La Prensa

Ale Langer, cocina discreta y en movimiento

El chef habló con La Prensa acerca de su original propuesta gastronómica, que fusiona exquisitos platos con arte y música en lugares insólitos y secretos de Buenos Aires. Su última experiencia fue en las cúpulas de un edificio centenario ubicado en la Avenida de Mayo.

En un estacionamiento abandonado o en un departamento elegante en avenida del Libertador, junto a 20 personas o sólo con tu acompañante. Así es la propuesta de Cocina Discreta, que encabeza el chef Ale Langer: un lugar secreto e insólito de Buenos Aires, siempre acompañado por música, arte y deliciosa comida. “Hoy estoy realizando una idea que venía alimentando hace años, de un restaurante en movimiento que trabaje desde la visión artística de una experiencia”, contó a La Prensa.

- ¿Cómo nació ‘Cocina Discreta’?

Empezó hace 11 años, en el 2007, después de un viaje. Estuve casi dos años viajando por Oriente, estuve en India mucho tiempo. Volví con la idea de compartir todas las experiencias que había vivido. Soy una persona muy inquieta. Siempre trabajé en cocina, me gusta mucho la fotografía. Mi padre era cineasta y mi madre cocinera de pasión. Los dos eran de escuchar mucha música, mucho jazz. Mamé todo eso de muy chico, entonces siempre me interesó todo lo vinculado con la cultura y la cocina. Tuve la suerte de que todos los lugares donde viví fueron centros de encuentro. Llegaba alguien y enseguida ponía música y me ponía a cocinar algo mientras charlábamos. Así, por más de que tuviera un living hermoso, la cocina era el foco de la reunión. Hasta que un día me dijeron “tenemos unos amigos de afuera a los que les gustaría conocerte y comer algo”. Finalmente vinieron una noche, eran personas que yo no conocía y estaban en mi casa sorprendidos. Buena comida, música, charla y vinos. Ahí se me ocurrió lo de abrirlo para más gente. Empecé a generar lo que era la propuesta a ‘puertas cerradas’, en su momento no existía el concepto como ahora, éramos dos o tres propuestas nada más. Las personas venían a casa, en la zona donde están los outlets en Villa Crespo, y se encontraban con un lugar donde había una pequeña muestra de arte y la cocina era a la vista.

- ¿No había nada parecido en otras partes?

Si bien la idea ya estaba en otros lugares, tenés los paladares en Cuba o los ‘speakeasy’ en Estados Unidos, ésto era distinto. En los paladares cubanos vas a una casa y comés con la familia, acá vos tenés tu lugar. Además, es un espacio de libertinaje para el chef, que no quiere estar más encerrado en la estructura de un restaurante y de un menú. Puede estar ahí.

- Compartir la experiencia…

Exacto. Es como cuando llega alguien a tu casa y querés mostrarle el nuevo cuadro que te compraste o la nueva música que conociste. Yo hago eso con la cocina también. Te encontrás con cosas en común y con las personas.

- ¿Cómo armás el menú?

Lo iba variando cada 15 días, según los productos de cada estación. Cociné de todo, comencé con algo sencillo y después más elaborado, también pasé por lo vanguardista. Ahora estoy volviendo a los rústico, pero con un toque de contemporáneo. Le doy un poco de modernidad a recetas clásicas o rescatadas de mi familia. Por ejemplo, el menú que estoy preparando para los eventos que vienen es un besugo empanado en panko, es como si fuera una milanesa de pescado, pero tiene algo especial. Tiene una cocción con una emulsión de manteca con romero y ajo, sale con un ragú de hinojos. Todo con una linda presentación, pero sin perder lo sencillo. Que la gente vea innovación en el plato, pero que cuando lo coma lo lleve a su infancia.

- Hablaste de rescatar recetas familiares, ¿cuáles son?

Tengo una de mi abuela, que es de Europa. Es una sopa a base de papa y cebolla, casi quemada que le da un color oscuro, y unos ñoquis de masa. Es increíble.

- ¿Cómo se evolucionó de la modalidad ‘puertas cerradas’, en la cocina de tu casa, a empezar a cocinar en lugares insólitos de Buenos Aires como las cúpulas de un edificio antiguo?

Con el puertas cerradas estuve siete años, siempre en el mismo lugar que era mi casa. Además de recibir muchos extranjeros por la novedad de la propuesta, empezó a llegar mucha gente del teatro y músicos. Generé una afinidad con los artistas y comencé a trabajar con ellos. Fui productor de músicos y ahí me plantee un nuevo desafío que era querer vincular la gastronomía contemporánea con la movida cultural de Argentina en eventos vanguardistas. Así, abrí un lugar en San Telmo, en Chile y Bolívar, que era un loft enorme con una terraza donde laburaba con unos chicos que se llaman ‘Al ver, verás’, ellos hacen proyecciones en edificios con música en vivo. Lo hacíamos todos los fines de semana, a la par que seguía con el puertas cerradas, que lo mudé a Palermo a una casa de dos pisos que se llamó Casa Córdoba Experience. Estaba lo gastronómico, pero después se convertía en club nocturno. Este proyecto duró dos años, hasta septiembre del año pasado que fue cuando decidí dejar de hacer la experiencia en un lugar fijo y surgió la idea de armar el restaurante sólo para momentos específicos.

- ¿Por qué tomaste la decisión?

Porque para mi la cena no es únicamente el plato, sino también todo lo que pasa alrededor y busco trabajar con todos esos detalles. Además, creo que es lo que se viene por la situación actual y lo difícil que es mantener, en cuanto a costos, un restó. Actualmente llevar a cabo cualquier propuesta gastronómica es un desafío enorme. Hoy estoy realizando una idea que venía alimentando hace años, de un restaurante en movimiento que trabaje desde la visión artística de una experiencia.

En un estacionamiento abandonado o en un departamento elegante en avenida del Libertador, junto a 20 personas o solo con tu acompañante. Así es la innovadora propuesta a la que únicamente se accede por mail (contact@lacocinadiscreta.com) o redes sociales (@cocinadiscreta): un lugar insólito y secreto -no se devela dónde será, solo se da una dirección-, siempre acompañado por música, arte y un menú hecho con dedicación.

La última experiencia que realizó Langer fue en las cúpulas del centenario edificio La Inmobiliaria ubicado a metros del Congreso de la Nación. Ofreció una cena de cinco pasos con platos de cocina contemporánea: una Vichyssoise (sopa tibia de puerros); langostinos con leche de coco, salsa de ostras y ralladura de limón; besugo en panko emulsionado en manteca y romero; lomo con pimienta y espuma de papa; y un lingote de lima, crema de café de whisky y leche frita. En cuanto a la bebida, vinos Trumpeter reserva y espumantes españoles Freixenet. La velada contó con una intervención teatral a cargo del director Juan Parodi e interpretada por la actriz y cantante Daniela Horovitz. La música fue otra protagonista con el intérprete Federico Cabral, quien realizó un show en vivo, y el DJ Quinta, que cerró la noche.

“La ‘Noche de Cúpulas’ superó todas nuestras expectativas. La repercusión fue enorme tanto en los medios de prensa como en el público. Hemos respondido más de 1.500 consultas y han quedado afuera, sin posibilidad de reservar, más de 400 personas”, dijo Langer, que contó con el apoyo Diquint, una de las empresas de catering más importantes del país cuyo dueño es Raúl Zaccardi, y la coproducción de Ana y Verónica Groch. “Fue un evento que pensamos para sólo 30 invitados por noche y aunque el cubierto sea razonable por la calidad, el contenido y lo que incluye, sabemos que no resulta hoy día un precio accesible y que sea fácil de vender”, admitió y destacó el chef.