La Prensa
Fue uno de los procesos internos más enriquecedores que experimenté, señaló en relación con su rol de escritor

Sáenz, el fiscal que escribe cuentos

Sin dejar de lado los dictámenes en las causas de fuerte repercusión pública en las cuales le toca intervenir, el hombre de Derecho incursiona con destreza en el campo de la literatura, con un libro de relatos que oscilan entre la ficción y la realidad.

 

"En Mucho que contar Ricardo Sáenz teje una trama narrativa sutil e imperceptible. Cada uno de los personajes atraviesa los relatos tendiendo hilos que unen inmigrantes pobres, estudiantes universitarios, empleados judiciales, marineros, farsantes y novias. La profunda herida existencial toma mil formas para hablarnos de una sola cosa: la liviana y a la vez cruel condición humana".

La reflexión pertenece al psicólogo y escritor Federico Andahazi, quien tuvo a su cargo el prólogo del libro de cuentos escrito por el fiscal general Ricardo Sáenz, conocido por su actuación ante la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional de la ciudad de Buenos Aires, en causas de alto impacto en la opinión pública.

Sáenz ocupó además el cargo de relator de la Corte Suprema de Justicia, en el juicio donde fueron condenados en 1985 los ex comandantes de las Juntas Militares, por delitos de lesa humanidad. Más acá en el tiempo, fue junto con sus colegas José María Campagnoli, Guillermo Marijuan, Carlos Rívolo, Germán Moldes y Raúl Pleé, entre otros, uno de los organizadores de la marcha del 18 de febrero de 2015 (realizada bajo una intensa lluvia), en recordación del malogrado fiscal Alberto Nisman, quien no había sido homenajeado por ningún otro estamento del Estado.

A primera vista, el título Mucho que contar hace suponer que el autor revela, por su trayectoria en el Ministerio Público Fiscal, aspectos de fondo o de procedimiento relacionados con las investigaciones en que tuvo un papel protagónico, como por ejemplo, el ya mencionado "caso Nisman".

Sin embargo, el propio Sáenz expresó a La Prensa, luego de la presentación en el local Libros del Pasaje, en Palermo Sojo, que si bien de los dieciséis relatos incluidos en el texto, la fiscalía es fuente de varios de ellos, otros son "historias inventadas a partir de temas que me interesan". En ese marco, las tres primeras narraciones -"Mar de luna", "Mi triciclo" y "Hotel Riviera"- se refieren a sus propias experiencias de vida. Y en especial, a dos etapas "que siempre nos marcan: la infancia y la adolescencia".

Hasta la sorpresiva muerte de su hermana, acaecida el 22 de diciembre de 2016, la conexión de Sáenz con la escritura era profesional, derivada de su ejercicio jurídico de todos los días. "Un trabajo técnico, rutinario y despojado de toda cuestión afectiva", según admite. El fallecimiento de Mabel le generó "la necesidad de escribir, de hacerlo a partir del dolor, como una forma de sanar, de provocar que el cúmulo de sentimientos, sensaciones, recuerdos, alegrías y frustraciones salieran del interior y se encauzaran de alguna manera". Entonces el fiscal eligió la escritura. O ella lo eligió a él, según destaca en las páginas introductorias.

LA REGLA DE MADERA
En el relato que lleva por título "La regla de madera", Sáenz -quien ingresó desde muy joven al Poder Judicial, y fue más adelante profesor de Derecho Penal en la UBA y la Universidad Católica Argentina- recuerda, con pinceladas magistrales, a un antiguo empleado del edificio de Viamonte 1147: Adolfo, el encargado de la mesa de entradas de la fiscalía.

"Cuando llegué para hacerme cargo de la fiscalía en 2005 lo encontré ahí, lo heredé del fiscal anterior. Me contaron que estaba en su escritorio frente a la puerta desde siempre, inventariado, desde algún momento impreciso en el que lo habían elegido entre los egresados de la Academia Pitman, donde se aprendía a escribir a máquina, en forma rápida y profesional, sin errores, con todos los dedos y a una velocidad que nadie igualaba", indica Sáenz. En uno de los párrafos el fiscal desbroza las características de Adolfo, un individuo de carácter huraño y extremadamente reacio a dejar las teclas de la "Olivetti verde", sin incorporar, a su labor diaria, las ventajas de la tecnología.

Dos veces nada más -consigna Sáenz- intenté convencerlo de que usara una computadora para registrar los datos de los expedientes que entraban a la fiscalía: nombre del acusado, de la víctima, qué delito se investigaba y la fecha.

- "Adolfo, es una locura que sigamos usando este libro que no se puede ni mover (en alusión al enorme Libro de Entradas, de tapas negras), hagamos un Excel. - No, doctor, por favor, eso no es seguro, ¿Dónde están los datos de las causas?, ¿en una pantalla?, ¿en esa caja de chapa que está en el piso? El papel es el papel, doctor, lo vemos, lo olemos, lo tocamos".

Con su vieja regla de madera, de treinta centímetros, color beige, Adolfo dividía de arriba hacia abajo, cada catorce centímetros, las cuatro columnas del Libro de Entradas, para buscar más rápido cualquier dato. Ya retirado de Tribunales -según relata más adelante Sáenz- puso fin a sus días grises y opacos en forma trágica (subió a la terraza, en su domicilio del barrio de Congreso, y saltó al vacío). Había dejado de trabajar en la fiscalía en 2011, y quedó a cargo de un archivo para clasificar expedientes viejos. Era notorio en los pasillos de Viamonte 1147 su mal humor, ropa antigua y su "olor a colonia comprada en una farmacia en decadencia".

EL MUNDO DE LA MUJER
Sáenz elaboró el libro en poco más de dos años, en el taller literario de la licenciada Delia Sisro. Admite que jamás lo hubiese terminado sin la enseñanza, dedicación y consejo de ella. Consultado durante el acto de presentación con cuál de los personajes de su obra más se identifica, el fiscal respondió: "Una de las cosas que aprendí es que a cada personaje uno le pone cosas de uno. Me identifico con distintos aspectos de varios personajes. Me pasa algo paradójico: me identifico más con el personaje femenino. Estoy convencido de algo: el mundo de la mujer es mucho más interesante".

Desde hace muchos años Sáenz trataba de hacer algo distinto a la ardua tarea desarrollada en los estrados judiciales. Sabía que había algunas actividades a las cuales decididamente no se podía dedicar, como ser "jugador de fútbol, cantante o cosa por el estilo". Entonces empezó a bucear, aunque sin éxito, en la pintura. Más tarde se decidió por el quehacer literario. En cuanto a la experiencia que le depara la entrega de su primer libro, aclaró: "Lo central que uno aprende son los detalles. El lector tiene que visualizar la escena. De lo contrario, cualquiera la imagina de cualquier forma".

En uno de los tramos de la presentación de "Mucho que contar", y ante una pregunta del público, Sáenz hizo un deslinde entre la redacción de un informe o dictamen, escrito con precisión técnica por un profesional formado en la ciencia del Derecho, con la belleza de la expresión literaria. "Uno se tiene que desdoblar. El lenguaje judicial es insoportable. Son dos carriles totalmente distintos", admitió. "Me estoy soltando. No tengo dudas de eso", consignó.

Sostuvo que se animó a publicar el libro por el nacimiento de su nieta (Elena) y porque en marzo él cumple 60 años. Se viene una nueva etapa en su vida y siente que la escritura va a formar parte de esa experiencia. "No me voy a quedar a vivir en Tribunales", apuntó con fina ironía.

PREPARACION DE UNA NOVELA
Se hicieron presentes en el local Libros del Pasaje, donde se efectuó la presentación de Mucho que contar, familiares de Sáenz, entre ellos su hija Victoria y su nieta Elena. También figuras destacadas del Poder Judicial como el titular del Juzgado Civil 17 Marcelo Gallo Tagle, presidente de la tradicional Asociación de Magistrados y Funcionarios de la Justicia Nacional; el integrante del Tribunal Oral en lo Penal Económico número 1, Cesar Osiris Lemos (caso Samid); el ex juez federal, ex legislador y ex ministro de Seguridad bonaerense, Alberto Piotti; el diputado nacional por Cambiemos Waldo Wolf; los abogados Manuel Romero Victorica (especialista en Derecho Penal) y Máximo Fonrougue (experto en Derecho Administrativo); y los fiscales Marcelo Retes, Patricio Lugones, Mariana García, Marcelo Roma y José Luis Agüero Iturbe.

Hacia el final de la presentación, Sáenz adelantó que está dedicado a la preparación de una novela, la cual tiene previsto publicar el año próximo. Ante una pregunta sobre si tenía pensado escribir un texto relacionado con su valiosa experiencia como representante del Ministerio Público Fiscal, o los entretelones de ciertas causas judiciales de alto impacto, Sáenz respondió: "No lo puedo descartar pero por el momento no lo tengo como una inquietud". Varios de los presentes lograron inferir, en esta respuesta, que Sáenz -sin desmedro de su exigente trabajo en la Fiscalía- se encuentra gratificado con su flamante rol de escritor, y la búsqueda de nuevas formas de expresión literaria.