La Prensa

Mostrar los números y negociar duro

­El miércoles 12, el ministro Martín Guzmán explicó ante el Congreso las líneas generales de su estrategia para renegociar y volver sustentable la deuda ("asfixiante", adjetivó) que el país mantiene con acreedores privados y con el Fondo Monetario Internacional.­

Ese mismo día había llegado al país la misión técnica del Fondo, encabezada por un conocedor del "caso argentino": el venezolano Luis Cubeddu, quien ya se ocupó de menesteres similares dos décadas atrás, cuando el ministro de Economía era Roberto Lavagna. Cubeddu vino acompañado por la directora adjunta del departamento para el Hemisferio Occidental, la estadounidense Julie Kozak.­

La disertación de Guzmán en el Congreso tenía, pues, un doble objetivo: ilustrar a los legisladores y despachar un primer mensaje a los inspectores de la entidad internacional (que por otra parte ya estaban enterados de la extensa conversación del ministro con la directora general del Fondo, Kristalina Georgieva, en Roma).­

La oposición, que en primera instancia había amenazado con ausentarse de la reunión informativa y reclamó que el ministro no cargara las tintas sobre el gobierno de Cambiemos, actuó con responsabilidad: se sentó en el recinto y escuchó con disciplina. Prefirió guardar sus críticas para exponerlas un poco más tarde ante la prensa: allí sus voceros se quejaron de que el ministro había informado poco y de que todavía no está claro cuál es su plan.­

La prudencia opositora está en buena medida fundada en la presión de las jurisdicciones que gobiernan (la Ciudad Autónoma, Mendoza, Jujuy, Corrientes) necesitan, al igual que las que conducen el oficialismo o fuerzas independientes, que la Nación tenga éxito en sus negociaciones. Porque las dificultades que atraviesan las provincias son, en muchos casos, más acuciantes que las del estado central y están atadas a la suerte de éste.­

Puede ser cierto que Guzmán no exhibió demasiado su juego, pero tampoco se limitó a repetir el mantra oficialista ("queremos pagar la deuda pero no hay capacidad de hacerlo"); tuvo algunas definiciones muy rotundas. Adelantó, por caso, su mirada sobre el déficit fiscal: habrá que esperar al año 2023 para eliminarlo pues "no es sostenible que haya reducción del déficit fiscal en 2020", y "un escenario alcanzable implica alcanzar el equilibrio fiscal en el año 2023. Y converger unos años después a un superávit fiscal primario entre 0,6 y 0,8% del Producto (PIB)".­

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NO TAN CONTRADICTORIO

La lógica de Guzmán es coherente con el planteo que formuló Alberto Fernández desde la campaña: "Para poder pagar, la Argentina tiene que crecer y para poder crecer se tiene que quitar de encima el peso de la deuda que asfixia (...) nuestra prioridad que la solución sea sostenible".­

Otro dato interesante de la exposición de Guzmán tiene ingredientes políticos. Una legión de analistas venía coincidiendo en caracterizar las recientes declaraciones de Cristina Kirchner en Cuba cuestionando al FMI como contradictorias con la estrategia de la Casa Rosada y solapadamente enfrentadas a ella. En suma, una prueba más de que está en marcha un inevitable choque de planetas entre Alberto Fernández y su vicepresidente. Ese vaticinio lo dirimirá el futuro, pero esta "prueba" quedó abollada por Guzmán, quien no difirió demasiado del discurso de la señora de Kirchner: "El FMI es responsable por la crisis de deuda económica que la Argentina vive hoy -dijo ante los legisladores-. Es importante entender que el Fondo es responsable. Es importante no olvidarnos de nada porque es importante tener memoria hacia el futuro (...) Nunca más a los ciclos de sobreendeudamiento".­

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ACADEMICO, ¿PERO TAMBIEN POLITICO?

Refutando implícitamente a quienes lo critican por su perfil mayormente académico, el ministro mostró un costado político: Aseguró que la renegociación de la deuda "es un proceso en el que hay que definir de qué lado estamos" y subrayó que "nosotros lo tenemos definido: estamos del lado de la gente (...) pero hay gente que está jugando a otro juego". Guzmán dibujó en el Congreso el choque con los buitres y con quienes les hacen el juego, una pelea retórica en la que se asegura el aplauso de la tribuna: "El gobierno no va a "permitir que fondos de inversión extranjeros marquen la pauta de la política macroeconómica (...)Nosotros decidimos el sendero fiscal y financiero del país". ­

El "nosotros" del ministro es una gallarda expresión de voluntad política, que lamentablemente debe ser relativizada. Esa voluntad es una condición necesaria pero no suficiente. De lo contrario no se explicaría el esfuerzo realizado por el Presidente durante su gira europea (y el paso previo por Israel), ni la satisfacción por haber conseguido compromisos de respaldo por parte de Emmanuel Macron y Angela Merkel; ni la alegría por la frase de Donald Trump cuando recibió al embajador Jorge Argüello: "Dígale al presidente Fernández que cuenta conmigo". ­

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MEJORAN LAS CONDICIONES

Es posible, sin embargo, que la firmeza de Guzmán no sea sólo discurso. Quizás la Argentina se beneficie de un cierto cambio de atmósfera mundial que empieza a observarse. Durante el encuentro realizado una semana atrás en El Vaticano (Taller sobre Nuevas formas de solidaridad, organizado por la Pontificia Academia de Ciencias Sociales de la Santa Sede) economistas, funcionarios, pensadores y sacerdotes trataron la cuestión de un abordaje solidario a la situación económica internacional. ­

El Papa Francisco exhortó allí a impulsar un nuevo clima mundial: "El tiempo presente exige y reclama -dijo- dar el paso a una lógica capaz de promover la interconexión que propicia una cultura del encuentro, donde se renueven las bases sólidas de una nueva arquitectura financiera internacional". Francisco describió con cifras signos inequívocos de un mundo atravesado por crueles desigualdades: "El mundo es rico y, sin embargo, los pobres aumentan a nuestro alrededor. Según informes oficiales el ingreso mundial de este año será de casi 12,000 dólares por cápita. Sin embargo, cientos de millones de personas aún están sumidas en la pobreza extrema y carecen de alimentos, vivienda, atención médica, escuelas, electricidad, agua potable y servicios de saneamiento adecuados e indispensables". Francisco estableció un principio moral por sobre los datos: "No existe un determinismo que nos condene a la inequidad universal. Permítanme repetirlo: no estamos condenados a la inequidad universal. Esto posibilita una nueva forma de asumir los acontecimientos, que permite encontrar y generar respuestas creativas ante el evitable sufrimiento de tantos inocentes. Un mundo rico y una economía vibrante pueden y deben acabar con la pobreza." En ese contexto, el Papa abordó el tema de la deuda y citó a San Juan Pablo II (Centesimus Annus): "Es ciertamente justo el principio de que las deudas deben ser pagadas. No es lícito, en cambio, exigir o pretender su pago cuando éste vendría a imponer de hecho opciones políticas tales que llevaran al hambre y a la desesperación a poblaciones enteras. No se puede pretender que las deudas contraídas sean pagadas con sacrificios insoportables. En estos casos es necesario encontrar modalidades de reducción, dilación o extinción de la deuda, compatibles con el derecho fundamental de los pueblos a la subsistencia y al progreso". ­

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EL FONDO CAMBIA EL LIBRETO

La mirada del Pontífice no sorprende: su pensamiento es conocido y, si se quiere, previsible. Por eso vale subrayar como más significativo el discurso de la directora general del FMI, la búlgara Kristalina Georgieva, porque confirma la idea de que el cambio de orientación ha penetrado en las grandes instituciones financieras.­

Georgieva inició su exposición con una pregunta y una respuesta: "¿Cuáles son las nuevas prioridades para la economía mundial? Permítanme responder brevemente(...)la primera tarea es poner la economía al servicio de los pueblos".­

Que la jefa del Fondo coincida tan marcadamente con el Papa Bergoglio sí parece una sorpresa. Georgieva dejó claro que no considera que "poner la economía al servicio de los pueblos" implique retroceder en materia de globalización, sino en reformar la globalización: "La integración y la cooperación mundial, los increíbles avances tecnológicos y -desde luego- las muchas políticas económicas adecuadas han transformado nuestro mundo. En las últimas tres décadas, la mortalidad infantil se ha reducido a la mitad y más de mil millones de personas han logrado abandonar la situación de pobreza extrema. Estos logros son extraordinarios, sin precedentes en todo el período de la historia de la humanidad. Esta economía -la economía que ahora tenemos- puede ser una importante fuente de esperanza, un rayo de luz". Pero -describió- "esta misma economía ha proyectado sombras oscuras. Pensemos en la excesiva desigualdad: desde 1980, el 1% más rico de la población a escala mundial ha capturado el doble de beneficios del crecimiento que el 50% inferior".­

Georgieva subrayó que "no resultan sorprendentes los resultados de una reciente encuesta global, en la que más de la mitad de los participantes afirman que el capitalismo causa más perjuicios que beneficios. Las implicaciones son alarmantes: desde la disminución de la confianza en las instituciones tradicionales hasta el aumento de la polarización política y las tensiones sociales. Así pues, ¿cómo podemos contribuir a crear una economía que esté al servicio de los pueblos?"­

El enfoque revela una mirada diferente de la conducción del Fondo. El ministro Guzmán tuvo tiempo de comprobarlo durante su extenso encuentro con la alta funcionaria.­

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EL MUNDO TAMBIEN SINTONIZA

Por otra parte, la preocupación por las graves tensiones que producen la inequidad social y el descuido del planeta ya se había observado en la última cumbre de Davos, ese ámbito de debate de las cúpulas políticas y empresariales del planeta.­

Esa atmósfera es favorable para la pretensión del gobierno argentino de lograr una renegociación razonable de la deuda que abra un espacio para acumular fuerzas, estimular la inversión y el crecimiento, aliviar la dramática situación social y a mediano plazo, crear las condiciones de saldar o renovar normalmente el stock de deuda.­

Todo tiene que ver con todo. A fines de marzo, en Asís, tendrá lugar una amplísima reunión global de economistas y empresarios, promovida desde hace un año por el Papa Francisco con el objetivo de "realizar un pacto global para promover una economía que garantice el respeto al medio ambiente, el respeto de la vida, el cuidado de la familia, la igualdad social, la dignidad de los trabajadores y los derechos de las generaciones futuras". La atmósfera favorable avanza. Se trata de ayudarla.­