la riqueza del sector privado, y esto depende de muchas cosas, señales que se puedan dar, confianza. La realidad marca que las señales no parecen muy auspiciosas en cuanto a que el impuso del crecimiento venga por el lado del sector privado. El gobierno cree que el sector público será el impulsor del crecimiento.

-¿Es imposible o ingenuo pensar en que en una situación de quebranto se afloje la presión fiscal?

-En algún tipo de acuerdo podría presentarse eso. No pareciera ser la dirección que venían llevando las políticas del nuevo gobierno. Sí eran las que tenía el gobierno de Macri. Asumió en un Estado con dificultades fiscales y tomó decisiones apostando a que la recuperación económica compense esa menor presión fiscal. Eso sólo no se podía hacer porque genera más déficit. Por eso fue necesario el endeudamiento. Ahora estamos en una situación donde las dificultades fiscales están presentes y habrá que ver la voluntad y cuál es el plan que se tiene en mente. Si el plan es seguir incrementando la presión fiscal, aspirando a que el sector privado vaya a seguir produciendo lo mismo por alguna razón que vea algo que lo impulse a hacer eso, o tener un acuerdo con sectores productivos y acordar un plan. Es ingenuo hoy pensarlo. Habría chances de financiar un plan fiscal que pueda volver a llevar el rumbo del crecimiento sostenido. De la reforma tributaria se habló pero no vimos nada más que estos intentos espasmódicos de levantar impuestos que supuestamente eran provisorios. El tema es que parte de los gastos que se financian no son provisorios. ¿Qué pasará con esos gastos cuando no estén esos ingresos? No queda muy claro. No pareciera ser parte de un plan o de una reforma con un objetivo específico. Se enfoca como una cuestión de emergencia.

PROVINCIAS

-¿El gasto nacional entre las provincias está mal repartido?

-El gasto general tiene un reparto que tiene que ver con la población y algunas transferencias relacionadas con el gasto en seguridad social. Tiene sentido que esté concentrado en la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano. Ahora, en el rubro Obra Pública y Transferencias de capital uno tendería a esperar encontrarse con algo más parejo.

-¿Por qué en esos ítems un distrito rico como la Ciudad de Buenos Aires siempre está entre los tres más beneficiados?

-Hay una cuestión que tiene que ver con la contabilidad pública. Los gastos se imputan en esa jurisdicción porque está la oficina que los ejecuta. En obra pública como es la infraestructura vial CABA y provincia de Buenos Aires son una de las principales beneficiadas. En pesos por habitante, parece menos por la concentración. Hay una cuestión y es que al momento de distribuir geográficamente el presupuesto hay una clasificación que se lleva recursos, la interprovincial. Por ejemplo, una ruta que pasa por dos provincias. Cuando uno entra al detalle de obras por provincias, se encuentra que las que tienen que ver con obras de infraestructura de ferrocarriles, interjurisdiccionales, extensión de ramales y demás está más concentrado en Buenos Aires. Se da esta situación poco Federal que tiene que ver con una cuestión estructural.

-¿Hay disciplina fiscal en los gobiernos provinciales?

-Las provincias venían con una situación en la que habían recuperado muchos ingresos con el gobierno anterior y la terminaron de recuperar este año. Eso era compensado por la baja de Ingresos Brutos y bajar impuesto a los Sellos. Esas bajas ocurrieron en varios sectores, pero en otros las alícuotas subieron. Acomodando el gasto venían bien, no desfasándose. No se les fue de las manos el gasto del personal. La situación era equilibrada. Este año recibieron importantes transferencias por fuera de la coparticipación, transferencias automáticas. El tema de las provincias es que pueden estar en mayores dificultades las que están endeudadas con vencimientos fuertes en dólares. Córdoba estaba negociando ahora. Fiscalmente la situación debiera ser menos comprometida porque han tenido recuperación de ingresos. A su vez, si bien han bajado impuestos, eso se suspendió. En 2021 no bajarán y, al contrario, pueden subir. Si uno piensa el país como un espacio fiscal integrado, donde todos cobran sus impuestos, el asunto es que se recae siempre sobre el mismo contribuyente. El sector privado termina haciéndose cargo de esa presión fiscal.