La Prensa

"La economía argentina podría cerrarse aún más"

China puede experimentar una recuperación en V y reorientar su producción al consumo interno. Habría allí oportunidades para la Argentina. Estados Unidos también sufirá la crisis. La caída del crudo pone en duda a Vaca Muerta, afirma el economista Juan José Llach.

La simbología del cisne negro como fenómeno económico inesperado ha vuelto a ocupar los principales titulares de los diarios y las revistas especializadas. La pandemia de coronavirus es a todas luces uno de esos hechos que nadie predice cuando traza las proyecciones macro del año que recién comienza. Pero aquí está, y golpeará duro.

No hay experto en todo el globo que pueda sopesar las consecuencias finales que tendrá la enfermedad sobre el sistema económico global. Sin embargo, algunos números ya dan cuenta de lo que está sucediendo. Según datos de las Naciones Unidas, las exportaciones chinas de piezas y componentes, vitales para la producción mundial, se redujeron un 2% en febrero, lo que le costó a otros países y sus industrias alrededor de u$s 50.000 millones.

Los principales organismos y think tanks económicos ya han revisado a la baja los pronósticos de crecimiento para el 2020. Y por si todo esto fuera poco, en los últimos días la guerra del petróleo entre Arabia Saudita y Rusia amenaza con desplomar el precio del barril hasta los 20 dólares, lo que podría tornar inviable el proyecto argentino en el yacimiento no convencional de Vaca Muerta. De todo esto y un poco más hablamos con Juan José Llach, exsecretario de Programación Económica y actual docente de la Universidad Austral.

-China parece haber controlado la expansión del virus y reactivado la producción. ¿La economía puede experimentar una recuperación en V y por lo tanto sostener la demanda de productos argentinos?

-Esto puede llegar a ser así, pero va a depender mucho del contexto global porque China está muy orientada hacia las exportaciones. Ahí tenemos también cómo juega todo el conflicto con Estados Unidos, que en este momento está atenuado, experimenta un impasse. Se han firmado algunos acuerdos que resultaron prometedores y generaron expectativas positivas, pero no serían la solución de fondo. De cualquier manera, puede ser cierta la reacción en V de la economía china porque si la epidemia cede, como parece estar cediendo por estos días en China, aunque no en otros países, el sector productivo del Gigante se va a reorientar hacia el consumo interno.

-Tienen allí mucho mercado por cubrir.

-Pensemos que el nivel del consumo interno en China es muy bajo, pese a que ha estado subiendo en la última década. El consumo interno representa aproximadamente el 40% del PBI, tal vez algo más, pero no llega al 50%. En cambio, en otros países esa cifra es del 70 u 80%. Todos los extremos son malos, pero creo que en este contexto de crisis global por el coronavirus la economía china se dirigirá hacia allá, a satisfacer el mercado interno y colocar ahí sus productos. Esto puede significar una oportunidad para la Argentina, superadas las cuestiones de salud, para incrementar la exportación de carne vacuna, que se vio afectada por la expansión de la enfermedad en China.

PRESION

-Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, ha estado presionando a la Reserva Federal para que baje las tasas. ¿Este contexto de parate económico le dio la excusa perfecta para salirse con la suya?

-El mundo está en una situación compleja. La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, a quien aquí conocemos bien porque negoción el préstamo del Fondo Monetario Internacional con el gobierno de Mauricio Macri, dijo que podría llegarse a una situación como la del 2008. Probablemente no sea así, pero claramente la situación es seria y eso incluye a los Estados Unidos. No me extrañaría que más temprano que tarde Estados Unidos baje las tasas nuevamente. Otros ya lo han hecho, tal el caso del Banco de Inglaterra. La incertidumbre es enorme. La economía estadounidense también va a sufrir con todo esto. La gente en ese país suele invertir mucho sus ahorros en acciones en el mercado bursátil, y las acciones de las empresas se han derrumbado. Si bien había una clara sobrevaluación de las acciones, esto puede afectar a muchos inversores y a la sociedad en general.

-¿Cuál sería el beneficio para la Argentina si siguen bajando las tasas?

-Beneficiaría a la Argentina siempre y cuando se encamine la economía global y se frena la fuerte caída de los mercados. El riesgo país argentino sigue subiendo, está casi en 3.000 puntos y eso es muchísimo. Si bien puede haber gente que esté pensando en comprar a precios muy bajos la deuda de la Argentina, a mí me parece que las dificultades de nuestro país para conseguir financiamiento se incrementarán. Es tremendo.

-¿El contexto actual puede hacer mella en la reestructuración de la deuda externa?

-Esto va a dificultar la renegociación de la deuda externa porque la gente cuando se asusta busca refugio en los activos que considera poco riesgosos, como los bonos del Tesoro norteamericano, que rinden a diez años un 0,7% anual, el oro u otras mercaderías. En este contexto de alta incertidumbre la gente no está dispuesta a poner su dinero en activos más riesgosos. Es decir que los capitales salen de los países emergentes y van a lo seguro. Para la Argentina todo este cambio de la situación global no es favorable. También porque da pie para que algunos aquí empiecen a pensar que el mundo está muy hostil ahora y que mejor desarrollemos el mercado interno, cuando nosotros lo que necesitamos es exportar. Esta situación puede generar un efecto político y que ante la crisis global la economía argentina se cierre aún más.

-Usted escribió hace poco que las políticas de estímulo generadas en la crisis del 2008 estaban perdiendo efecto. ¿Este escenario puede hacer reverdecer las medidas expansivas?

-El mundo está ahora mucho más complicado que en 2008 en cuanto a que en ese momento estaban claras las medidas a tomar. La combinación de baja de tasa y estímulos fiscales funcionó a través de la emisión monetaria por parte de la Reserva Federal. Fue la denominada Quantitative Easing, mediante la cual la Fed emitía y compraba bonos, y eso era un estímulo. Ben Bernanke y el equipo económico norteamericano reaccionaron muy bien en ese momento. El mundo pudo salir adelante, con Estados Unidos a la cabeza, ya que Europa se demoró algo más.

-¿Qué es lo diferente ahora?

-Ahora no es tan sencillo. La deuda global es muy alta y alcanza los 250 billones de dólares, tanto pública como privada. Es el equivalente a tres veces el PBI mundial. El mundo está muy endeudado y no tan dispuesto a seguir comprando deuda. Las políticas económicas van a encontrar más dificultades. Sería clave lograr una mayor coordinación entre los países, como ocurrió con la reunión del G20 en 2009. Ahí fue cuando empezó a levantar la economía global, por las decisiones coordinadas. Ahora, en cambio, veo muchas peleas, conflictos y tensiones, y poca voluntad de acuerdo. Como ocurre en la Argentina. Hay que ser muy cauteloso.

ZOZOBRA

-¿La crisis a escala mundial puede hacer zozobrar nuestro superávit comercial?

-La exportación va a estar muy difícil con la recesión global. Las exportaciones sufren en la Argentina, más con los conflictos internos que ahora existen con el campo. Tal vez el superávit comercial se pueda mantener por la caída de las importaciones, pero no es una manera positiva de sostener las cuentas.

-¿El desplome del precio del barril de crudo vuelve inviable la explotación del yacimiento de Vaca Muerta?

-Está más muerta que viva. No me anino a hacer pronósticos. La volatilidad nos va a acompañar mucho tiempo. Si Rusia y Arabia Saudita llegan a un acuerdo, de pronto el crudo puede subir 25 dólares en una semana e instalarse a un nivel de 55 dólares por barril. Pero por ahora no hay elementos para hacer esa proyección.

Virus empetrolado


POR CHRISTIAN REOS * 

El mes pasado nos sorprendíamos al ver que el nuevo virus prácticamente no estaba generando efectos sobre los precios de los activos de riesgo, en particular en Estados Unidos. Pasaron cosas.
Mientras China parece volver lentamente a la normalidad, el virus pone en jaque la actividad económica en varios países de Europa, y empieza a esparcirse en Estados Unidos. En América del Sur por ahora son contados los casos, y es el dengue el que avanza rápida y silenciosamente (llamativamente los medios no hablan del tema).

A la recaída puntual que iba a verse en la actividad económica mundial en febrero-abril por el virus, que los bancos centrales buscaban contrarrestar bajando las tasas, se le sumó repentinamente la guerra de precios en el petróleo, commodity clave para muchos sectores económicos, por su incidencia directa e indirecta en la formación de precios de infinidad de bienes.

Décadas atrás, si Arabia frenaba la venta de crudo, el mundo se paraba y la inflación volaba por los aires. Actualmente, el poder de dicho país reside en lo contrario: inundar de petróleo al mundo, intentando escarmentar a Rusia por no plegarse a los recortes propuestos por la OPEP, y de paso sacándose de encima a los petroleros norteamericanos, muchos de los cuales ya estaban en una situación financiera complicada, por lo que de mantenerse el WTI en los valores actuales será el fin de varios.

Los efectos de esta caída en el petróleo son inmediatos en las cuentas fiscales de los países productores, en las empresas petroleras y en sus proveedores, así como también sobre los inversores y bancos que financiaron a dichas compañías. De sostenerse los bajos precios, el resto de los commodities industriales acompañará la baja, por lo que se sumarán al efecto dominó. En conclusión, ojo con las trampas de valor, tanto en renta fija como variable.

Esta tormenta perfecta generó finalmente una fuerte toma de ganancias en el S&P. Actualmente, estamos en el medio de la tormenta, con volatilidad record, buscando un nuevo equilibrio de precios. Hasta el momento, la media móvil de 200 semanas (la madre de todas las resistencias en los últimos años) no ha sido testeada aún. Por lo tanto, esperaríamos que el índice se acerque a los 2.640 puntos para acumular riesgo (actualmente está en 2.770 puntos).

EL PAIS

En la Argentina, la actividad económica sigue por el piso y la recaudación cae en términos reales, por lo que el resultado fiscal empeora. El BCRA siguió bajando la tasa a todo ritmo (actualmente 38% anual), ya que la inflación se desacelera, si bien en parte se debe al congelamiento de las tarifas, que en algún momento tendrán que actualizarse.

El mercado sigue a la espera de la oferta de reestructuración de deuda a los inversores extranjeros.

En los últimos días los bonos en dólares volvieron a caer, por lo que repetimos nuestra recomendación de meses atrás de comprar bonos ley extranjera en torno a 40% de paridad, y ley local por en 35%.

En la curva de pesos, vuelve a verse algo de demanda dado que el gobierno pagó el último vencimiento a quienes no canjearon su tenencia, y los bonos cortos lucen arbitrados con paridades en torno al 75%. No obstante, la situación sigue siendo frágil ya que cada vencimiento genera un stress que no va a poder mantenerse muchos meses más, por lo que eventualmente el gobierno deberá buscar una solución definitiva.

El mercado de acciones se mantiene con volumen reducido. El gobierno anunció los lineamientos que usará para remunerar la generación eléctrica, ahora deberá resolver si vuelve el barril criollo, para subsidiar a la producción de petróleo. El potencial de suba en renta variable es muy elevado, pero está atado a que los inversores vuelvan a interesarse por la Argentina, para lo cual se necesita una resolución razonable en el tema de la deuda.

El mayor potencial de suba lo seguimos viendo en bancos y en servicios públicos. También nos gustan Molinos Agro en alimentos, Irsa en real estate. Estamos indistintos entre Loma Negra y Ternium Argentina en materiales. Corp America Aeropuertos, por obvias razones, vuelve a lucir atractiva.

Por la incertidumbre respecto a los planes macroeconómicos, y el desenlace de la reestructuración de deuda, actualmente no existen carteras diferentes por tipo de riesgo.

Durante febrero y marzo el Gobierno avanzó en la normalización de la curva de deuda en pesos, para lo cual tuvo que modificar la normativa que le impedía hacer canjes a valor técnico (Art 8 Decreto 193/20), obteniendo un muy buen resultado en el canje del bono A2M2. Esto sugiere que el gobierno prefiere flexibilizar sus opiniones, antes de caer en default con la deuda en pesos.

Por otro lado, durante marzo se espera que publiquen la primera oferta sobre los bonos con Ley NY (que se replicaría a los bonos Ley Arg). Decimos la primera oferta, porque en el caso de Ucrania (citado como ejemplo por Roberto Lavagna), hubo varias ofertas hasta que llegaron a un acuerdo (20% de quita de capital extensión de plazo y un aumento en el cupón de intereses).

Durante este último mes, el Gobierno designó asesor financiero (Lazard), agentes colocadores (Bank of America y HSBC) y agente de información (Morrow Sodali). También durante el último mes la provincia de Buenos Aires buscó alargar el plazo de pago de una porción del capital del bono BP21, y ante la negativa de los inversores tuvo que decidir entre declarar el default o pagar, y resolvió pagar. Creemos que esta experiencia es trasladable a la Nación, y la decisión política es llegar a un acuerdo con los bonistas y no declarar el default.

* Gerente de Research de Allaria Ledesma.