La Prensa

Nuevos desafíos de la música clásica

Con muy estrictas normas sanitarias se van produciendo en el mundo algunas aperturas a conciertos de escasos solistas, camarísticos, o festivales al aire libre. ¿Qué le espera a la Argentina?

Frente a este descomunal fenómeno de la pandemia mundial por el covid-19 cabe alertar a los lectores sobre formas, metodologías más tempranas de los países europeos, sobre todo, de resolver la normalización luego de sus respectivas cuarentenas, para ir palpando el panorama.

Se advirtió que luego del aislamiento inicial, donde los teatros líricos de todo el mundo cerraron sus puertas y se fueron dedicando la mayoría a las trasmisiones en streaming de espectáculos de sus propios archivos (el Colón, como se sabe, entró en esa tónica y lo sigue haciendo), comenzaron a surgir los muy rigurosos protocolos para las fases de la poscuarentena, en países del hemisferio norte, europeos fundamentalmente. Con muy estrictas normas sanitarias se fueron logrando de a poco algunas aperturas a conciertos de escasos solistas, camerísticos, recitales, etc.

Y también, llegado el pleno verano europeo, países muy dañados por la difusión del virus volvieron a algunos tradicionales festivales al aire libre, como el itálico de la Arena de Verona o el francés de Aix-en-Provence, quedando suprimidos muchos, como el wagneriano de Bayreuth, los de Edimburgo y Praga, etc. En cambio, Salzburgo siguió firme, para celebrar en versión muy reducida en general,  con muchas menos funciones y público, el centenario de su fundación en la ciudad natal de Mozart.

Pero la gran impronta la proporcionó el desafío del Teatro Real de Madrid, con un aforo de la mitad de su capacidad y rigurosos, estudiados protocolos sanitarios, tanto para solistas como intérpretes (músicos, coreutas), llegando a un número sorprendente de funciones de 'La traviata' verdiana, en versión semi-escenificada, con cuatro elencos principales y sus cuerpos artísticos, con resultados que merecieron elogios por la protección establecida al máximo y el objetivo alcanzado.

MAS CASOS

El desafío de la normalización produjo nuevas reaperturas, como la de la célebre Scala de Milán, después de ciento treinta días de cierre, para empezar con prudencia y prometer para este otoño boreal tres títulos operísticos ('La traviata', `Aída' y 'La bohéme') en formato concierto y algunos recitales liricos. Asimismo, la emblemática Opera Garnier de París celebró el día de los franceses con dos galas líricas dirigidas por su titular, Michel Jordan, y el Covent Garden londinense fue cauteloso con una sesión de cámara dirigida por Antonio Pappano, siendo también moderada la acción de la Staatsoper de de Viena, con muchos streamings pero con una serie de recitales (con la limitadísima capacidad de cien espectadores), entre ellos el de nuestro tan conocido Juan Diego Flórez.

Los teatros alemanes hicieron lo propio con propuestas virtuales como el concierto que dirigió Christian Thielemann desde la afamada villa Wahnfried, con un aforo de cuatrocientas personas y dedicado a obras de Richard Wagner, en el jardín de la casa que habitara cerca de su teatro en Bayreuth. También es recurrente la noticia de la Filarmónica de Berlín, que a fines de agosto volverá a tocar dirigida por Kirill Petrenko, su titular actual, con espectadores reducidos al treinta por ciento.

SILENCIADOS

En sectores orientales de la vieja Europa tanto el afamado Bolshoi de Moscú como el Mariinsky de San Petersburgo debieron cerrar apresuradamente ante los contagios por parte de sus cuerpos de baile. Rebrotes peligrosos que han vuelto a silenciar a esos dos míticos teatros rusos.

Por cierto que el todavía vigente y doloroso efecto de la pandemia en los Estados Unidos mantiene en silencio y cerradas sus instituciones, como es el caso del Met neoyorquino, de los demás teatros, de las orquestas, como la de Los Angeles, y de diferentes ciudades, mientras que no cesan de mantener por streaming ciclos efectuados en vivo. El más reciente, al costo de veinte dólares, fue un concierto lírico de sus grandes stars, como la Netrebko, Kaufmann, Fleming y DiDonato, entre otros, que cantaron desde lugares europeos y estadounidenses. Pero todo sigue suspendido hasta fin de año en ese supercoloso de la ópera.

Por nuestros lares, surgieron noticias alentadoras que provienen de países vecinos. La normativa de nuestros hermanos uruguayos se adelantó en Sudamérica con firmeza desde principios del mes con un nuevo protocolo sanitario para espectáculos, cumpliendo las reglas del distanciamiento social, la separación entre filas y butacas, testeos de actores, aforos reducidos, espectadores separados por dos butacas vacías y adaptación de las puestas en escena como requisito inevitable.

Por eso, enseguida, la Sala Adela Reta, la mayor del Sodre, con el coro estable dirigido por Esteban Louise, dio el primer concierto en Latinoamérica, ("¡Uruguay es pionero!'', expresó con orgullo y entusiasmo el maestro) conforme el protocolo definido previamente, con solistas vocales debidamente separados, con atriles con pantallas acrílicas, en interpretaciones de cantatas de Bach, hits de Los Beatles y un homenaje al tango.

En tanto, del lado de nuestro vecino cordillerano, Chile, fue lanzada en Santiago la temporada 2021 con siete títulos líricos, cinco de ballet, y la temporada de conciertos, con un aforo reducido al 30% de la capacidad de la sala, usando tapabocas, tomas de temperatura y el formato de las óperas en concierto o "parcialmente dramático'' (sic) de cada montaje.

EN NUESTRO MEDIO

Tema neurálgico, sin duda. Hasta el momento tenemos la referencia del protocolo oficializado entre el Gobierno y el sector de la música representado por númerosas cámaras sectoriales, que permitirá a músicos de todo el país realizar tareas -sin público- en las fases 3 y 4. Vale decir, en streaming, grabaciones, ensayos, clases, con las medidas de protección recomendadas por la Organización Mundial de la Salud.

Por cierto que la nueva normalidad propondrá otros hábitos. Pero los problemas colaterales por la pandemia preocupan: la reticencia probable, la desconfianza, las toses en salas que despierten sospechas, los cambios de costumbres. Entran en juego la toma de prevenciones y lo psicológico. Se acelera un cambio de paradigma que el tiempo irá despejando.

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