La Prensa

"Ser feminista es adoptar la mentalidad de la víctima en relación a los hombres"

ABIGAIL RINE FAVALE VIVIO UNA ASOMBROSA HISTORIA DE CONVERSION

Del feminismo se puede volver. Hay numerosos ejemplos de cambio, incluso de profundas conversiones religiosas. Uno de ellas, muy reciente, ocurrió en Estados Unidos con la joven doctora en letras Abigail Rine Favale. Profesora de literatura inglesa en la Universidad George Fox, donde también dirige el William Penn Honors Program, Rine Favale se crió en un hogar evangélico en el oeste del país. Sin dejar nunca de ser cristiana abrazó el feminismo como si fuera una nueva religión. Hasta que, "inesperadamente", la gracia de Dios la atrajo a la Iglesia en 2014.

Rine Favale, quien está casada y tiene tres hijos, dejó testimonio de esa sorprendente conversión en el libro Into the Deep: An unlikely catholic conversion (2018). También compartió sus impresiones con La Prensa en una entrevista por correo electrónico.

- ¿Por qué se sintió atraída hacia el movimiento feminista?

-Me sentí atraída en la universidad. Tenía el sentimiento profundo de que ser mujer es algo sagrado y significativo, y quería entender más. Me había criado en el cristianismo evangélico, que no daba una respuesta adecuada al significado de lo femenino, así que busqué la respuesta en el feminismo. El evangelismo rechaza o margina los aspectos típicamente femeninos del cosmos cristiano: la Iglesia como Madre; el papel central y duradero de María, la comunión de los santos. El cristianismo de mi juventud era abrumadoramente masculino y eso me empujó al feminismo.

-¿Cuál fue el punto de inflexión que la llevó a la Iglesia?

-A los 20 años el feminismo se había convertido en mi religión. Mi visión esencial del mundo era el feminismo, no el cristianismo. En vez de preocuparme por mi salvación creía que el cristianismo tenía que ser "redimido" del patriarcado, y sentía que mi misión era ser la profetiza que lo consiguiera. Eso provocó una grave crisis espiritual que llegó a su apogeo cerca de los 30 años. Al mismo tiempo fui madre, lo que me causó una profunda transformación personal que empezó a debilitar algunos de mis supuestos feministas. Y en ese momento, la gracia de Dios me atrajo súbita e inesperadamente a la Iglesia.

-¿Ve con más claridad los errores o peligros del feminismo ahora que es católica?

-Uno de los principales problemas con el feminismo es su valorización de la autonomía como virtud modelada a partir del ideal de masculinidad. De modo implícito y a veces explícito, el feminismo afirma que para ser de verdad libres y "empoderadas", las mujeres tienen que parecerse lo máximo posible a los hombres. Por eso el acceso irrestricto a la anticoncepción y el aborto es el tema más acuciante para las feministas. Lo irónico es que eso establece una visión de los derechos de las mujeres que es profundamente incómoda frente a realidades biológicas únicas de las mujeres, como la fertilidad, el embarazo y la maternidad.

-¿Ha encontrado modelos en la riquísima tradición espiritual e intelectual femenina de la Iglesia?

-Sin dudas. Ese es uno de los aspectos que más valoro del catolicismo: que hay tantas mujeres increíbles a las que podemos leer y emular. Mi patrona es Santa Hildegarda de Bingen. También hallé un tesoro en los escritos de católicos del siglo XX sobre el tema de la mujer: las obras de Edith Stein, Adrienne von Speyr, Gertrud von le Fort, Sigrid Undset, la hermana Prudence Allen y San Juan Pablo II. Mi modelo por excelencia es María, la Madre de Dios. Conocerla y amarla me cambió por completo la vida.

-Esta ola mundial feminista coincide con un notable progreso de las mujeres en todos los campos. ¿Puede decirse que el feminismo combate contra un enemigo imaginario?

-En la mentalidad feminista la realidad se interpreta mayormente en términos de poder entre hombres y mujeres, y las mujeres son siempre las que están en desventaja. Como la creencia en la opresión patriarcal es esencial, esa faceta de la realidad nunca puede cambiar de verdad, a pesar de los vastos cambios sociales alineados con los objetivos feministas. Por eso en Occidente ven al "patriarcado" en molestias cada vez menores, como las sutiles microagresiones laborales o el "manspreading" (sentarse con las piernas abiertas) en el subte. Ser feminista es adoptar la mentalidad de la víctima en relación con los hombres, y esa mentalidad tiende a perpetuarse.

-Hoy es difícil ser hombre y crítico del feminismo. "Para hablar hay que tener útero", suele repetirse. ¿Qué opina de esa frase?

-La frase revela el lado ideológico del feminismo, que con demasiada frecuencia se resiste al diálogo, al examen crítico, a las voces disidentes y que excluye a los hombres de los debates sobre la reproducción. Sin embargo, agregaría que valoro la frase porque afirma una conexión entre la femineidad y el cuerpo femenino, una idea que cada vez se ha vuelto más controvertida en Estados Unidos, donde los hombres pueden decir que son mujeres, y viceversa, al margen de la realidad de su cuerpo. Por eso es alentador que se reconozca que la biología femenina importa. Aun así, la frase pasa por alto la foto completa de la interdependencia entre hombres y mujeres. A todos nos concierne el tema de la vida humana y la manera en que nacen los seres humanos, por lo tanto las voces femeninas y masculinas deben tener una parte activa en el diálogo.

JM