La Prensa
DIVERSOS REDUCCIONISMOS INSISTEN EN MENOSPRECIAR EL VALOR FORMATIVO DE LA ESCUELA

Arte, cultura y educación (I)

POR ANA LUCIA FREGA *

Cuando de educación general se trata, un primer "reduccionismo" o visión parcial del tema de las enseñanzas artísticas a los fines de desarrollar las posibilidades expresivas de los alumnos todos, es pensar que "solamente los talentosos" deberían ser atendidos por el sistema educativo.

Esta confusión emerge de la idea decimonónica y romántica del talento como don infuso, que no puede formarse o desarrollarse, talento como inspiración sola y única.

Por cierto, el especialmente dotado existe, en mezcla feliz de herencia ("nature" en la bibliografía anglosajona) y cultivo o desarrollo o educación ("nurture" en la misma fuente). Es decir, factores recibidos en el programa genético, más el cultivo sistemático, la enseñanza, la adquisición de técnicas, criterios y conocimientos, proceso que es atendido en las instituciones de formación artístico-profesional que, para los distintos lenguajes del arte, existen en nuestro país.

Los graduados notables constituyen esa pléyade de artistas que hemos formado y formamos, que viajan por el mundo, que triunfan en mayor medida según esa mezcla imponderable de talento y suerte que define el éxito.

Si se acepta esta premisa, se hace claro inmediatamente que no todos tenemos esa medida notable o excepcional de capacidad. Sin embargo, todos tenemos "alguna" posibilidad de acercarnos a las manifestaciones tan diversas del mundo del Arte en sentido amplio. Ahora bien, para hacerlo -ya sea como apreciadores o como emisores- es a lo largo de la formación general cuando deberemos adquirir los conocimientos, habilidades, destrezas, hábitos, necesarios para dicha frecuentación.

Solamente la escuela es el ambiente apto y adecuado para esta formación, es decir, para desarrollar la capacidad apreciativa de nuestros educandos, los públicos de hoy y del futuro, que serán los consumidores de las obras artísticas creadas por aquellos talentosos.

La escuela no está cumpliendo acabadamente con esta función. Muchas veces, los docentes y los directivos se aferran a lo popular, a lo demasiado cotidiano, a lo que los chicos "ya saben y les gusta", escapando a la misión de desvelar mundos que les son todavía desconocidos pero posibles.

Sinceramente, creo que esto es desconocer la curiosidad de nuestros chicos, olvidar los deseos de los padres y no cumplir con la misión -repito- de transmitir valores que, de otra manera, no estarían al alcance de todos.

OTRO REDUCCIONISMO

El segundo de estos reduccionismos se refiere a un tema doloroso. Hay quienes sostienen que más importante que compartir un momento y una actividad de canto o narración o admirar una pintura, es dar de comer al que tiene hambre, argumento que se ha potenciado con la pobreza que asuela a nuestro país en estos momentos.

Sin dejar de lado que, sin consumo de lo artístico, sin docentes de arte habría aún más desocupación, ¿no se ve fácilmente la falacia, el achicamiento del tema en su análisis?

Veamos: el pobre, normalmente, no lo es porque quiere. Hay factores de familia, de inserción social, coyunturales, regionales que definen su manera de vivir. Razones todas que han ido sumergiendo al núcleo familiar en una situación aparentemente sin retorno.

Una manera fácil de intentar una explicación es admitir que siempre ha habido pobres. Por cierto, y con pena, esta comprobación es evidente. Pero nuestra civilización, la misma que concibió la educación obligatoria, con sus adquisiciones básicas, confía en estos procesos de desarrollo para ayudar a los pobres a superar su situación, a tener la energía para "salir adelante".

No caben dudas de que es necesario que la gente coma: lo demuestra la solidaridad de tanto argentino y argentina que se están ocupando y preocupando por este tema. Que incluye enseñar a cultivar algunas cosas, a limpiar, a cuidar, a preocuparse por una mejor nutrición y tanto más.

¿Qué función tiene, en este contexto, la formación artística? ¿Para qué compartir una canción, recitar un poema, bailar una chacarera, admirar un Molina Campos? ¿Para qué enseñar a hacer esto y mucho más?

Intento a continuación algunas respuestas a estos interrogantes tan válidos y que constituyen ese nexo entre Arte, Cultura y Educación que he elegido como tema.

CREATIVIDAD Y AUTOESTIMA

Una de las bases para que los seres humanos, en general, seamos capaces de superar la adversidad es "sentir que podemos". Para ello, comprobar, por ejemplo, que podemos mejorar nuestra emisión vocal; que, al dibujar, con atención, empeño y pocos colores, logramos expresar nuestros sentimientos, o hacer el retrato de un familiar; comprobar que son muchos y diversos los pasos de nuestras danzas folklóricas, que podemos aprenderlos, que podemos integrar un hermoso conjunto, que podemos regalar un buen momento a los familiares queridos....todo eso enfatiza, refuerza la confianza en nosotros mismos, en nuestras posibilidades, en nuestra capacidad.

Deberíamos atender a que nuestra gente, especialmente la más carenciada, no "baje los brazos", no sienta "no puedo" aunque diga "no sé". Porque si se da cuenta de ello, si le mostramos y enseñamos cómo, si aprobamos y estimulamos los logros pequeños pero en progresión creciente, estaremos estimulando el espíritu, ayudándole a desarrollar esa energía necesaria para superarse.

Por cierto, la sociedad, las instituciones no deben conformarse con aplaudir y dar ocasión a la expresión de niños y jóvenes. (Cada estamento de la sociedad debe cumplir su misión, desde el gobierno hasta los administradores más diversos).

No debe hacer "solo" esto, pero si "debe hacer esto". Porque, insisto, es la escuela el único lugar para lograrlo, mientras se consigue que los medios masivos de difusión vayan tomando consciencia de su responsabilidad como agentes educativos y mejoren el casi siempre deplorable panorama cultural que muestran a nuestros chicos.

Dice Rafael Squirru, crítico argentino de arte, en su ensayo El público subestimado:

"Es frecuente escuchar como excusa de los más chabacanos espectáculos, las más insulsas obras literarias o aun las artes plásticas más banales o pretenciosas, que ello es así porque se trata de las manifestaciones "artísticas" que mejor se avienen con el gusto del público. Como pertenezco por actividad y vocación al mundo de la cultura, entendida en su acepción creativa y espiritual, me resulta familiar la cantilena: "Pero eso a la gente le aburre, la inmensa mayoría lo que busca es divertirse, pasarlo bien, no tener que pensar". Aun admitiendo que las manifestaciones de la cultura exigen un cierto grado de iniciación, cuesta imaginar cómo habrá de producirse esa iniciación sin que nadie se ocupe de la tarea iniciática. Es cierto que, para disfrutar la literatura, primero hay que aprender a leer, pero es que a esta altura de la civilización, ¡¿hay quien se atreva a sostener los beneficios del analfabetismo?! Y lo que exigen las otras manifestaciones del espíritu, estéticas y musicales, no es otra cosa que, en cierto sentido, "aprender a leerlas"".

Magnífica la reflexión del crítico, hombre sensato, ser abierto, valiente. Nosotros, los docentes de los distintos lenguajes del Arte no solemos dudar de nuestra responsabilidad.

Somos agentes de un proceso para evitar los reduccionismos que, como expresa Squirru en otra parte de su obra, generalmente nacen de la pobreza personal, de la falta de estudio, de comprensión, de sensibilidad ante las expresiones varias del Arte de las diversas culturas del mundo, de la nuestra para comenzar.

El niño y el joven que "crean", que intentan, que eligen, que seleccionan, que conciben, que perfeccionan su hacer, crecen en confianza en sí mismos y en autoestima, mientras "aprenden a leer" las manifestaciones del Arte.

* Profesora especializada en la educación musical, Doctora en Música y miembro de número de la Académica Nacional de Educación de Argentina.