La Prensa
EL ANALISIS DEL DIA

Señales de giro y el tiempo que apremia

La entrevista que el presidente Alberto Fernández concedió al portal El Cohete a la Luna, que conduce Horacio Verbitsky, puede ser leída como una señal contradictoria con otras que el Gobierno emitió en la última semana o, por el contrario, como una confirmación paradójica de estas.

La cordialidad de Verbitsky con el Presidente, en una entrevista concretada inmediatamente después de que el gobierno reafirmara en la ONU su respaldo al dictamen Bachelet sobre derechos humanos en Venezuela, probablemente contrarió a varios de sus lectores habituales que, en defensa del régimen de Nicolás Maduro, prefieren gestos y reprimendas más críticos.

La actitud de Verbitsky, un referente ideológico indiscutible de la izquierda kirchnerista, se diferenció del estilo escénico de Alicia Castro, Roberto Navarro o, digamos, de Oscar Giardinelli, quizás comprendiendo que el gobierno tiene hoy otras prioridades que obligan a admitirle algunas concesiones.

En ese sentido, es aún más significativo que tanto la señora de Kirchner como los líderes de La Cámpora hayan optado por el silencio sobre este tema, que tradicionalmente es emblemático para ellos. A buen entendedor, pocas palabras: se viene la negociación con el FMI (su misión de avanzada estaba justamente en Buenos Aires) y el indispensable arreglo con el Fondo requiere de la buena voluntad de Estados Unidos.

Y Washington -mucho más en la atmósfera preelectoral- pide actitudes de firmeza frente a Maduro. Así, el giro de Fernández luce como inevitable, incluso para una parte decisiva del sector más ideologizado.

El canciller Felipe Solá lo explicó en álgebra: "Cada medida de política exterior responde al objetivo central del Frente de Todos, que es gobernar y sacar adelante este país. Al lado de esa meta cualquier otra cosa, como convertir un debate normal en una disputa encarnizada, deviene en un hecho menor. Los problemas del pueblo son enormes y cada uno elegirá si quiere participar de la solución o alimentar su ego".

Hubo más hitos del cambio en marcha. El Presidente asistió este año (virtualmente, como obliga la pandemia) al encuentro anual de IDEA, una cita que el kirchnerismo de paladar negro siempre eludió por considerar a esa organización un vivero de neoliberalismo. Fernández marcó así una diferencia y su discurso buscó sintonizar con el espíritu empresarial, tratando de asentar las sospechas, juicios o prejuicios con que ese público observa al gobierno.

En la misma línea, Fernández viajó a Vaca Muerta para anunciar desde allí el Plan Gas, una iniciativa que intenta alentar la inversión y sustituir con producción propia la importación de gas, de modo de generar "un ahorro por unos 5.629 millones de dólares y un ahorro fiscal de 1.172 millones de dólares hasta 2023".

Dólares: esa música de fondo acompaña la preocupación y los empeños actuales del gobierno. Ayer se produjo una reunión clave en ese recorrido. Fue en el Palacio de Hacienda y estuvo su titular, Martín Guzmán, aunque la encabezó el Jefe de Gabinete, Santiago Cafiero. Del otro lado de la mesa estaba la conducción del Consejo Agroindustrial Argentino. En momentos en que hay sectores que quieren evocar el clima de 2008 y hablan de "una nueva 125", el gobierno se encuentra con la amplia cadena productiva que se basa en la productividad agraria, reunida en un cuerpo del que participan todas las entidades de la Mesa de Enlace agropecuaria salvo la Sociedad Rural.

A la reunión asistieron, por ejemplo, el presidente de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires; el coordinador de la Mesa Nacional de las Carnes; el presidente de CIARA, la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina y el titular de Confederaciones Rurales Argentinas.

El Consejo ha presentado un plan destinado a formular una Estrategia Nacional Agroalimentaria, basada en incrementar la productividad de las distintas cadenas agroindustriales y fomentar el agregado de valor, la generación de empleo y el crecimiento de las exportaciones. Esto aspira a generar un impacto social que se traduce en 210.000 empleos en sectores del agro y 700.000 en el total de la economía.

DOLARES Y TRABAJO

Razonablemente, el Gobierno se ha abrazado a este proyecto y habría que esperar que de este vínculo surjan novedades que lo profundicen y que por esa vía aparezca la reacción política y la reactivación económica que la sociedad está esperando.

A decir verdad, el tiempo apremia. La brecha entre la cotización oficial del dólar y la del llamado dólar solidario supera ya con creces el 100 por ciento, y esa distancia presiona en el sentido de una devaluación que aceleraría la inflación y agravaría la ya dramática situación social que reflejan las últimas estadísticas sobre pobreza e indigencia.

El cierre de esa brecha no se conseguirá a corto plazo por obra de aquellas líneas económicas, que necesitan tiempos de maduración, sino por la recuperación de confianza política, algo que está asociado a la capacidad del gobierno de recuperar autoridad y expectativas, de fortalecer el poder legítimo. El giro que se espera tiene que ver con ese fortalecimiento.