La Prensa

Un campeón con poco aderezo

Le ganó a Perú y cerró un torneo con escaso nivel futbolístico. Recibió apenas un gol en su arco, pero su juego no levantó vuelo. No fue casualidad que la fiesta durara muy poco en el Maracaná.

Nada sorpresivo y mucho inexpresivo a la vez es el resumen de este campeón de la Copa América 2019. Brasil la hizo, la cocinó y la definió hasta con ayuda del VAR y con las decisiones arbitrales, como el penal impresentable que dio Roberto Tobar en el final, que ni el VAR logró que cambiara la decisión. Brasil fue campeón, pero casi sin fiesta, que terminó muy rápido, con un tufillo extraño en el ambiente después de la polémica con Messi a la cabeza.

Equipo extraño el de Tite. Con un ADN distinto al que se conoce históricamente de la verdeamarelha. No luce, no avasalla al rival, se defiende mucho, aunque no siempre de la mejor manera. Y usted preguntará ¿por qué entonces es campeón? Porque le alcanza con lo poco que tiene. Es que levantó el trofeo mayor porque dentro de la mediocridad tuvo alguna que otra primavera más que el resto. Poco y nada.
Fue silbado en muchos tramos de la Copa América por los torcedores golpeados por semejante afrenta a aquel fútbol que durante décadas dominó en el mundo. Hoy domina en el continente por la ausencia de potencias y no tanto por sus propias fortalezas.

Este Brasil no es el de Pelé, Gerson, Jairzinho, tampoco tiene un Zico, Falcao, Toninho Cerezo, un Bebeto, Romario, Ronaldo, Ronaldinho, Rivaldo. Nada de eso. Ya no tiene malabaristas como aquellos,que bailaban con la redonda, que irradiaban alegría. Si hasta daban ganas de aplaudirlos pese a que uno los sufría.

Brasil no ha escapado a la descenso de materia prima, que genera apariciones de estrellas en cuentagotas. No es una casualidad que Dani Alves continúe vigente y se haya constituido en el líder de este equipo de Tite.

Brasil le ganó a Perú sin sobrarle nada absolutamente. En muchos momentos sintió la zozobra debajo de sus pies, en otros se vio superado, pero se defendió, esa fue su principal virtud. Por eso quienes hemos visto selecciones verdeamarelhas no disfrutamos esto que entrega la realidad, que a su vez nos pone de cara a lo crudo del presente. Que reine un Brasil como el actual, indica que el fútbol sudamericano está en bancarrota.

Un Brasil casi de papel, que desparramó más tristezas que alegrías. Sin aderezos que daban ganar de degustarlo. Algunos echarán mano a que se cayó Neymar antes de la Copa, aunque el presente de Ney no invitaba a creer que lo sacaría del foso. Para eso hace falta mucha magia. En definitiva, no está mal que Brasil se haya quedado con el título. Pero es triste y empuja a la fútbol del continente a reflexionar profundamente.