La Prensa
El rincón de los sensatos

Una fábula acorde con nuestro desastre

Por Hugo Esteva

Circula un video tomado en Africa donde un leopardo arrastra dificultosamente a un impala que acaba de atrapar, seguramente luego de una difícil competencia de velocidad. Cuando se acerca al árbol donde va a culminar su tarea alimenticia, es avistado por un perro carroñero que lo azuza, pero que dispara al primer amague del felino. Vuelve no obstante en medio de una jauría de congéneres que logran la retirada -nunca una retirada es demasiado elegante- del leopardo, que se instala a mirarlos desde la copa. Los perros salvajes se ensañan con el cérvido todavía vivo por medio de mordiscos mucho menos eficientes y seguramente más torturadores que los del primitivo dueño. Así se entusiasman un rato con el producto de su rapiña; pero apenas lo justo para que un par de parlanchinas hienas asociadas empiece a pujar por ocupar el lugar de la jauría. Los carroñeros se resisten, aunque pronto las hienas consiguen una tercera aliada y poco después no queda perro a la vista.

Este documental originado en tierras distantes, que tan inocente como eficazmente describe una suerte de síntesis de la realidad argentina actual, deja otras imágenes para observar. 

 

Por un lado, las dos hienas socias se comen todo sin siquiera convidar a la que les sacó las papas del fuego, que es echada apenas cumplida su misión. Por otro, asombra que el poderoso y tal vez caritativo leopardo no hubiera terminado de entrada con el primer carroñero, al que podría haber sumado a su almuerzo y hasta quizás negociado con los propios perros salvajes o, mismo, con las hienas. Aunque probablemente, meditando en la altura, el elegante fortachón haya decidido cambiar de ambiente para instalar mejor su negocio donde se pudiera justipreciar su mérito cazador.

Difícil encontrar fábula tan acorde con el modo en que se vienen tratando los asuntos de esta patria nuestra: desde el inepto manejo de la epidemia hasta el de la economía, haciendo blanco sobre el desarrollo de la guerra social. Asunto serio es que todavía no se organiza, aunque se manifieste cada vez con más vigor, un futuro protagonista que nos permita salir de la trágica encerrona.

Tal organización protagonista tendrá no sólo que vencer por las buenas a la demagogia bien paga a la que ya nadie cree, sino también impedir para siempre su regreso. Y eso no se logra solamente con enderezar la producción y las finanzas. Hace falta un conjunto de hombres limpios que nos permita recobrar la confianza en lograr torcer el derrotero cultural que empuja a la caída. Capaz de dotarnos de los instrumentos necesarios para recrear una república genuina que nos deje elegir, fuera de la tiranía de los monopólicos vicios políticos actuales, a dirigentes capaces de librarnos de la asociación hipocresía/perversidad psicopática que nos tironea.

Sin carroñeros, pero también sin hienas.­