La Prensa
Claves de la seguridad

Desde Rosario a la Patagonia, hay "Guerra Civil Molecular"

En el país se sigue degradando la autoridad del Estado y el mosaico social. Al mismo tiempo, la Argentina se convirtiendo políticamente en un desierto cultural.

Nada más nocivo para el sostenimiento institucional de la identidad nacional que la ambición demagógica de querer refundar el país de manera constante y pendular. 

La Nación Argentina se afianzó como idea de Libertad a partir de ver derrotado en las calles de Buenos Aires al invasor británico. De aquel orgullo a hoy han pasado poco más de 200 años de historia.

Ciertamente no ha sido la vida independiente un proceso fácil. Largos sacrificios y enfrentamientos tuvieron lugar antes de alcanzar una organización efectiva. Mas cuando al fin se obtuvo una Constitución Nacional y se consolidaron sus instituciones el país logró ser de los más prósperos del orbe: la República Argentina. 

LA GENERACION DORADA

Sin duda la Generación del 80 dio a la Patria su máximo esplendor. Ninguna generación de argentinos posterior a ella puede siguiera compararse, y la decadencia que sobrevino por no haber sido capaces de cuidar su legado exime de mayores comentarios. Sin embargo, en el presente hay gentuza en cargos públicos que sin haber hecho ningún sacrificio por el bien del país, ni aportado en nada a su grandeza, se arroga el rol de vengadores de la historia con una impunidad alarmante. 

Así ha ocurrido en la Intendencia de Neuquén donde, apenas asumidas nuevas autoridades en diciembre pasado, pretextando "respeto al pueblo mapuche" se han confinado a las sombras del museo un busto del General Roca y un cuadro alusivo a la Conquista del Desierto; porque es propósito activo de la izquierda inventarle a la Argentina genocidios y genocidas. 

Julio Argentino Roca es un ilustre patriota que engrandeció a la Nación Argentina y fue dos veces Presidente de la República, mientras que el denominado pueblo mapuche es una construcción del siglo XX, utilizada por la izquierda como un posible nuevo sujeto revolucionario contra la democracia y el capitalismo. 

No hay nada más absurdamente racista que la pretensión etnonacionalista de una ficción, una truchada avalada por funcionarios que en lugar de velar por la supremacía del orden jurídico atentan contra él. 

FALSEAMIENTO HISTORICO

Que la Intendencia de Neuquén no sea intervenida por esta anomalía institucional que configura un grosero acto de subversión, evidencia lo extendido del falseamiento histórico. Y acaso, hermosa palabra la palabra "acaso", esté demostrando que requiere la Nación Argentina darle continuidad vigorosa a la Conquista del Desierto. 

El punto es que el país se está degradando y convirtiendo políticamente en un desierto cultural, en tierra de nadie conforme a la creciente abulia cívica. Esa desertización de la cultura, el borroneo de la identidad nacional y la consecuente pérdida de convicción jurídica, ineludiblemente afectará la vida cotidiana de los argentinos por muy indiferentes que muchos quieran mantenerse.

Pues continuando por esa pendiente no hay Estado que pueda conservar el monopolio de la violencia y las reglas de la convivencia, menos aún si está gobernado por una casta política que, en su desprecio hacia la Constitución Nacional, antepone sus mezquinos privilegios al interés general. 

Al respecto cabe recordar la advertencia que, en el notable libro Perspectivas de guerra civil (Editorial Anagrama - 1994), hiciera Hans Magnus Enzensberger: "Nos estamos engañando a nosotros mismos cuando creemos que está imperando la paz, sólo porque todavía podemos salir a comprar el pan sin que nos acribille un tirador emboscado".

Conforme al Derecho Argentino la Seguridad Interior consiste en garantizar el estilo de vida propiciado por la Constitución Nacional. A tenor de tan simple concepto se comprenderá que la política de seguridad excede la disposición de los recursos específicamente asignados a tareas policiales y de seguridad. Necesariamente debe ser una constante de convicción cultural, palpable tanto desde la conducción del gobierno como en cada repartición estatal. Y eso, desde hace largo tiempo, no está pasando en la Argentina. 

Aquí y ahora, en el país que no debate racionalmente sobre ninguna cuestión, la polémica por la Seguridad Interior del país se reduce al chismerío de peluquería entre Sabina Frederic y Patricia Bullrich dos señoras que, sin criterio institucional, defienden sus respectivos relatos y falencias como variantes de la misma casta política. 

MAS CRIMINALES

En tanto la criminalidad, que nunca detiene sus acciones para debatir el pasado, se expande sin prisa ni pausa. Así los analistas de Inteligencia Criminal, con la amargura de servir bajo una dirigencia política que sólo previene del futuro el calendario electoral (y a veces mal), ven a Rosario como si fueran aquel Teniente de El desierto de los tártaros. 

Están proliferando escenarios de Guerra Civil Molecular, con variantes visibles que van de los narcos rosarinos hasta usurpaciones mapuches en Patagonia, pasando por un sinfín de otras situaciones no tan a la vista donde la autoridad estatal es una entelequia moral o material.

Este proceso de degradación de la autoridad estatal y el mosaico social, no se detendrá con gobiernos irracionales que consideran más importante discutir el diseño de los billetes que evitar su depreciación cotidiana. Con ellos el Estado seguirá siendo, además de un obeso inútil en la espalda del contribuyente, el principal obstáculo a la irrestricta supremacía de la Constitución Nacional.