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Como en aquel billete de 1 peso moneda nacional

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Entre los grandes intelectuales de la historia se encuentran los sofistas, con fama de ser una especie de "mercenarios del saber", dado que sometían la enseñanza de conocimientos subjetivos a una retribución económica. En la antigua Atenas las actividades humanas por excelencia eran la política y la retórica.

Mientras los filósofos buscaban la verdad de las cosas, ellos se dedicaban a estudiar estrategias argumentativas para que su discurso sea aclamado en el areópago. Ofrecían sus servicios a quienes necesitaban defender una causa, no importaba que fuera cierta o falsa. De todas maneras, no creían que hubiera una verdad única y objetiva, o por lo menos que la razón humana no la podría llegar a conocer y comunicar. Por lo tanto, no habiendo nada verdadero, nada podría ser falso o injusto o inmoral. Lo que les importaba era la opinión sobre la realidad, no el conocimiento objetivo. "El hombre es la medida de todas las cosas" decía Protágoras. La cuestión era utilizar bien el lenguaje para convencer. Hoy diríamos de él, que era un buen exponente de la posverdad. 

LA JUSTICIA COMO SOFISMA

El primero en oponerse a los sofistas fue Sócrates. También se interesó por temas que hacían a la vida social y anhelaba descubrir la verdad que había detrás de ellos. En la obra "La República", de Platón, Sócrates dialoga con los sofistas para intentar dilucidar un conocimiento objetivo de lo que es la justicia: ¿justicia es legalidad?, ¿es hacer el bien a los amigos y el mal a los enemigos?, ¿lo justo es lo que le conviene al más fuerte? 

MANIPULACION DE LAS VOLUNTADES

Los grandes temas humanos siguen siendo tan vigentes hoy como ayer. Volvamos al siglo XXI.
Siempre fue difícil transmitir un hecho en un tiempo acotado, sobre todo cuando es complejo. La noticia tiene que circular rápido y sus comunicadores maniobrar para contar su aspecto más interesante.

También se cuelan otros intereses, personales, políticos, económicos o sociales. 
Desde hace un tiempo gran parte de la población se dio cuenta de que no siempre lo que dicen los medios de comunicación son verdades, aunque sean parcializadas, sino que también dicen mentiras, a veces con fundamentos reales, pero mentiras al fin. No es una novedad decir que los medios mienten, sobre todo las grandes corporaciones, pero si es nuevo el hecho de que ya muchas personas lo estén comprobando. Algunos medios que claramente responden a grandes poderes, se han esmerado en atacar a los valores fundantes de nuestra cultura, queriendo reemplazarlos por ideas foráneas que ridiculizan y se ensañan con quienes defienden los valores objetivos. Los medios se están encargando de que cada vez menos personas defiendan los valores cristianos, y a los que persisten les hacen creer que su esfuerzo es como el de Hércules contra Hidra.

Como si esto fuera poco, para generar una debacle cultural, la escuela, como institución política encargada de formar un ideal de ciudadano, tiene el monopolio de los lineamientos mínimos que se deben enseñar a los estudiantes. Las ideas de izquierda han sabido entrar en estos centros de formación forjando una necesidad de rebelión contra lo natural, o para ellos "lo tradicionalmente construido".
Siempre que se manipula la verdad se está manipulando a la persona que la oye. Eso es muy injusto.

LA JUSTICIA PARCIAL

Sócrates respondió a los sofistas que un valor tan noble como la justicia no puede subordinarse a las ideas de un gobernante o a las percepciones personales, por lo que acude a la naturaleza de la persona para aproximarse a una definición, y dirá que la justicia es darle a cada uno lo que le corresponde. Nos merecemos la verdad.

"La verdad os hará libres" dice el evangelista San Juan, y así es, vivir en la verdad es lo que nos permite ser verdaderamente libres y consecutivamente virtuosos, pero en un mundo viciado por la hegemonía de una "cosmovisión" parcializada, quien defiende la justicia y los valores objetivos está condenado a vivir como un mártir. Estamos viviendo una etapa en la que ya no se respetan las certezas. Como en Cipolletti, en donde un médico que salva la vida de una madre y la de su bebé es juzgado por razones ideológicas, las misma que absolvieron a una médica abortista que mató a la paciente Keyla Jones, y en otro plano, la justicia demora un juicio a un político corrupto, evidenciando conveniencias políticas, no solo para la parte acusada. Como cuando se celebra que los jueces fallen "con perspectiva de género". Hoy la justicia persigue fines ideológicos, ya no es ciega, como en aquel billete de un peso moneda nacional.


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