La Prensa

2020: Inicio de recuperación o comienzo de depresión

POR DANIEL ARTANA * 

El desempeño de la economía argentina durante 2019 será bastante malo. El PIB se contraerá alrededor de 1,5% y la inflación será del orden de 40%, aún a pesar de que los factores externos han sido moderadamente favorables -básicamente por el impacto de la normalización de la cosecha luego de la sequía de 2018.

Ello ha ocurrido, en parte, como consecuencia de la sobreactuación en la política económica para ganar algo de confiabilidad. Así, se duplicó el ritmo de consolidación fiscal previsto originalmente (de 1% del PIB de mejora en el balance primario a 2%) y se congeló la base monetaria, produciendo un aumento en la tasa real de interés exÑante que, para empresas de primera línea, pasó de algo menos de 1% mensual en 2017 a más de 4% en octubre/noviembre de 2018.

La reducción al 2% mensual observada en febrero probó ser transitoria. Con políticas monetaria y fiscal contractivas, la economía podía expandirse si había mucha suerte con las variables externas relevantes (cosa que no ocurrió) o se generaba un boom de confianza.

La incertidumbre electoral, que se traslada a cuáles serán las decisiones de política económica luego de que asuma el nuevo gobierno, impidió que hubiera alguna compensación. De hecho, el aumento del riesgo país de la Argentina en relación a los de Ecuador o Ucrania en alrededor de 300 puntos básicos desde mediados de febrero a hoy sugiere que existe un factor idiosincrático que no depende de la evolución de la economía.

Pero ello abre la puerta para que el año 2020 sea mejor. En la medida en que se visualice que la Argentina no intentará retornar al populismo, pero esta vez sin recursos, y que está dispuesta a continuar consolidando el frente fiscal y avanzando algo en reformas estructurales, ese plus de riesgo debería desaparecer, abriendo la puerta para normalizar el acceso al financiamiento del sector público y del privado.

Además, un horizonte más despejado debería alentar una recuperación de la construcción privada aprovechando que el costo en dólares se ubica hoy 30% por debajo de lo observado durante el año 2017. En otras palabras, el año próximo se podría "capitalizar" el sobreajuste que hubo que hacer en 2019 como consecuencia de la incertidumbre excesiva. Pero no hay margen para una aventura populista.

POPULISMO

Un ejercicio interesante es analizar lo que ocurrió entre 2003 y 2005 para comprender que hoy no hay espacio para lograr un resultado similar (ver cuadro adjunto). El punto de partida era un superávit externo de 8% del PIB en 2002 (la economía estaba sobreajustada); en 2020 se partirá de un déficit del orden de 1% del PIB, sostenible pero que no permite recuperar PIB y Consumo a tasas elevadas. Nótese que en 2003 y 2004 las importaciones aumentaron a un ritmo anual de alrededor de 60%; hoy no podría repetirse una expansión siquiera de la mitad de esa cifra sin colisionar antes con un faltante de divisas importante.
En aquel momento las exportaciones se recuperaron a una tasa anual del 16% ayudadas por una mejora en el precio de la soja y por un incremento notable del PIB de Brasil medido en dólares. No parece que esa suerte pueda repetirse. Y el tipo de cambio real pudo apreciarse, ya que se partía de un nivel alto en 2002 (76 pesos a valores de hoy).

Además, el resultado fiscal primario ya era superavitario en el año 2002 (1,7% del PIB) y continuó mejorando hasta 3,6% del PIB en 2004 y como se pagaba sólo una parte de los intereses, el resultado global superó los 2 puntos del PIB en ese año. En el mejor de los casos, el punto de partida en 2020 será un déficit de alrededor de 3,5% del PIB.

Un intento de forzar una recuperación rápida de la economía dentro de un programa distribucionista chocaría contra la falta de financiamiento externo y la escasez de reservas del BCRA. En cambio, un programa que evite la tentación de atrasar nuevamente el tipo de cambio real, que continúe la consolidación fiscal y avance en reformas estructurales tiene muchas mejores chances de recuperar la economía en forma sustentable.

* Economista de FIEL.