La pandemia liberticida o la emergencia como normalidad

Cuenta la leyenda que en 1347 los mongoles asediaban Caffa, en la península de Crimea. Allí, una extraña peste que hacía crecer bubones en las axilas y mataba como un rayo a los contagiados, prendió entre los asediadores exterminándolos a toda velocidad. Los tártaros no quisieron abandonar el asedio así, sin más, y colocaron cadáveres infectados en catapultas lanzándolos al interior de Caffa en lo que parece ser la primera guerra bacteriológica. 

Cuando los bubones empezaron a brotar en los habitantes de Caffa, los italianos se las tomaron raudamente llevando en sus barcos la famosa peste bubónica a los puertos de Europa, y de ahí en más la masacre. Entonces el terror se corporizó en la idea de apocalipsis palpable. Las crónicas de la época son macabramente floridas. Como si la realidad no fuese suficiente, relatan:

“Lluvias de ranas, serpientes, escorpiones y muchos otros animales venenosos...del cielo brotaban señales que evidenciaban con claridad el descontento de Dios: piedras de granizo enormes cayeron sobre la Tierra, matando a docenas de personas, mientras que hubo ciudades y pueblos que quedaron arrasados después de que les prendieran fuego unos rayos que producían 'un humo nauseabundo...".

En los albores de nuestra humilde existencia humana ya se utilizaba, para asustar y someter a los congéneres, horrendas imágenes y amenazadores números. Después de todo, somos, nosotros, simples humanos, los únicos con la certeza de lo perecedero de nuestra existencia y por ende los únicos que tenemos que lidiar con la incertidumbre existencial. Sabemos que nos vamos a morir y pasamos nuestra vida viendo cómo manejar el miedo, algunos lo convierten en resentimiento o peor, en fanatismo, y eso no mejora la cosa. 

Estamos ante un riesgo que también da pavura, se trata de la posibilidad, la lacerante probabilidad de que, por miedo, terminemos naturalizando la emergencia como “lo normal”. Esta nueva normalidad basada en la acumulación de sucesivos estados de emergencia. Todo es excepcional y alarmante y, en consecuencia, cualquier reclamo de derechos y cualquier voz discordante resulta (al menos) desubicada. Llevamos ya demasiado tiempo en emergencia. La emergencia “is the new normal” y para esta forma de ver el mundo, el covid-19 ha venido como anillo al dedo, seamos sinceros. 

Pastores de la sumisión

Los pastores de la sumisión y del “nada será igual” preparan un caldo adaptativo a la imposición de cambios económicos y sociales drásticos para nuestra forma de vida. Lo que la ingeniería social no les dió, se los regaló un virus que ha dejado al mundo acobardado, como decía el poeta. Debemos, nos sermonean, acostumbrarnos por nuestro propio bien a que ellos nos digan “cuál es nuestro propio bien”. Eso nos diferenciará a los buenos de los malos. Egoístas versus solidarios. El verso que trataron de vender desde 1917 ahora sale como pan caliente.

Todos, sanos y enfermos, debemos dejar en manos de los gobiernos y sin patalear, la protección de “la ciudadanía” y “la reconstrucción del tejido económico y social". O sea, un borrón y cuenta nueva para los responsables de los sistemas de salud ineficientes, los responsables del dispendio de nuestros impuestos, los responsables de las crisis económicas y los responsables de la pobreza y la decadencia a quienes deberemos conferirles nuestro cuidado y nuestra recuperación económica! 

Buen momento para usar la frase: Antes de morir, prefiero la muerte.

Sabemos que no sabemos nada, sabemos que no se mide ni se testea la propagación del virus. Sabemos que no sabemos cuánto tiempo estaremos encerrados. Sabemos que no sabemos la cantidad de contagiados así que sabemos que la curva es una ficción. Sabemos que somos de los que menos saben cuánta gente portadora hay. Sabemos que quienes pretenden controlar los precios de todos los productos son incapaces de controlar los sobreprecios ejecutados por sus propios funcionarios. Tratados como criminales, ciclistas, rotiseros o heladeros, mientras sabemos que nadie controla ni las filas de los jubilados ni los barrios hacinados, ni las zonas gobernadas por la mafia. Sabemos que aprovechando la confusión se impone su triste agenda liberticida.

Al igual que los tártaros en Caffa, la tentación totalitaria de los gobiernos podría convertir al coronavirus en una guerra bacteriológica contra la libertad sin haberlo siquiera planeado. Porque si de esta terrible crisis salen fortalecidos los pontificadores del Estado totalitario, si gracias al virus coronado permitiremos que se controlen nuestras vidas, nuestra circulación y nuestros bienes, entonces el “nada será igual” se habrá convertido en “todo será peor”.

Sin conspiraciones complejas, sin disparar un solo tiro, sin protestas y sin chistar, habremos rendido nuestro sistema de vida a la sencilla amenaza, al miedo a los números. No es una cuestión argentina, ojo, en el mundo, hoy se justifican estas cosas por el bien de la cuarentena:

  • En la India de 1.300 millones el gobierno ha impuesto la cuarentena el 25 de marzo. La policía castigó a las personas que se han saltado el confinamiento con palizas y flexiones en mitad de la calle.
  • En Rusia hay penas de cinco años de cárcel por violar la cuarentena, además, la policía puede acudir al domicilio en cualquier momento para comprobar que se está en casa o no.
  • En Serbia ya se han dado casos de condenas en firme por saltarse el estado de alarma y el aislamiento. Hay toque de queda entre las 5 horas de la tarde y las 5 de la mañana durante los días de semana y una prohibición total los domingos.
  • En Filipinas el Congreso a otorgado poderes especiales para combatir la pandemia y el presidente Duterte dijo: "Mis órdenes son para la policía y el ejército: si hay problemas o surge una situación en que la gente pelea y sus vidas están en peligro, disparen a matar". Las autoridades de la ciudad de Santa Cruz, al sur de Manila, encerraron toda una noche a cinco jóvenes en una jaula el 20 de marzo, por "haber violado el toque de queda".
  • En Hungría aquellos que incumplan las restricciones del gobierno afrontarán penas de hasta 8 años de cárcel. Y para quienes difundan noticias que el gobierno considere falsas el castigo serán 5 de prisión.
  • En Turkmenistán se prohíbe el uso de la palabra coronavirus. Los periodistas han denunciado la censura impuesta por las autoridades a cualquier información vinculada al Covid-19, y la policía tiene la orden de detener a todo aquel que escuche hablar sobre el tema en la calle.
  • En Nepal implementaron una mano mecánica para la policía, con el fin de mantener la distancia. Se trata de una especie de pinza que sirve para "capturar" a los civiles sin tener que tocarlos ni acercarse.

¿Se entiende que el coronavirus ha logrado, sólo en dos meses avanzar sobre la legislación, la moral y las costumbres del mundo mucho más que cualquier plan conspirativo que jamás hubiéramos imaginado? 

Funcionarios excitados

 

La nueva normalidad, que es esta excepción sin final ni oposición, tiene a los funcionarios excitados regulando barbaridades en un alarde de acumulacion de poder que no se veía desde hace 5 siglos. Engolosinados en sus conferencias virtuales, animándonos a mirar desde nuestros balcones como nos suspenden la vida. Se está gestando algo que usa a la nueva peste para modificar nuestra imperfecta democracia. Qué clase de nueva democracia será sin Congreso, con la justicia en pausa, sin poder salir a protestar, sin privacidad, con normas dictadas sólo desde el poder central que se modifican autocráticamente cada semana, con las voces discordantes patrulladas y donde las opiniones pueden ser objeto de delito?

Y mientras el estado de emergencia se transforma en la nueva normalidad hacen como que gestionan teniendo como objetivo que se nos haga carne la idea de que el gobierno es una bendición y el único legitimado para mandar y decidir hasta en lo más íntimo, además de ser la  única fuente de sabiduría que castiga lo que el mismo gobierno considere como “fake news”. Pensemos si alguna vez estuvo en nuestras pesadillas más oscuras que el Estado tuviera el monopolio de la divulgación y análisis de datos. 

¿No eran los totalitarismos más febriles, después de todo, los soldados bastardos del vil deseo de concentrar el poder? ¿No buscaban transferir su visión única y centralizada de iluminados al resto de los mortales? ¿Si los derechos pueden ser arrancados en cada emergencia, qué valor tienen? ¿La sociedad sin la responsabilidad de las personas, en qué se transforma? ¿La democracia sin la decisión individual, qué es? ¿Cuál es el papel que se supone debemos jugar nosotros?

“...mientras cometen desmanes los bárbaros por las Españas y el azote de la peste no ataca con menos intensidad, el tiránico recaudador de impuestos arrebata las riquezas y las provisiones almacenadas en las ciudades y el soldado las consume…”
Hidacio de Chaves, sobre las Invasiones Bárbaras (447 D.C.).