La Prensa

​Hacia la muerte segura de la Superliga y el regreso de la AFA todopoderosa


Agoniza la Superliga Argentina de Fútbol (SAF). La estructura que surgió para apuntalar un sistema de competición en decadencia se está haciendo añicos. Cruje. Y en cualquier momento se desmorona por la acción directa de los mismos clubes/dirigentes  que acudieron a ella en busca de la salvación para un esquema deportivo y económico que no les garantizaba la supervivencia. Lo más curioso del caso -pero que no debería sorprender en este fútbol argentino problemático y febril- es que para mejorar su situación, las entidades de Primera División se encomiendan a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), la misma a la que señalaban como la causa de los pesares del pasado reciente.

La Argentina cambió como país. Y el fútbol acompaña, a su manera, los tiempos que corren. Durante la presidencia de Mauricio Macri se abrazó a la SAF como modelo de organización moderna y profesional que iba a crear fuentes de ingresos y de competencia más vinculada con en el primer  mundo futbolero. Ahora, con Alberto Fernández en el poder, es hora de volver a ese pasado en el que la AFA aglutinaba las voluntades de superación de los clubes. Nada es casual.

No puede llamar la atención que todos optaron por escapar de las antiguas oficinas de la calle Viamonte para hallar cobijo en la paradisíaca vista al río del edificio que la SAF ocupa en Puerto Madero y que ahora emprendan el camino de regreso. Tras la muerte del eterno Julio Grondona y la extinción de su hábito de hacer y deshacer a su antojo en la AFA, los clubes sentían que ya no existía un papá bondadoso que siempre estaba dispuesto a ayudarlos, por más que eso significara venderle el alma al diablo. Hasta la irrupción de Claudio Chiqui Tapia no se distinguía una figura con capacidad y recursos -plagados de la mal vista rosca política- para imitar los usos y costumbres de Don Julio.

Con Macri en el Gobierno y su afinidad con la superprofesionalización/privatización del fútbol, los dirigentes compraron esa concepción del asunto, pero sólo en lo que a mayores ingresos para los clubes se refiere. Nadie cedía ante la propuesta de establecer Sociedades Anónimas Deportivas (SAD), el ideal que pretendía llevar a la práctica más temprano que tarde el líder del PRO con el respaldo de los miembros de su mesa chica en el ámbito del fútbol, como Daniel Angelici, entonces presidente de Boca.

Las instituciones de Primera querían únicamente los ingresos que les prometía la SAF a partir de un esquema de negocios desconocido para los casi básicos dirigentes  locales. Esponsoreo, marketing deportivo y derechos televisivos fueron algunos de los conceptos que comenzaron a ser moneda corriente en las canchas argentinas y, de paso, hicieron que llegaran las monedas que siempre les faltaron a entidades acostumbradas a despilfarrar su dinero. Pero, codicioso, el fútbol -en realidad sus directivos- no estaban satisfechos del todo y exigían más y más.

Como la SAF encabezada por Mariano Elizondo, hombre que reponde directamente a Marcelo Tinelli y que llegó al cargo puesto por el hoy presidente de San Lorenzo, les mostraba los números con gran celo y les hacía entender que las utilidades eran superiores al pasado, pero que no podían ser  tan elásticas como los clubes esperaban, de a poco y por lo bajo todos iniciaron una suerte de reconciliación con la AFA. Tapia ahora parecía más seductor, en especial porque al mejor estilo Grondona hablaba de mejorar la situación de las instituciones de Primera. El fútbol siempre pide más. Nunca se conforma y jamás dejará de buscar fuentes de ingresos en cualquier lugar, sin importar que para ello deba retroceder y comenzar de nuevo.

Una de las condiciones del nuevo modelo fue el llamado fair play financiero aprobado por los clubes como inequívoca señal de la era de la prolijidad que se esperaba desde la creación de la SAF. La meta era hacer más transparente la administración de los clubes. Acordaron sanciones para quienes no hicieran bien los deberes, pero la verdad es que no estaban dispuestos a tolerar las consecuencias de sus desmanejos con las cuentas.. Una vez que se anunció descuento de puntos para San Lorenzo y Huracán por irregularidades en sus balances, se desató la rebelión. Fueron en fila a quejarse a las oficinas de Tapia por lo que percibían como "abusos" de la Superliga. Y, por supuesto, lograron dejar en la nada los castigos.

Chiqui vio el resquicio para que la AFA recuperara el control del fútbol de Primera. Sólo tenía en sus manos la Selección y los torneos de Ascenso. Y quería todo. Igual que los clubes, que desean más dinero sin importar cómo lo obtengan. La política fue jugando su partido cada vez con menos disimulo y hasta Tinelli, un adalid de la lucha por el surgimiento de la SAF, se acercó a Tapia e incluso se avizora como titular de la Liga Profesional, futura nueva denominación del certamen de Primera División.

El martes, la mayoría de los dirigentes se reunió con el presidente de la AFA para delinear el golpe de gracia a la SAF que vienen preparando desdebhsce varios meses.  La suerte está echada. Van a abandonarla responsabilizándola de sus quebrantos económicos y quejándose del doble comando por dos organizaciones -AFA y SAF- que conducen el fútbol local. Eso no les preocupó hace tres años cuando escaparon de Viamonte. No tienen memoria, ni escrúpulos.
Epígrafe
Tinelli fue clave para crear la Superliga y se acercó a Tapia para destruirla.