La Prensa

La novela de un buen guionista

Después de la caída

Por Dennis Lehane
Salamandra. 460 páginas

Una mentira literaria injustificable en la primera frase, un diálogo hacia el final que justifica todo el libro (aunque tiene 460 páginas), un argumento atrapante pero disperso que no cierra bien. Entre las muchas síntesis que podrían hacerse del último trabajo literario de Dennis Lehane esta quizás sea la más cercana a sus méritos reales.

Lehane es un guionista de éxito -The Wire, Boardwalk Empire, The Drop- y un novelista de gran adaptabilidad al cine: Mistic River y Shutter Island. Publicó en 2017 Después de la caída, que acaba de ser traducida al español y muy probablemente se convierta en celuloide a corto plazo. Esta futura metamorfosis explica tal vez las desprolijidades del presente trabajo de un narrador profesional, más preocupado por su impacto en la platea que por su coherencia interna.

En esta oportunidad aborda la historia de un estafador que se enamora de una ingenua con trastornos psicológicos. El título en inglés de la obra es Since we fell. Hace alusión a una canción popular: "Since I fell with you".

En ese contexto el verbo "to fall" equivale a enamorarse y quedar a merced de la persona amada. Esto le pasa a Brian con Rachel, periodista despistada, hija de una madre dominante y de un padre que la abandonó muy pequeña y al que busca de modo obsesivo.

Si bien el oficio de embaucador parece incompatible con el sentimentalismo, el hábil Brian se enamora perdidamente de Rachel que es una especie de Madame Bovary "posmo" de la costa Este norteamericana. Después de perder su trabajo como periodista de televisión y a su marido por haber sufrido un ataque de pánico ante las cámaras se encierra en su casa, presa de ataques de agorafobia.
De esa situación la rescata Brian al que por toda retribución le pega un tiro. Hay tramos en que la línea argumental parece una montaña rusa. Todo esto, sin embargo, podría quedar redimido por un pasaje que evoca los memorables diálogos de Chandler.

Los desajustes o inverosimilitudes de personajes centrales como Brian o Rachel son compensados por la acertada pintura de uno secundario, Ned, asesino a sueldo impasible y cínico.

Hacia el final de la historia Ned yace herido en el suelo a merced de Rachel a la que había intentado matar en dos oportunidades. En ese momento Rachel se entera de que Ned acaba de matar a su amiga Haya, madre de un bebé de pocos meses y se produce la siguiente escena:

"-¿Por qué teníais que matarla? Le preguntó a Ned al llegar hasta él.

Ned llevó una mano a la herida e hizo presión. Una de las balas -a saber cuál- le había entrado por la espalda y salido por la cadera derecha.

-Prima por rendimiento- contestó.

Por la boca de Rachel salió algo parecido a una risotada.

-¿Qué has dicho?

Ned asintió con la cabeza.

-Lo que nos pagan por hora es una miseria. Trabajamos por incentivo."

Después de seguir hablando un rato Rachel lo liquida de un tiro en el cuello.

El género negro es un fenómeno literario llevado incontables veces al cine o la TV con resultados desparejos. Esto ocurre porque la violencia extrema puede ser sugerida, pero no mostrada en forma directa sin el riesgo de caer en la parodia.

En este terreno Lehane es también es desparejo. Conoce bien los bajos fondos de Boston, la principal materia de su obra, pero no siempre los representa de manera convincente. Hay una distancia entre el guión y la novela que no alcanza a cubrir su capacidad de narrador y que demuestra que se trata de géneros con exigencias distintas aunque puedan ser usados para contar las mismas historias.