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Paso a Paso

Ya se inicia la campaña electoral 2019. Una pequeña parte de la población comenzará a sacar a la luz sus grandezas y miserias, tratarán de convencer al resto con sus propuestas o con los beneficios que les reportarían votarlos. Algunos pondrán en la vidriera sus joyas preciadas. Otros espejitos de colores. Mientras tanto, la mayor parte de la población mirará ¿desconcertada? ¿ilusionada? ¿convencida? ¿engañada? ¿decepcionada?

Más allá de los sentimientos que esto genere estamos ante actos humanos que implican decisiones que involucran a la ética. A cada derecho le corresponde un deber. Y así, como votar es nuestro derecho, también tenemos el deber de hacerlo con responsabilidad.

UN VOTO VALE UN VOTO

En nuestro sistema electoral, los mayores de 18 y menores de 70 años están obligados a emitir su preferencia entre los candidatos propuestos. Los adolescentes de 16 y 17 y los mayores de 70 no están obligados, pero, si deciden ejercer el derecho, no se los exime de la responsabilidad consecuente.
El primer deber es la información. Es necesario conocer para decidir. Evaluar el contexto y tomar una opción conciente. "A mí no me interesa la política", "yo no sé nada de esto", "no le creo a nadie", "son todos iguales". no son argumentos válidos para evadir la responsabilidad. Calmará un poco la culpabilidad personal. Pero no aminora la culpa objetiva. En la urna es cuantitativamente idéntico un voto meditado, que uno irresponsable. Y del mismo modo nos afecta a todos. 

Aunque muchas veces olvidado, el sistema representativo de gobierno es una forma de lograr el bien común de la sociedad. El estado al servicio de los ciudadanos y no al revés, es uno de los puntos que no se deberían negociar. En lo que a cada uno compete, hacerlo lo mejor posible es un deber moral. 

EL PRIMER DERECHO

Es verdad que la elección de un candidato no se decide por un solo tema. Hay una variedad de cuestiones a considerar: la economía, la educación, la salud, el medioambiente, la infraestructura, la libertad de expresión y un largo etcétera. Pero en una escala de valores, si del bien común de las personas se trata, no se puede soslayar que el derecho a la vida es el primero que hay que salvaguardar. Sin vida no hay posibilidad de abastecerse de los bienes materiales básicos, ni acceder a una educación de calidad, ni prevenir y curarse de los males físicos y psíquicos, ni gozar de un ambiente limpio, ni transitar en forma segura, ni expresarse libremente. 

Por lo tanto, conocer la postura de los candidatos respecto de la legalización del aborto, no es un tema menor. 

EL VOTO CELESTE

Ser celeste no es solo defender al niño por nacer, es una opción de vida que no negocia con ideologías que no respetan la vida humana desde la concepción hasta su muerte natural, que denigran a la familia heterosexual y monogámica, que restringen el derecho de los padres a la educación de sus hijos y anteponen el privilegio de grupos sectarios sobre el bien común.

Una primera reflexión, nos lleva a diferenciar los cargos a cubrir. No es lo mismo un cargo ejecutivo que uno legislativo. No solo porque sus funciones son diferentes, sino porque la posibilidad de que las personas que cubran esos cargos incidan en las políticas públicas, también será distinta. 

En la elección de presidente y vice solo sería coherente votar a quienes, en caso de que una ley de aborto sea aprobada por el poder legislativo, estén decididos a vetarla. 

En el caso de los cargos legislativos, en una lista en la que los favorables a las dos vidas están mezclados habría que analizar si el voto emitido, también colaboraría con el ingreso de abortistas a las cámaras. 

Otra cuestión que no podemos dejar de tomar en cuenta es la coyuntura actual. No es lo mismo haber votado a alguien favorable a la legalización del aborto, en tiempos en que no estaba abierto el debate sobre el derecho a la vida. Estamos en escenarios distintos y la prudencia exige que evaluemos esta situación particular. 

En las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) del 11 de agosto el panorama es bastante claro: una persona que está a favor de las dos vidas, si quiere ser fiel a sus principios, no puede alentar a candidatos que apoyen la despenalización y legalización del aborto, ni que admita los protocolos de Interrupción Legal del Embarazo como legítimos.

Luego de las PASO pueden presentarse otros dilemas éticos. Pero no nos adelantemos. Iremos reflexionando conforme los escenarios que se presenten.

Lo sentenció Joubert en el siglo XVIII y sigue vigente: "Como la dicha de un pueblo depende de ser bien gobernado, la elección de sus gobernantes pide una reflexión profunda". 

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