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1492 y el Ministerio de la Verdad

 

En el mundo distópico de Orwell, el Ministerio de la Verdad se encargaba de reescribir la historia y falseaba los hechos pasados, cuando la situación lo requería. Dos más dos era igual a cinco, si le convenía al partido. 

No por casualidad Orwell denominó Ministerio de la Verdad al que se ocupaba de la mentira, Ministerio de la Paz al que lidiaba con la guerra, Ministerio del Amor al que administraba el miedo y la tortura, y Ministerio de la Abundancia al que sólo distribuía la escasez y el hambre del pueblo. Simplemente juegos adrede del doble pensamiento transmitido por la neolengua.
El profético escritor describió la posverdad, unas cuántas décadas antes de que tuviéramos la experiencia vívida de ella.

EL CAMBIO DE LA HISTORIA
Hace seis años un grupo de ciudadanos autodenominados "Colón en su lugar" se levantó contra el traslado del monumento del navegante, que estaba situado en la plaza de su mismo nombre detrás de la Casa Rosada. Organizaciones de la sociedad civil se unieron en el reclamo, realizaron manifestaciones, recogieron más de 40.000 apoyos explícitos, recurrieron a los tres poderes del Estado nacional y de la Ciudad, pero primó la "corrección política".

El imponente grupo escultórico había sido donado por inmigrantes italianos (y también españoles), la mayoría de condición muy humilde, en ocasión de la celebración del primer Centenario de la Revolución de Mayo.

La ley 5105 de 1907 había dispuesto aceptar la donación señalando explícitamente que el monumento debía ubicarse en la plaza Colón, lugar que fuera elegido especialmente por los donantes, por su valor simbólico. Allí estuvo desde 1921.

Cristóbal Colón, quien fuera en otros tiempos reconocido como el protagonista de una gran epopeya de la humanidad, para el relato potenciado de los primeros años del siglo XXI, pasó a ser uno de los mayores genocidas de la historia.

La destrucción de algunos monumentos a Colón se sucedió en varios países de América con las complicidades de los gobiernos de turno. Del mismo modo, en 2013, soslayando la historia, las leyes y el valor emotivo, el monumento a Colón fue desguazado, abandonado y reconstituido luego de un tiempo, ya no en su lugar original, sino sobre la costa del río de La Plata, frente al aeroparque Jorge Newbery.

LA OTRA HISTORIA
Si bien no le debemos a Colón el descubrimiento de la redondez de la Tierra porque ya Eratóstenes en el sigo III antes de Cristo había realizado unas aproximaciones bastante cercanas a la realidad, fuentes históricas confiables sostienen que los viajes tuvieron un justificativo geopolítico y fundamentalmente evangelizador.

Luis Weckmann, medievalista mexicano, describe a Colón como un hombre profundamente religioso. "Su devoción por la Virgen María es bien conocida, le acompañaba siempre ese breviario de laicos que se llama el Libro de Horas". Continúa diciendo Weckmann que su expresa voluntad era utilizar las riquezas descubiertas en América a reconquistar el Santo Sepulcro, ambición que lo acompañó hasta su muerte.
No olvidemos que eran tiempos próximos a la caída de Constantinopla y seguía vivo el espíritu de las Cruzadas. Las milicias de los "cruzados" se identificaban con dos bandas de tela roja cruzada sobre el pecho, de allí su nombre. Bastante razonable si recordamos las cruces rojas estampadas en las velas de las embarcaciones que llegaron a América...

Según el historiador, durante su tercer viaje, lo obsesionaba la idea del servicio que podría hacer divulgando el santo nombre de Jesús y la fe a los pueblos conquistados.

Lógicamente, como en todo proyecto, entre el pensamiento y la acción no siempre hubo concordancias, ajustes y coherencia. Las luces y las sombras siempre acompañan el existir humano.
Pero de todas maneras, esto sirve a modo de esclarecimiento de porqué la agresión a la figura de Colón implica también un ataque a la acción evangelizadora que siguió al descubrimiento de América; uno de los pilares de nuestra civilización.

Es innegable que desde ese encuentro de dos mundos, sobre todo nuestra América Latina, quedó signada por los valores cristianos. Valores que se amalgamaron constitutivamente en la historia común, aún de quienes no profesan la fe católica, o se dicen ateos.

Reconocer y enaltecer la propia historia no implica subestimar ni discriminar a quienes tienen ancestros autóctonos. Uno de los valores recibidos con la colonización es considerar a todos los seres humanos como hijos de Dios.

Pensar en un idílico 1491 en el que el "buen salvaje" retozaba feliz, sin conflictos y en unión amorosa, casi panteísta, con la naturaleza, es muy poco razonable. Sólo comprensible por la insistencia del "Ministerio de la Verdad". Un pueblo que no respeta ni valora su historia, se queda sin raíces. Sin raíces firmes, va adonde lo lleve el viento. Sin pasado no es posible reconocer la propia identidad. Sin pasado, no es posible proyectarse hacia el futuro.
Y llegamos al día de hoy. Colón ya no está en su lugar. Como muchas otras cosas en nuestro país.


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