La Prensa

El sindicalismo como enemigo del progreso

La reforma laboral es necesaria ya que se necesita encarar la industrialización del país sobre bases competitivas.

 

Uno de los rasgos patentes del sindicalismo argentino es el populismo, pero rechaza la revolución tal como es entendida por anarquistas, socialistas o comunistas, aunque, muchas veces, como amenaza, esgrime posturas que recuerdan tácticas de esas corrientes de pensamiento. El populismo del sindicalismo en Argentina, se encuentra más cerca del corporativismo. No tienen conciencia de clase sino conciencia estatista.

El presidente Mauricio Macrí catalogó como prepotentes a varios sindicalistas como Moyano, Palazzo, y Biró, entre otros. Dio un ejemplo de lo que cuesta mantener una empresa del Estado: "Hoy Aerolíneas le sigue costando más de 2.000 millones de pesos por mes a los argentinos que no vuelan", refiriéndose a los conflictos gremiales y los métodos muchas veces violentos a los que recurren, como sucedió en un episodio en Virreyes, donde hubo trompadas, tiros y muertes.

Los líderes sindicales argentinos, tendrían que preocuparse por mejorar la calidad de vida de sus afiliados. En el siglo XXI es increíble que no se den cuenta que el sistema capitalista es el que permite prosperar y mejorar las condiciones laborales de los trabajadores. Los instrumentos tradicionales del poder sindical, la negociación colectiva y el paro han perdido la fuerza porque empeoran la industria y aumentan el desempleo. Ante los malos resultados no encuentran otra solución que culpar solo al Gobierno, de la crisis y el desempleo, ocultando siempre, la responsabilidad sindical.

Promueven leyes que protegen a las industrias evitando la competencia extranjera, defienden leyes de contenido nacionalista y los impuestos a la importación, oponiéndose a cualquier esfuerzo del Gobierno a reducir barreras comerciales que obstruyen la llegada de importaciones. Se valen de piquetes para apoyar legislaciones o medidas que evitan el cierre de plantas, y subsidien empresas en problemas, fuertemente sindicalizadas.

LACRIMOGENOS
Tienen un discurso lacrimógeno: catalogan a los empresarios como explotadores de los discriminados trabajadores a quienes los sindicatos defienden y representan valientemente para inclinar a su favor a la opinión pública. Es una estrategia probada y que siempre da resultados, es así como miles de personas creen que los sindicatos y legisladores laborales mejoraron las condiciones de vida y salarios mediante huelgas, amenazas de huelgas o restricciones legislativas. Es sorprendente que se nieguen a creer que el progreso de los trabajadores se debe al incremento enorme de la productividad, gracias al aumento de la inversión de capital por trabajador que permitió la introducción de tecnología, herramientas y equipos.
Es indudable que donde los sindicatos hicieron declinar la producción, por cualquier razón, se mantuvieron las tasas salariales y las condiciones de trabajo por debajo de de lo que habría ocurrido de otro modo. Hay muchos ejemplos que muestran el deterioro de las condiciones económicas en países con sindicatos poderosos.

Aquí se exige más salario a la vez que se reduce la aportación de trabajo. En los países capitalistas se eleva la productividad de la mano de obra aumentando de este modo los salarios y mejora de la calidad de vida de los trabajadores.
Los incrementos salariales debieran pactarse a cambio de mayor productividad, apelando a la negociación particularizada por empresa.

EFECTO INFLACIONARIO

Todas las normas que incrementan los costos laborales con alcance general, sobrellevan un efecto inflacionario, por lo cual el Congreso no debe dictar normas otorgando tantos beneficios sociales de dudosa efectividad.

Las deficiencias del sistema laboral junto a normas obstructivas de la producción hacen que caiga el poder adquisitivo de los salarios. No es posible ningún plan antiinflacionario exitoso sino se modifican las estructuras jurídicas socioeconómicas entre las cuales se encuentra el sistema laboral.
La apertura económica que se ha refleja en el tratado con la Unión Europea, la integración de nuestro país en el marco regional y mundial, nos obliga a que nuestro sistema laboral responda con flexibilidad a los requerimientos de la competencia. La rigidez que lo caracteriza impide que nuestras empresas compitan con los países vecinos y con otros, donde sea necesario llegar al mercado mundial.

La reforma laboral debe ser integral respondiendo a cada uno de los problemas que suscita, aportando de este modo, a un real beneficio de los trabajadores y de la sociedad en su conjunto. Para ello se debiera terminar con la errónea idea de que el Estado debe tener una importante papel en la economía en vez de limitarse a una presencia simplemente moderadora. La Argentina ha sido un país orientado durante gran parte del siglo XX y aún en la actualidad con una política hacia adentro, no pudo ser beneficiada por las ganancias derivadas del comercio. 

Corea del Sur, Taiwan, Singapur, han disfrutado de elevadas tasas de crecimiento económico por haber adoptado políticas orientadas hacia afuera. O sea, el nivel de vida de un país depende de su capacidad para producir bienes y servicios por lo cual un gobierno debe dedicarse a aumentar la capacidad productiva del país, fomentando la rápida acumulación de factores de producción y garantizando se empleen lo más eficazmente posible. El Estado debe ayudar a la mano invisible manteniendo al menos, los derechos de propiedad y la estabilidad política

MODELO VIRREYES

Los líderes sindicales no ayudan en Argentina. Los acontecimientos de días atrás en Virreyes, muestran la calidad de la clase dirigente. Tiros, pelea, muertes en busca de afiliados, en vez de preocuparse por los trabajadores, negociar con los empresarios condiciones favorables de salarios y pensar en que se formen en el trabajo y se capaciten para mejorar.

Los sindicatos y el sector empresarial deben dejar de desarrollarse a costa del Estado y del sector privado, que no se encuentra en condiciones de proveer los recursos para su funcionamiento.
En la situación actual se requiere voluntad y coraje para tomar decisiones difíciles. La reforma laboral es necesaria ya que se necesita encarar la industrialización del país sobre bases competitivas. Un sistema de elevada protección aduanera y un sistema laboral que asuste al inversor no permiten la adaptación a la eficiencia ni la competencia llevando a un grave peligro, la autarquía industrial.

Perder el empleo es uno de los acontecimientos más angustiantes en la vida de una persona, produce ansiedad sobre el futuro y se pierde la confianza en uno mismo. Los sindicatos con su política de pretender subir los salarios por encima del nivel vigente en los mercados competitivos reducen la demanda de trabajo, hacen que aumente el desempleo entre otros males. 

El próximo Gobierno necesitará de una actitud comprometida tanto de ellos como de las fuerzas políticas y empresarias para lograr algunos objetivos concretos, como bajar la inflación y otros males que no permiten despegar. Todos tendrán que ayudar a que se respeten valores fundamentales que evitan la violencia como método para resolver los conflictos políticos y conspiraciones contra el Gobierno.

La Argentina necesita de un sistema democrático estable, caracterizado por un consenso general acerca de la importancia de comportamientos y actitudes políticas que respeten las reglas de juego basados en la moderación, la tolerancia, la negociación y el diálogo político, como así también la búsqueda de consenso en metas fundamentales para mejorar la política y la economía.

* Miembro de Número de la Academia Argentina de la Historia. Miembro del Instituto de Economía de la Academia de Ciencias. Morales y Políticas. Premio a la Libertad 2013 (Fundación Atlas). Autora de "El Crepúsculo Argentino" (Ed Lumiere, 2006).