La Prensa

Momento de volver a empezar

 


"Un hombre en apuros" ("Un homme pressé", Francia, 2018) Dirección: Hervé Mimran. Guión: Helene Fillieres y Hervé Mimran. Fotografía: Jerome Alméras. Música: Balmorhea. Actores: Fabrice Luchini, Leila Bekhti, Rebecca Marder, Igor Gotesman. Duración: 100 minutos. Calificación: Para mayores de 13 años. 

 

El ejecutivo ideal. Con todas las condiciones del triunfo en sus manos. Efectividad, carisma, brillante discurso y cierta frialdad muy valorada en las altas esferas industriales. Así es Alain Vaclaire, el CEO ideal de una empresa de automotores de primera línea. Alain no sabe de tiempos de diversión, de la familia o la intimidad. Su meta es la empresa. Hasta que un día, lo imprevisto ocurre y desmoronado en el piso, el todopoderoso señor no es más que una de las tantas víctimas de un accidente cerebrovascular. El futuro es una incógnita. Memoria y lenguaje son los afectados.
El filme de Hervé Mimran se nuclea alrededor de la relación que se establece entre la fonoaudióloga encargada de la rehabilitación (Leila Bekhti) y el difícil paciente (Fabrice Luchini), que intenta recuperar todo lo que la gran empresa necesita de sus empleados. 
 
UN CASO PARECIDO
No hace mucho tiempo la cinematografía entregó temas parecidos también basados en temas reales que se convirtieron en éxito. "Amigos por siempre" con Bryan Cranston (el de "Breaking Bad" como el aristócrata corso impedido), se convirtió en éxito basado en la versión original francesa y tuvo su réplica en una encantadora comedia argentina con Oscar Martínez y Rodrigo de la Serna. Claro que aquí la parafernalia de recursos para mejorar al protagonista no es tan alucinada y divertida como la empleada por de la Serna. Leila Bekhti como la fonoaudióloga hace lo que puede para instrumentar técnicas de recuperación y las respuestas de monsieur André constituyen lo más divertido de la película (aunque las más penosas si las vemos sin la cuota de humor) con la aparición de ese metalenguaje que aspira a ser entendido. Humor negro, pero humor al fin.
Inspirada en el caso real de Christian Streiff, un importante ejecutivo francés que manejaba una empresa internacional de 200 mil empleados y que sufrió el mismo accidente en 2008 e intentó ocultar su enfermedad por varios meses a su empresa sin conseguirlo, el filme replantea temas eternos. La valoración de la vida, la importancia de los afectos, la confianza en sí mismo, la frialdad capitalista. Con un desarrollo previsible, André recuperará el afecto de esa familia olvidada por el trabajo y el afecto de una profesional que valora sus esfuerzos y sus ganas de vivir. Todo muy básico con un guión nada creativo que un gran actor, Fabrice Luchini, el Fouché de "El emperador de París" con su dominio dramático y humorismo fino, logra sacar adelante.

Calificación: Buena