La Prensa

Aventuras en el mundo del arte

Entrevista a Matilde Asensi, que regresa con "Sakura".

Matilde Asensi volvió al ruedo. Después de cuatro años de silencio, la exitosísima autora española de novelas históricas y de aventuras presenta Sakura, su más reciente historia, una trama desarrollada entre Francia y Japón y en la que se dan cita Van Gogh, el arte impresionista, los grabadores nipones del siglo XIX, el moderno mercado de subastas y una implacable venganza póstuma.

Quien ha sido definida como "la Arturo Pérez-Reverte mujer" no decepcionará a sus admiradores. Sakura (El Ateneo, 416 páginas) tiene todas las marcas del género. Diálogos ágiles, sobreabundancia de peripecias y una buscada dosificación del suspenso que la autora asegura haber adquirido de las actuales series de televisión, de la que se confiesa gran consumidora. Aunque el modelo bien podría remontarse a la época del folletín, venerable antecesor de ese recurso.

Como ocurre siempre en los libros de Asensi, la trama gira en torno de un enigma histórico. Esta vez se trata del destino del Retrato del doctor Gachet, la última -y, para algunos, la mayor- obra maestra de Van Gogh. En la vida real el cuadro lo compró el millonario japonés Ryoei Saito en una subasta en 1990. Poco después, fastidiado por la presión del fisco nipón, el comprador anunció que la obra desaparecería con él. Saito murió en 1996 y desde entonces nada se ha sabido del cuadro.

En Sakura, Asensi imagina a cinco personajes (uno de ellos, el narrador en primera persona) que son convocados por unos misteriosos empresarios japoneses para dar con el retrato. Pero primero deberán cumplir con unas exigentes pruebas dejadas a modo de trampa por el propio Saito antes de morir. Primero en Francia y luego en Japón se las verán con túneles, catacumbas, pasadizos, armas ninjas y la difícil convivencia dentro del grupo.

LA SEMILLA

Sakura es la undécima novela de Asensi (Alicante, 1962). Formada como periodista, debutó en la literatura en 1999 con El salón de ámbar. Su mayor éxito fue El último Catón (2001), que la hizo famosa en todo el mundo. En total, sus libros vendieron unos veinte millones de ejemplares y fueron traducidos a 15 idiomas. Curiosamente, no ha sido llevada a las pantallas.

Envuelta en la exigente promoción de Sakura, Asensi respondió por correo electrónico a las preguntas que le acercó este diario sobre esa última novela y sus gustos y métodos como escritora de un género tan popular como desdeñado por la crítica.

-¿Cuál fue el punto de partida que la llevó a escribir la historia de Sakura?

-Leyendo el libro El subastador de Simón de Pury, encontré de forma casual la historia del multimillonario japonés Ryoei Saito que, posiblemente, se hizo incinerar con el Retrato del doctor Gachet de Vincent Van Gogh. Me impactó mucho y quedé atrapada de inmediato y me puse a investigar.

DOCUMENTACION

-Se nota en la novela un evidente trabajo de documentación (se habla mucho de impresionismo, de Van Gogh, del arte y la historia japonesa). ¿Qué tanto empeño puso en el aspecto documental al escribir este y otros libros?

-La documentación es muy importante en todas mis novelas, es lo que más tiempo me lleva y lo que más me gusta. Tomo notas, hago cuadros sinópticos como cuando estudiaba en el instituto. Tengo una pared de corcho en la que puedo ver gráficamente el plot, ver a los personajes. Esa idea la saqué de Proust que quería aislarse del ruido y forró de corcho una habitación. Yo he estado allí en su casa del Boulevard Haussmann y me inspiró. Es uno de mis autores favoritos.

-Usted reivindica con énfasis los libros de aventuras. ¿Tiene algún modelo dentro del género, alguien, de cualquier época, al que sigue como escritora?

-Yo decidí escribir aventuras cuando salió El nombre de la rosa de Umberto Eco. Estaba estudiando periodismo en Barcelona. Me lo regalaron y no lo pude dejar, no fui a clase, no desayuné, no comí, no hice otra cosa hasta que lo terminé. Fue como un campanazo en la cabeza. Más que modelos soy una gran lectora, leo mucho y diferente, la verdad es que leer para documentarme para mis libros es uno de los grandes placeres de la vida.

-¿Cuáles diría que son sus mayores virtudes a la hora de escribir?

-Me gusta transmitir la pasión que siento por las historias que escribo, creo que funciono en la escritura como un impresionista, con brochazos. He aprendido a escribir diálogos, a describir sin cansar, estudio el ritmo, hay días en que escribes y todo tiene música y otros no y hay que pulir. Lo que busco es sobre todo la música. Proust escribía con una melodía y una fluidez que era miel. Vargas llosa también lo tiene. Yo no sé si tengo ese virtuosismo pero aspiro a escribir bien.

-Las novelas de aventuras suelen ser desdeñadas por la crítica y la academia. ¿A qué lo atribuye?

-Cuando empecé a publicar la crítica no me valoraba. Dijeron que hacia literatura efímera, eso fue con El salón de ámbar mi primera novela y 20 años después se sigue vendiendo. Afortunadamente los lectores han respaldado siempre mis obras.

-Las escenas, los constantes cambios de lugar, las descripciones tienen mucho de visual en Sakura. ¿Cuánto ha influido el lenguaje cinematográfico en usted a la hora de escribir?

-Soy una gran consumidora de series de televisión y he aprendido mucho de esa técnica. Me gusta jugar con el lector y sorprenderlo, sobre todo con el desenlace. Mi objetivo es que al leer mi libro el lector caiga en un ensueño y llevarlo de la mano suavemente, sin que tropiece con nada, porque sé que si tropieza puedo perderlo.