La Prensa

El lado político de San Martín

Beatriz Bragoni presenta una equilibrada biografía del prócer, alejada del bronce y el mito. La historiadora consiguió en su libro una valiosa reconstrucción del periplo militar y político del Libertador. También desmenuza las operaciones intelectuales que lo ubicaron en la cúspide del panteón nacional argentino.

En 1826, San Martín se encontraba instalado en Bruselas, Bélgica. A fines de ese año le escribe una extensa carta a su amigo y colaborador Tomás Guido. En ella le comunica que le hará entrega de los archivos que documentan su actuación pública. Y le pide que recién vean la luz luego de su muerte porque "los hombres juzgan de lo pasado según la verdadera justicia y lo presente según sus intereses (...) ¿Ignora Ud. -le dice San Martín- que de los tres tercios de habitantes de que se compone el mundo dos y medio son necios y el resto pícaros con muy poca excepción de hombres de bien? Sentado este axioma de eterna verdad, usted debe saber que yo no me apresuraré a satisfacer semejante clase de gentes: pues yo estoy seguro que los honrados me harán justicia a que yo me creo merecedor".

La historia demostró la clara visión de la realidad que tenía el máximo prócer de la Argentina. Hoy en día, a 169 años de su muerte, debido a las diferentes construcciones y usos político-históricos que se hizo de su nombre, aún cuesta tener una visión equilibrada de su actividad tanto política, militar como privada.
En su reciente libro San Martín - Una biografía política del Libertador (Edhasa, 335 páginas), Beatriz Bragoni presenta un trabajo que procura develar los hilos múltiples que vinculan al protagonista con el ambiente y la sociedad, y capturar sus convicciones políticas en conexión a las prácticas concretas, y no como resultado de conceptos definidos de antemano.
Bragoni -doctora en historia por la UBA, profesora en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Cuyo, investigadora del Conicet y Académica correspondiente de la Academia Nacional de Historia- sostiene que el objetivo central de su investigación fue tomar una deliberada distancia del respetable registro que modeló la imagen del héroe de Chacabuco y Maipú forjada por Bartolomé Mitre, a quien la historia de San Martín le permitía proyectar la revolución rioplatense y la invención republicana a escala continental, y de la clave interpretativa creada por Ricardo Rojas que equipara la vida del Libertador con la de un santo laico, convirtiéndola en prototipo de virtudes morales dignas de emular. Visiones, ambas, con una cuestionable capacidad de transformar los errores en aciertos.

UN EJEMPLO

La historiadora logra ofrecer no sólo una biografía equilibrada del "prócer preferido de los argentinos" basado en un amplio material recopilado tanto en archivos locales como extranjeros y minuciosamente detallado; sino también brinda un verdadero ejemplo de investigación histórica seria, documentada y académica de alto nivel.

En definitiva ofrece una reconstrucción del periplo político y guerrero de San Martín, lejos del bronce, como el nutrido repertorio de operaciones intelectuales y políticas que lo ubicaron en la cúspide del panteón nacional argentino. Un verdadero viaje por la historia que deja la posibilidad de las conclusiones al lector. A continuación el diálogo mantenido con La Prensa:

-¿Cuánto tiempo le llevó la investigación?

-Demandó 7 años en sentido estricto; en 2010 había publicado una versión más breve que me incitó a emprender una investigación de más largo aliento para responder algunas preguntas que habían quedado en el tintero: en particular, la razón que condujo a San Martín a abandonar el teatro sudamericano sin haber concluido la guerra, y afianzado la independencia sudamericana. Descifrar ese enigma suponía interpretar el contexto de la decisión, y sopesar argumentos volcados en el nutrido epistolario que jalonó el tiempo de lo que San Martín llamó "ostracismo voluntario". Ese cotejo tuvo como norte controlar las interpretaciones generalmente admitidas basadas en los regulares "renunciamientos", lo cual permitió recolocar dos cuestiones importantes: admitir que la asociación entre independencia y monarquía no había enraizado en América; y el peso de esa frustración o fracaso en la evaluación de la conducta pública por parte de los contemporáneos, y la generación que le siguió. 

-¿Cuáles fueron las fuentes y archivos que consultó?

-Utilicé un amplio repertorio de fuentes editas, e inéditas. En particular, el Archivo San Martín editado en tiempos del Centenario de Mayo, y la monumental edición que desde 1954 lleva a cabo el Instituto Sanmartiniano, verdadera cantera de información sobre la vida pública de San Martín. Las consultas en archivos locales, españoles, y sobre todo franceses, fueron importantes. Esta última fue muy valiosa para entender la circulación de San Martín en Inglaterra, Bruselas y París en el tránsito de la Europa legitimista al de las revoluciones liberales de 1830. Ese cambio de régimen favoreció su radicación en Francia, y será la mirada sobre los Estados de América realizada desde la atalaya de la monarquía de Julio la que permite entender mejor sus concepciones sobre la prioridad que obtuvo el orden frente a las libertades públicas, la preferencia por sistemas políticos centralizados, y la monarquía constitucional.

-¿Encontró documentos que le hayan llamado la atención?

-La documentación producida (o recepcionada) por San Martín es muy valiosa en sí misma. Sin embargo, al priorizar su atenta ubicación en el contexto de producción, esto es, el momento en que escribe y vuelca sus opiniones, emanan cuestiones atractivas. Por ejemplo, resultó muy eficaz cotejar su firme oposición al federalismo en cuanto lo interpretaba como sinónimo de "anarquía", y las epístolas que dirigió a Estanislao López para que declinara su oposición en beneficio del sistema de unidad expresado en el formato centralista acuñado por el Congreso cuya constitución juró el 25 de mayo de 1819 en Mendoza. También resultó interesante interpretar la correspondencia que mantuvo con el capitán francés Lafond y extraer de ella las razones que lo condujeron a intercambiar papeles que gravitaron en la famosa y controversial epístola fechada en 1822 que fundamentó la tesis argentina sobre el "enigma de Guayaquil". 

DESCUBRIMIENTOS

-¿La investigación modificó de alguna manera la imagen original que tenía de San Martín?

-La investigación permitió descubrir aspectos poco analizados en biografías previas: en particular, el San Martín político emergió como evidencia sugestiva. Un ejercicio político que se hace evidente al momento de hacer pie en Mendoza (dado que el cargo de gobernador-intendente fue el primero que ejerció en su vida pública). El modo que condicionó la obediencia al gobierno central a la convocatoria del Congreso general para declarar la independencia; la distinción entre obediencia al gobierno de la capital y la desobediencia a Alvear, su rival en la logia y en el gobierno; el modo que condicionó e hizo valer sus credenciales militares hasta 1819. Así también, el contraste de las decisiones de los hermanos San Martín (todos enrolados en la carrera militar en España) fue relevante para descifrar la opción por América y la permanencia de los hermanos en la península. Un asunto crucial que permite evaluar el peso de las decisiones personales, y las condiciones de posibilidad en un contexto incierto. Al respecto, la trayectoria de su hermano Justo Rufino resulta ejemplar: su inclinación por los liberales, que se visualiza claramente en el trayecto posterior a 1814, su inserción entre los liberales-españoles, ex josefinos, exiliados en Francia y la militancia a favor de los constitucionalistas y de su hermano (el líder de la revolución sudamericana) ante los ministros de Carlos X.

-¿Hubo algún período que fuera más difícil o confuso para investigar?

-La porción menos documentada de San Martín es la de su vida en España; y la decisión que lo condujo a integrar la logia en Cádiz, jurar por sus preceptos en Londres y emprender el viaje a Buenos Aires, es decir, su opción por América. La dificultad reside en que no existe correspondencia o información en primera persona. Están por supuesto, su foja de servicios, la distinción de Bailén, la mención de la Gaceta ministerial de Sevilla, pero lo que digo es que San Martín no fundamentó esas decisiones, aunque visitó ese tramo de su vida como "recuerdo" o justificación del trayecto político posterior.

-¿Qué etapa de San Martín le parece más apasionante?

-Creo que los últimos meses de la organización del ejército constituyen un capítulo subyugante: sobre todo cuando se lo coloca en perspectiva rioplatense, sudamericana y atlántica. La paciente y tenaz reunión de recursos e información: el cálculo realizado para surtir de víveres y armas; la leva, sus coacciones y concesiones; el control o vigilia ejercidos sobre hombres y mujeres; la red de espionaje tras la cordillera. Una sincronía de acciones que permite apreciar una ingeniería no sólo militar sino sobre todo política. Una política motorizada, sin duda, por el patriotismo revolucionario es la que hace comprensible semejante osadía individual y colectiva. Otro momento enigmático lo constituye el capitulo de su vida ya retirado, y en el que bascula o duda entre volver a su "Patria", o residir en Europa, más precisamente en Francia donde había querido residir desde 1824 pero que el régimen de Carlos X había vetado. Son años intensos, de urgencias económicas, de reflexiones sobre el honor y la gloria, cálculos e iniciativas frustradas por conseguir reintegrarse a la vida pública, y la convicción que su tiempo político en América había concluido.

-A su entender, ¿cuáles fueron los momentos más complicados o difíciles que debió enfrentar San Martín en su vida?

-Tengo la impresión que el momento más difícil fue el año 1823. La salida de Lima tuvo enorme impacto: no sólo porque perdió el apoyo de oficiales y amigos; también porque tuvo que idear estrategias de remplazo para reencauzar su vida y la de su pequeña hija. Tampoco el año 1819 fue sencillo porque estaba advertido que la decisión de pasar a Chile, y no poner la fuerza militar al servicio de la guerra contra los federales del Litoral, suponía romper con los aliados que había tenido. El Cruce de los Andes, sobre todo en la víspera, lo dejo sin dormir más de una noche: emprender la marcha en ese contexto cuando la revolución rioplatense era la única que sobrevivía en el subcontinente, era una empresa desafiante y riesgosa. Dio cuenta de ello antes de partir, y durante la marcha: los oficios a Pueyrredón, y el parte de guerra de Chacabuco constituyen testimonios firmes de la incertidumbre previa y de la satisfacción (y alivio) ante el éxito militar. 

-¿Se puede hablar de ideas políticas de San Martín?

-Resulta bastante común aludir que las ideas políticas de San Martín se ubican en el magma de la Ilustración, y que mantuvo sin vacilaciones la opción por la independencia; pero es menos frecuente referir a sus convicciones políticas en cuanto se inclinaron decididamente por la monarquía constitucional, y las formas centralizadas (y no federales) de gobierno. La historiografía argentina tendió por mucho tiempo a subvalorar tales preferencias en vista a exaltar un republicanismo difícil de documentar. Será justamente la historiografía peruana la que exhume los documentos que dan cuenta de ella, las cuales incluyen la controvertida misión diplomática dispuesta por el Consejo de Estado que lideraba, destinada a buscar un príncipe europeo para encabezar el edificio independiente peruano en la Navidad de 1821. Es importante también subrayar la vocación confederativa de San Martín (mediada por la pluma de Monteagudo, su ministro de guerra) como fórmula institucional propicia para federar las nacientes comunidades independientes emanadas del colapso imperial español. 

-¿Cuándo comenzó a elaborarse el mito sobre San Martín y con qué fines?

-Los románticos argentinos (Sarmiento, Alberdi, Gutiérrez y Mitre) cumplieron un papel primordial en el rescate de la figura de San Martín, y en su colocación en la cúspide del panteón nacional. Las operaciones intelectuales y políticas que emprendieron antes y después de la caída de Rosas (que incluyen notas periodísticas, biografías breves, monumentos, etc.), vertebraron la liturgia oficial en vista a crear lazos de pertenencia con el Estado nacional. Un héroe para la nación a edificar y cuya ausencia en las guerras civiles que siguieron al momento de la independencia, lo erigía en candidato idóneo y en símbolo de la unidad nacional por encima de cualquier partido o facción. Sin embargo, resulta interesante considerar que dicho rescate, es decir, la puesta en valor de su figura, no fue un asunto desconocido por el general. Y es allí donde me interesó detectar las iniciativas personales (y de su familia) orientadas a cincelar de manera selectiva la red de recuerdos sobre su trayectoria sudamericana...Allí la carta que San Martín cursó al mariscal Castilla adquirió un valor especial porque habló en primera persona, y bosquejó la médula de su testamento político despojado ya del monarquismo que había enturbiado su desempeño público. Esa contundente evidencia me permitió entender lo que había latido sin denuedo desde su fracaso en Lima. Y allí tomó mejor forma la conjetura sobre la intervención sanmartiniana en el montaje de la imagen que los románticos argentinos edificaron de manera progresiva. Un proceso vinculado a un ejercicio de memoria selectiva y en interacción con cronistas, memorialistas y publicistas enrolados en la empresa de crear una cultura e identidad nacional.

-¿Cuál es el mensaje principal que el argentino actual debe extraer y valorar del legado del máximo prócer?

-No tengo claro si hay un solo mensaje; más cuando no estuvo en mi ánimo abonar el suelo reivindicativo que suele impregnar operaciones historiográficas que mantienen vigente el carácter pedagógico cívico de la historia nacional. Lo que si estaría en condiciones de afirmar es que cualquier evaluación del desempeño sanmartiniano invita a ser interpretado en su contexto. Y es aquí donde la vida de San Martín se convierte en un mirador privilegiado para entender el trayecto de un personaje comprendido entre dos mundos: Europa y América en la encrucijada del fin de imperios ibéricos, los efectos de las revoluciones liberales y la explosión de nacionalismos sin naciones constituidas en el temprano siglo XIX.