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De Gramsci a Wos

No importa tanto quien escribe las leyes de los pueblos, como quien escribe sus canciones. La música como acontecimiento cultural no habla de aquello que se vive en una sociedad.

Las complicaciones que atraviesa nuestro país, las graves crisis chilena y boliviana o las recurrentes protestas progresistas, han llevado a muchos jóvenes a querer rebelarse a lo que se les muestra como dominante. En este camino "revolucionario", el cantante argentino de trap Valentín Oliva, mejor conocido como Wos, es un ídolo que encausa a cierta parte de la juventud que se siente perdida en el mundo. 

En su éxito "Canguro", Wos se refiere al sistema narrando la vida del ciudadano corriente: "No para de toser, trabajando doce horas, cobra dos monedas al mes para mantener a cuatro personas. Y no hables de meritocracia, me da gracia… Y no, no hace falta gente que labure más, hace falta que con menos se pueda vivir en paz". Luego, en "Púrpura" realiza una crítica al capitalismo, como una vida de producción para el consumo, sin lugar para los sentimientos. Y habla de la hipocresía de ciertos sectores de la sociedad. Si bien sus reclamos son discutibles, se apoyan sobre algunas verdades: bajos salarios y la falta de respeto a la dignidad humana por parte de los gobiernos. De este modo, moviliza a una juventud que no encontró otro espacio para expresar sus ganas de cambiar la realidad.

Juventud desorientada

Ya decía Aristóteles en La Retórica que los jóvenes son rebeldes por naturaleza. Es lógico que los momentos críticos como el actual sean potenciadores. El panorama regional no es para nada alentador. La cuestión es dónde se buscan las soluciones y dónde se encuentran a los culpables.

El cantante citado está fuertemente influenciado por la dialéctica clasista marxista, el ateísmo y el progresismo cultural. Además, simpatiza por los populismos de izquierda. Cuando canta “Ahora gritamos y cantamos en modo de protesta, porque preguntamos bien y nadie nos dio una respuesta” está visibilizando a un sector de la sociedad que, por diversas razones, no encontró un camino superador de la dialéctica de opresores-oprimidos.

En su tema “Andrómeda” comienza a relativizar cuestiones profundamente humanas. “Quiero morir, pero no sé cómo, quiero vivir, pero no sé cuánto… hay que desarmar los preceptos hechos y tirarse al mar”. En otras canciones refiere al consumo de drogas como un camino válido para desestresarse y encontrar la calma. ¿Acaso no ve posible encontrar la armonía interior en una forma menos dañina?

Entre tanta confusión moral, pareciera que solamente es posible encontrar seguridad contraponiéndose a algo, sin darse cuenta de que es lo mismo que genera las situaciones de crisis. Ese algo multiforme y vacío aplicable a todo lo que se opone a la forma relativista y acomodaticia de vivir. Si bien muchos jóvenes no comparten esta forma de ver la realidad, muchos otros fueron captados por este pensamiento hegemónico y son guiados por la lógica antagonista de la lucha entre dos opuestos. Como toda ideología, no permite ver la realidad de forma integral. Es explícito en una de sus frases más populares: “Acordate donde estás, fíjate siempre de qué lado de la mecha te encontrás”. Si bien es cierto que es importante diferenciar, conocer y sopesar lo malo y lo bueno, reducir las problemáticas sociales a la mera existencia de polos opuestos es un reduccionismo que puede llevar a fanatismos.

Inmanentismo gramsciano

En el estribillo de “Luz delito” dice: “Mírala a la muchacha como besa su rosario, pide al cielo y suspira con su rezo diario, pero se ve que su Dios no escucha a los de su barrio”. Y sigue “Quiero irme de esta tierra, mañana alunizo, a ver si por esos lados encuentro algún paraíso”. Con talento e ironía, niega la trascendencia, y con ello, elimina toda barrera entre lo objetivo y lo subjetivo, hundiendo su cosmovisión en un profundo relativismo. 

Antonio Gramsci, fue el más astuto marxista en conformar una teoría para que el comunismo comenzara a introducirse desde lo cultural. Para lograrlo, el pensador italiano propuso erradicar al cristianismo, y con ello toda idea de lo trascendente, para alcanzar una cosmovisión inmanentista y materialista de la historia que eliminaría la esperanza en cualquier otro tipo de vida sobrenatural, favoreciendo la lucha de clases por la búsqueda de la justicia en el ahora. Por otra parte, Hanna Arendt analizó que "el sujeto ideal para el gobierno totalitario no es el nazi o el comunista convencido, sino la gente para quien la distinción entre hechos y ficción, [entre] verdadero y falso, ya no existe”. El relativismo le abre las puertas al inmanentismo.

Los cambios culturales empiezan desde abajo. Wos es producto y productor de una juventud confundida, que niega la verdad, que niega la existencia del bien objetivo, que quiere modificar al mundo pero que no sabe cómo, y que en esa incertidumbre cae en ideologías dañinas.

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