La Prensa
La Argentina alumbró contemporáneamente su democracia constitucional y su género musical más representativo

Yrigoyen, el tango y el triunfo de lo popular

La llegada, en 1916, del caudillo radical a la presidencia de la Nación representó un cambio en la política, pero fundamentalmente también en el aspecto social y cultural.

Por Diego Barovero * 

La República Argentina celebró en 1916 cien años de su Independencia nacional, aunque de modo mucho más austero que los fastos del centenario de la Revolución de Mayo seis años antes. Con un estado nación consolidado en sus instituciones y un modelo económico agroexportador que la ubicaba entre las primeras economías del mundo. Ese esquema comenzó a presentar desequilibrios y asimetrías que originaron conflictos mientras se desarrollaba en Europa la Primera Guerra Mundial, que tenía repercusiones no sólo políticas y culturales sino también sociales y económicas en nuestro país. Paralelamente hay por entonces una intensa producción intelectual y científica. Sigmund Freud publica su "Introducción al psicoanálisis" y Albert Einstein desarrolla su teoría de la relatividad.

Aquí en nuestro país las letras y las artes se enriquecen con la aparición de "Cuentos de amor, de locura y de muerte" de Horacio Quiroga; Leopoldo Lugones reivindica el "Martín Fierro" en una serie de conferencias en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires; Ricardo Rojas difunde una intensa campaña destinada a resignificar nuestra identidad nacional como pueblo ("Blasón de Plata", "La Argentinidad", etc.) y al propio tiempo surge una poetisa que dará mucho que hablar: Alfonsina Storni.

La popular revista "Fray Mocho" -del prestigioso periodista José S. Alvarez- publica una nota titulada "El carbonero" dedicada a un joven y talentoso pintor que empieza a hacerse conocer en el mundo de nuestra plástica, Benito Quinquela Martín. No estaba solo, pertenecía a una notable generación de artistas surgidos del mundo del trabajo en el ámbito de La Boca del Riachuelo que renovarían conceptualmente las artes plásticas: Miguel Victorica, Fortunato Lacámera, Marcos Tiglio...

La pujanza de una incipiente industrialización destinada a sustitución de importaciones con motivo de la conflagración mundial se materializa en el extremo sur de la capital, más precisamente en La Boca, verdadero núcleo productivo y fabril en torno al puerto, donde la Compañía Italo Argentina de
Electricidad manda a construir un magnífico edificio en piedra y ladrillo a la vista con reminiscencias de palacio florentino que albergará una potente usina para alimentar de energía al sur porteño y aledaños.

El lugar elegido para su instalación en la ribera es la esquina de Pedro de Mendoza y Senguel, a la vuelta de un sitio que ya es mítica sede de una pasión de multitudes: el primer estadio de madera del Club Atlético Boca Juniors y a pocas cuadras del de su clásico rival el Club Atlético River Plate.

LOS PRIMEROS COMPASES
De a poco se acallan las voces características de la payada, el arte poético musical de ascendencia hispánica de gran difusión en Argentina, Uruguay y el sur de Brasil y Paraguay. En ese terreno descollaban Nemesio Trejo, José Betinotti y Gabino Ezeiza entre otros, en general identificados con las causas populares del federalismo y el naciente radicalismo. En los piringudines del Sur de la ciudad y en algunos salones de Palermo y la zona Norte ya asomaban los primeros compases del tango: Eduardo Arolas, Agustín Bardi, Pedro Maffia,  Francisco Canaro son algunos de los exponentes de ese naciente ritmo.

Como curiosa analogía -afirman acertadamente Natalio Echegaray, Alejandro Molinari y Roberto L. Martínez en "Tango y Sociedad. De Yrigoyen a Pugliese- "el inicio de la vida democrática coincide cronológicamente con el nacimiento del tango y la presencia inconmensurable de Carlos Gardel como creador del género, es también la época del surgimiento de la Guardia Nueva de la mano de Julio De Caro".

En aquél tiempo se concretó la más trascendente reforma política de la historia argentina. Se realizaron las primeras elecciones presidenciales bajo la Ley Sáenz Peña -que lleva el nombre de su impulsor el fallecido presidente Roque Sáenz Peña- y que estableció el voto universal, secreto y obligatorio, con padrones militares únicos bajo el control de la justicia federal, dejando de lado las prácticas fraudulentas que burlaban la voluntad popular.

La UCR conducida por Hipólito Yrigoyen, abandonó la vía revolucionaria y la abstención que deslegitimaba el sistema político y resolvió participar de los comicios. Lo hizo representada por la fórmula integrada por Yrigoyen y Pelagio Luna, proclamada pocos días antes de la elección que se celebró el 2 de abril, en la que obtuvo algo más del 45% de los sufragios, el doble de votos de sus adversarios conservadores.

La elección era indirecta y al no obtener mayoría propia en los colegios electorales se desataron maniobras febriles para convencer a un grupo de electores radicales disidentes de Santa Fe para que inclinaran sus votos por algún candidato conservador. Yrigoyen, irreductible en su idealismo, no pidió el apoyo "que se pierdan cien gobiernos, pero que se salven los principios". Finalmente los colegios de electores votaron mayoritariamente ratificando la voluntad popular e Yrigoyen asumió la primera magistratura el 12 de octubre en medio de la algarabía popular.

Sin embargo, estaba triste, esa misma mañana murió su amigo, su correligionario Gabino Ezeiza, payador que inmortalizó la gesta de la "Heroica Paysandú" y había llevado su arte por todo el país y más allá. Enterado de la muerte del Negro Gabino mientras se preparaba para asumir la presidencia de la República le dedicó un instante: "Pobre Gabino, él
sirvió!".

CAMBIO SOCIAL Y CULTURAL
La llegada de Yrigoyen y el radicalismo al gobierno fue un cambio político, pero fundamentalmente también social y cultural. Una interpretación habitual es que los sectores medios de la sociedad, con fuerte presencia de los hijos de inmigrantes, accedieron por primera vez al gobierno de la cosa pública. En realidad se trató de un proceso complejo que integró diversas clases sociales y fusionó sectores políticos de origen diverso. La Argentina que entonces cumplía un siglo de vida independiente había atravesado cambios sustanciales. Esos cambios expresan además la creatividad de una sociedad que se había vuelto más cosmopolita y compleja.

Hay un hecho que se constituye en bisagra definitiva de nuestra historia cultural, en forma contemporánea con el nacimiento de nuestra democracia popular.
Pascual Contursi, sobre la melodía del tango "Lita", de Samuel Castriota, escribe la poesía que titula "Percanta que me amuraste" que, incluido luego en el sainete "Los dientes del Perro", se convierte en "Mi noche triste". Un año después es grabado por Carlos Gardel (quien en dúo con José Razzano había debutado en el Teatro Esmeralda el 16 de setiembre de 1916) que ya hemos mencionado como el inicio de la era del tango canción que cambiará para siempre el paradigma de nuestra historia musical y nuestra identidad ciudadana.

Son también los inicios de nuestro cine nacional que despuntó hacia el centenario de la Revolución de Mayo. "La Obra del Gobierno Radical", una película producida por Cinematográfica Valle, de Federico Valle, pionero del cine documental argentino y realizador del primer largometraje nacional fue realizada en 1927 con el propósito de auspiciar la campaña proselitista de Hipólito Yrigoyen para las elecciones de 1928. Constituye la primera experiencia de utilización de la imagen y el cine en materia de propaganda electoral en nuestro país. Dicho filme resalta las realizaciones de aquél gobierno de Yrigoyen entre 1916 y 1922 en materia social y económica, el mejoramiento de las condiciones de vida de sectores populares, aumento del salario real, primeras leyes provisionales, defensa de la producción nacional, la creación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, la Reforma Universitaria que cambió el paradigma de la educación superior y sirvió de modelo en resto del continente, la fundación de gran cantidad de establecimientos educativos y sanitarios, viviendas sociales y en el plano internacional el pacifismo, la defensa de la neutralidad y autodeterminación de los estados y el igualitarismo en el orden mundial. Todo ello testimonio vívido de la construcción de un estado social de derecho y del proceso de profundización de un modelo popular y democrático de afirmación nacional, antiimperialista y antimonopólico, que generó la reacción que en 1930 llegaría a producir el primer golpe de Estado que estableció una dictadura cívico militar al servicio de intereses oligárquicos foráneos.

EXPRESION DEL RADICALISMO YRIGOYENISTA
El radicalismo yrigoyenista también tuvo su expresión en el tango como fenómeno cultural popular y nacional. Numerosos autores y compositores cantaron desde entonces tanto al fundador Leandro Alem, como al presidente elegido por la voluntad soberana del pueblo por primera vez en nuestra historia, destacándose sobre todo el tango que lleva el nombre del caudillo "Hipólito Yrigoyen", con letra y música de Enrique Pedro Maroni, célebre autor de "La Cumparsita" o "Si supieras", grabado por el popular cancionista apodado "El caballero cantor", Ignacio Corsini en septiembre de 1927 y en febrero de 1928 en los estudios de Max Glücksmann.

Siguiendo el enjundioso trabajo de Mario Valdéz y Pablo Tabeada "Hipólito Yrigoyen y el tango", pueden mencionarse a vuelo de pájaro otras creaciones del género identificadas con el radicalismo y sus hombres públicos más destacados que pueden mencionarse corresponden a Adolfo Pérez "Pocholo", autor de "UCR"; Julio V. Leone "Yrigoyen-Luna"; Pedro Maffia "Reelección"; Antolín Magallanes "Irigoyen invencible"; Ricardo Yrulegui "Don Hipólito" y "El Noventa"; Carlos Percuocco "Don Hipólito"; Domingo Pizarro "4 de febrero"; Anselmo Aieta y Roberto Torres "Nuestro Hombre"; el trío Irusta, Fugazot y Demare triunfante en el viejo continente "Irigoyen solo"; Alfredo Gobbi "Otra vez El Viejo" llevado al disco por Francisco Canaro y su orquesta junto a la voz de Charlo, y el mismísimo Julio De Caro compuso "YPF" con letra de Mario César Gomila, como un homenaje a la política petrolera del caudillo radical.

IDEAS POLITICAS DE BORGES
Ya para terminar entendemos oportuno mencionar que quizá sin quererlo haya sido Jorge Luis Borges, en su juventud un fervoroso yrigoyenista, quien penetró con mayor perspicacia en la hondura de la naturaleza popular del liderazgo misterioso de Yrigoyen: "Yrigoyen es la continuidad argentina. Es el caballero porteño que supo de las vehemencias del alsinismo y de la patriada grande del Parque y que persiste en una casita del sur (lugar que tiene clima de patria, hasta para los que no somos de él), pero es el que mejor se acuerda con profética y esperanzada memoria de nuestro porvenir. Es el caudillo que con autoridad de caudillo ha decretado la muerte inapelable de todo caudillismo; es el presente que, sin desmemoriarse del pasado y honrándose con él se hace porvenir". (Borges, Jorge L. Carta a los Raúl y Enrique González Tuñón). Tal vez eso explique de algún modo también aquellos versos de su poema "Fundación Mítica de Buenos Aires":

Un almacén rosado como revés de naipe
brilló y en la trastienda conversaron un truco;
el almacén rosado floreció en un compadre,
ya patrón de la esquina, ya resentido y duro.
"El primer organito salvaba el horizonte
con su achacoso porte, su habanera y su gringo.
El corralón seguro ya opinaba Yrigoyen,
algún piano mandaba tangos de Saborido".

Fue entonces que en nuestra Patria alumbró contemporáneamente su democracia constitucional y su género musical más representativo. En el triunfo de Yrigoyen y del Tango estaba ínsito el triunfo de lo popular.

* Presidente del Instituto Nacional Yrigoyeneano.