La Prensa
De qué se habla hoy

Los políticos presos seguirán presos

En este ajedrez político que debe jugar Alberto Fernández, cada movida de piezas tiene una acción y una reacción implícita. El presidente está intentando salir airoso de este ?torneo? de ajedrez múltiple donde un jugador se enfrenta a muchos tableros a la vez, cada uno a cargo de un ajedrecista. En política podría decirse que tiene muchos frentes abiertos que le dan combate.

Lo extraño que todos esos frentes, por ahora, vienen de su propia coalición, de sus "amigos y aliados". Alberto está dispuesto a hacerles frente con todos los riesgos que ello implica y por eso ayer, durante una entrevista, dijo "No pienso indultar a nadie. No está en mis planes". 

El presidente cree que la presión simultánea del gobernador Axel Kicillof, el ministro del Interior, Wado de Pedro, la ministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad, Eli Gómez Alcorta, y el ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, asegurando que hay detenidos que son "presos políticos" contradiciendo al primer mandatario que había asegurado que en nuestro país no hay esa categoría de detenidos, es una discusión semántica y nada más. Julio De Vido, Amado Boudou, Milagro Sala y Luis D´Elía son los señalados por el kirchnerismo como presos políticos y exigen su inmediata liberación.

Desde su casa donde cumple prisión domiciliaria, De Vido disparó contra Fernández y contra su jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, que fue el primero que en una nota periodística dijo que en la Argentina no existían presos políticos. El ministro lo acusó de "panqueque" y de haber sido designado "por decreto".

Cristina todavía no salió públicamente en defensa de sus militantes, pero está claro que todos intuían que con su llegada a la vicepresidencia, los indultos para estos políticos presos llegarían de inmediato. Por todo esto la respuesta contundente del presidente llamó la atención porque de alguna manera suena como un portazo a la posibilidad de negociar algún tipo de salida para indultar a los ya mencionados, en algunos casos condenados por todas las instancias judiciales por delitos de corrupción. Ahora cualquier jugada de la ex presidenta puede encender chispas, si dice que sí hay presos políticos, desautoriza su presidente y si dice que no, defraudaría las expectativas de sus militantes más acérrimos. Tal vez decida no opinar sobre el tema para evitar precisamente más enfrentamientos, aunque conociendo a la viuda de Kirchner tendrá que morderse la lengua para no hacerlo, ya que este tema fue uno de sus caballos de batalla en la contienda electoral. Otra pelea dialéctica es la que mantienen la propia Cristina con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Ella desde Cuba encendió la mecha acusando al organismo de mafioso y de incumplir su propio estatuto además de exigir una fuerte quita a la deuda. El FMI rechazó de plano esta cuestión. Uno de sus voceros, Gerry Rice, contestó a la vicepresidenta: "Puedo asegurar que no hubo ninguna violación de las reglas de las disposiciones del Fondo. La capacidad del FMI para reestructurar su deuda se ve limitado por nuestro departamento y nuestros marcos legales. No es nada nuevo, es una disposición que se aplica en general y no solamente para el caso argentino. No hay ninguna posibilidad de realizar una quita". Pero ayer, Cristina volvió a responder al FMI y reiteró sus críticas por la supuesta violación de su estatuto a través del préstamo que le otorgó a la gestión del ex presidente Mauricio Macri, luego de que el organismo, en declaraciones de Rice, negara su acusación y ratificara que no puede haber una quita sobre la deuda del país. Cristina publicó en su cuenta de Twitter un párrafo de los estatutos del Fondo para luego apostillar: "Sin comentarios. Los argentinos y las argentinas sabemos leer". Mientras todo esto sucede la oposición mira y calla, no entra en ninguna polémica y para evitar malos momentos prefiere dar conferencias de prensa que hablar en el recinto de los Diputados donde hasta ahora guardaron silencio ante algunos temas.  Muchos legisladores del macrismo tienen una excelente relación con colegas del Frente para Todos y con algunos funcionarios del gobierno de Alberto Fernández. Nadie quiere que esos puentes se rompan, de hecho el mismo presidente es el encargado de mantenerlos ilesos entre tanta tormenta interna. 

V. CORDERO