La Prensa

Ante la muerte de De la Rúa: ¿Cuál fue el significado de su gobierno?

Llegó a la Presidencia subido a la ola antinoventista de la cual el Frepaso y su Jefe, Carlos Alvarez, fueron su más alta expresión. Radicales y frepasistas forjaron la Alianza. Pero no fue De la Rúa el candidato ideal para esa formación. Alfonsín lo hubiera hecho mejor, por su corazón progresista, pero su gobierno había terminado tan mal que era preciso no mentar al diablo en las puertas del cielo.

 

Para decirlo rápido y de una vez. La Alianza fue un disparate de comienzo a fin. Desde aquel recital de cantores populares, autodenominados progresistas, que tomados de la mano engalanaron la noche de la asunción, hasta la muerte en calles y plazas, no pasó mucho tiempo pero si el suficiente para sumir a la Patria en una crisis descomunal. Dueño de una personalidad apacible y cancina y al parecer distante, fue al mismo tiempo según su ex nuera, Shakira, una persona recta, honesta y por sobre todo tierna en el fondo de su alma. Los que lo conocían más íntimamente sabían de su placer por el bonsái, técnica de enanizar a los árboles, que practicaba con fruición en su quinta de Villa Rosa. Estuve en una ocasión sentado a su lado en una cena donde había varios comensales, habló muy poco y cuando lo hizo no miraba a su interlocutor. Falto de carisma parecía alejado de las cosas. Creció a la sombra del viejo estilo de los radicales del 40.

Llegó a la Presidencia subido a la ola antinoventista de la cual el Frepaso y su Jefe, Carlos Alvarez, fueron su más alta expresión. Radicales y frepasistas forjaron la Alianza. Pero no fue De la Rúa el candidato ideal para esa formación. Alfonsín lo hubiera hecho mejor, por su corazón progresista, pero su gobierno había terminado tan mal que era preciso no mentar al diablo en las puertas del cielo.

PATAS PARA ARRIBA
Todo estaba confundido. Patas para arriba. Los dos partidos tradicionales habían perdido su identidad, pues la caída del Muro de Berlín cuestionó hasta la raíz los valores identitarios de ambos. Carlos Menem adecuó el peronismo a la época que le tocó vivir, alejándose de las viejas tradiciones peronistas. Alfonsín hablaba de la estafa por la venta de las joyas de la abuela, el Frepaso lloraba el alejamiento argentino de los Países no Alineados, y todos protestaban por las relaciones "carnales", la convertibilidad, la desregulación, Bunge y Born y la familia Alsogaray.

El excesivo gasto del Estado corrió paralelo a la liviandad y frivolidad de un gobierno que se creía del primer mundo afirmaba el progresismo y sectores del establishment, sin embargo un investigador de alto vuelo afirmaba: "Pero lo cierto fue que si el gasto aumentó, lo que básicamente aumentó fue la recaudación, de 10 mil millones en 1990 se pasó a 48 mil millones en 1995" (Roberto Cortés Conde. La Nación 13/11/2000)

Por su parte el economista Eduardo Basualdo en su libro Concentración y Centralización del capital en la Argentina, observó: "La notable importancia que adquieren las privatizaciones en términos de la incidencia estructural y de la rentabilidad, hizo que los grupos económicos repatriaran durante esos años una parte significativa de los ingentes recursos que habían fugado al exterior desde 1979 en adelante y que se encontraban invertidos en diversas colocaciones financieras, incluso bonos de la deuda externa argentina. Las estimaciones oficiales más recientes indican que las inversiones foráneas que se efectuaron entre 1990 y 1999 rondan los 120 mil millones de dólares, la mitad de los cuales se canalizó hacia la compra de activos públicos y privados existentes y la otra mitad hacia la instalación de nuevos establecimientos y empresas en las más diversas ramas de la actividad". Por eso algunos radicales miraron con cierta simpatía lo realizado por Menem. Pero todo era tan nuevo y extraño que los partidos educados para otra época se desarticulaban y sus identidades desaparecían.

FORMACION ESTRAFALARIA
Para entender como terminó la Alianza primero hay que comprender lo estrafalario de su formación. Se constituyeron como una reacción ideológico-política a los noventa. A Beatriz Sarlo, como asesora de Graciela Fernández Meijide, Carlos Altamirano, Torcuato Di Tella hay que adicionarles profesores, periodistas, cantautores, sociólogos, actores y gente bien pensante que en tropel concurrieron a dar su voto de fe y esperanza al Frepaso. Oscar Ozlak, Hilda Sábato, Fortunato Mallimacci, Mempo Giardinelli, Adriana Puiggros, Mario Cafiero, Leopoldo Moreau, Federico Storani, fueron apenas unas gotas en el inmenso mar de adherentes. Leon Rozitchner, intelectual de izquierda rabiosa, apuntaba "Supongo que un gobierno de la Alianza va a ser mejor que el de Menem, no se necesita mucho". La excitación intelectual abrazaba al conjunto del progresismo:"Yo acompañé de cerca y con simpatía el proceso que se inició con la creación del Frente en 1993 y que culminó con la constitución de la Alianza. Me inclino a ver todo este proceso como un hecho positivo", afirmaba Carlos Altamirano.
Por su lado Beatriz Sarlo aseguraba que se metió en el Frepaso porque esa situación de campaña electoral le resultaba interesante. La Alianza se había construido para destruir lo realizado en los 90 o en el mejor de los casos confrontar contra ese firmamento ideológico. El discurso construido por el progresismo no captaba la realidad descripta por Cortes Conde y Basualdo. Se negaban a verla.

PRESA DE INCOHERENCIAS
¿Pero De La Rúa estaba ahí para eso? No, de ninguna manera se debatía en la contradicción del discurso de origen y la profundidad de su pensamiento.
Desde el comienzo la Alianza fue presa de sus incoherencias. Y esto no debe perderse de vista a la luz de las contradicciones que envuelven a la fórmula kirchnerista actual.
Sus principales cuadros políticos e intelectuales abrumaban con el asunto de vendieron las joyas de la abuela, malversaron las empresas del Estado que tanto nos costó fundar, entregaron el patrimonio nacional. Pero nada hicieron para revertirlo. De modo que todo era chamuyo. Fue un gobierno parlanchín. Nada para atrás, nada para adelante. En lo económico se encargaron de aumentar los problemas heredados. El doctor Nicolás Gallo, ministro de De la Rúa, afirmó en enero del 2002: "El error del primer impuestazo de Machinea ha sido reconocido por todos en un momento en que la curva de recesión había cambiado de pendiente se la mató de un golpe, en base a una visión muy ortodoxa de reducir el déficit fiscal".

El déficit fiscal dejado por Menem era alto aunque nunca se supo a ciencia cierta de cuanto se trataba y de su peso real en la economía del país. Lo cierto que el ministro Machinea renunció y fue convocado Ricardo López Murphy quien intentó llevar a delante una reforma económica apoyada en la reducción de los gastos del Estado, las jubilaciones, las universidades, la salud. El rechazo fue generalizado especialmente al interior de la Alianza inundado de progresistas. El programa liberal de López Murphy duró quince días.

A todo esto el Jefe del Frepaso, Carlos Alvarez y vicepresidente ya había renunciado en octubre de 2000.
De a poquito este gobierno sin identidad clara, más que su antimenemismo y clara orientación progresista, a excepción de De La Rúa y algunos radicales, se fue deshilachando.

DESCONCIERTO TERMINAL
Los sectores empresarios nunca comprendieron la dirección política de esta experiencia. A decir verdad nadie la entendió. El desconcierto fue terminal cuando recurrieron a Domingo Cavallo como nuevo Ministro de Economía. La decisión no era fácil había que desandar el camino. Como explicar a sus votantes progres el retorno del "Demonio". De la Rúa intentaba solucionar los problemas en los términos políticos de la década anterior. Pero el horno no estaba para bollos. Cavallo aceptó sin comprender el clima imperante en el país y en América Latina. El comunismo derrotado en el 89 bajo su forma más cruel y despiadada, la burocracia soviética, renacía bajo la forma de progresismo, una izquierda light y descafeinada con ciertos planteos democráticos asentada en sectores culturales y universitarios que se haría fuerte durante la primera década del siglo XXI.

La agrupación universitaria de Axel Kicillof "Tontos pero no Tanto", de clara orientación marxista, le ganaba el Centro de Estudiantes de Ciencias Económicas a Franja Morada en el año 2001.
Todo estaba desmadrado. El Frepaso en la oposición, Alfonsín se alejaba de su gobierno y el peronismo en manos de Duhalde aseguraba que Menem era le expresión criolla del capitalismo salvaje de Ronald Reagan y Margaret Thatcher. La partidocracia se unía contra los noventa y contra De la Rúa, dejando aislado al gobierno nacional. ¡Cuánta razón tiene Shakira cuando en su recordatorio habla de traiciones y desilusiones!.

Para colmo de males en las elecciones de octubre del 2001 el voto en blanco superó el 20%. El descrédito de la política abría el camino al que se vayan todos.
Sin embargo llegado a este punto hay que hacer un ejercicio de auténtica sinceridad política, lo que estaba pasando más allá de la delicada situación económica era el mortal rechazo de la elite intelectual argentina a la década del 90, no en sus aspectos delictuales que los hubo y por escándalo, sino en el copernicano cambio cultural que significó el menemismo. El cambio fue tan vertiginoso que encontró mal parado a la gente bien pensante. De la Rúa fue arrasado por esta ola retro.

Hasta el día de hoy el conflicto continúa. La caída de De la Rúa debe entenderse a mi ver como un movimiento que apoyado en una crisis real construyó un relato progresista sesgado a la centro izquierda que habilitó doce años de kirchnerismo. En términos que habitualmente usa la izquierda se trató de una verdadera contrarrevolución que elevó al poder al retroprogresismo. Esto es una visión izquierdizante cuyo objetivo fue y es retrotraer las cosas a los años dorados del capitalismo de la Guerra Fría. La influencia del historiador británico Eric Hobsbawm fue fatal para la élite frepasista y naturalmente para la intelectualidad kirchnerista.