La Prensa

Las manos de Serguéi Rajmáninov

Nacido en el seno de una familia de la nobleza, Serguéi Rajmáninov se formó en el Conservatorio de Moscú. Nikolai Zverev, uno de sus profesores, lo alentaba para la ejecución del piano por su capacidad técnica y rítmica... y por sus enormes manos.

Serguéi Rajmáninov nació el 1 de abril de 1873, en Starorussky Uyezd, en el Imperio Ruso de Alejandro II. Estudió con profesores como Nikolai Zverev y Alexandr Siloti, con el objetivo de convertirse en compositor, contrariando la opinión de sus maestros que le aconsejaban que se dedicara exclusivamente a la ejecución del piano, instrumento en el que demostraba destreza, además de contar con una amplitud en sus manos que le permitían abarcar un intervalo de trecena en el teclado (es decir, que con una mano podía tocar hasta doce teclas). Tocaba complejas composiciones con solo oírlas una vez.

Las composiciones de Rajmáninov muestran una marcada influencia de Chopin, Liszt y Tchaikovsky, que lo enmarcan dentro de un estilo del romanticismo tardío. A pesar que los críticos de la época las encontraban algo monótonas, sus obras están entre las más interpretadas de la primera mitad del siglo XX.

De angulosos y toscos rasgos faciales, una altura notable, fueron sus manos las que llamaron atención de algunos autores, que atribuyen esta característica a una manifestación del síndrome de Marfan, que presenta la aracnodactilia (dedos largos y delgados) como rasgo particular.

Sin embargo, Rajmáninov no evidenciaba otras características clínicas de Marfan, como la escoliosis, esternón que sobresale o se hunde, ni alteraciones oculares o complicaciones cardíacas.

Tampoco mostró signos de acropaquia (dedos en forma de palillos de tambor) ni alteraciones cutáneas que pudieran relacionarse con el síndrome de Marfan. Hoy se podría descartar por análisis genético de los restos de Rajmáninov.

OTRAS HIPOTESIS

La aracnodactilia también llevó a suponer que podía tratarse del síndrome de Beal (aracnodactilia contractural congénita). Pero no hay referencias de que algún miembro de su familia tuviera las manos especialmente grandes, por lo que se descarta la aracnodactilia familiar.

Ramachandran y Aronson piensan que podría tratarse de una acromegalia. Los partidarios de esta hipótesis señalan diversos episodios de depresión (que se asocian frecuentemente a la acromegalia).

La primera depresión del pianista fue tras el estreno de su Primera Sinfonía, que fue abucheada y muy criticada tras una penosa interpretación dirigida por Aleksandr Glazunov, en estado de embriaguez. Serguéi cayó en una profunda depresión, dejó de componer y de tocar. Con la ayuda del Dr. Nikolai Dahl, pudo recuperarse. En agradecimiento, Rajmáninov dedicó su Concierto Nº 2 para piano y orquesta a Dahl.

Después de que la monarquía zarista fuese derrocada durante la Revolución de febrero, en 1917, Rusia fue declarada República bajo el Gobierno provisional ruso. Rajmáninov abandonó su país y nunca más volvería, pero la nostalgia le causaba habituales episodios de depresión.

En 1912 el artista debió suspender un concierto por un intenso dolor de manos. Se atribuyó la hinchazón de sus manos a acromegalia, aunque también la existencia de un síndrome de túnel carpiano pudo ser la causa. El melanoma maligno que le diagnosticaron en 1942 tiene mayor incidencia en los pacientes con acromegalia.

Durante una gira en 1942, por un malestar Serguéi debió acudir a un hospital. Luego de practicarle una biopsia en unas lesiones negras en su piel, le diagnosticaron melanoma maligno. Cuando el pianista se enfrentó con el infausto pronóstico, exclamó con un suspiro: "Mis queridas manos... Adiós, mis pobres manos!"

Poco tiempo después, el 28 de marzo de 1943, moría en la casa que había comprado un año antes en Beverly Hills, California, cuatro días antes de cumplir los setenta años. En su último concierto (17 de febrero de 1943) quiso tocar la Sonata Nro. 2 para piano de Chopin, que incluye la famosa Marcha Fúnebre. Se despedía de su público y anunciaba su pronto final.

En su lecho de muerte decía que oía una música muy cerca. Cuando le dijeron que no había música, exclamó: "¡¡Entonces la música está en mi cabeza!!"
Omar López Mato