La Prensa

Escandalosa profanación de la Virgen con un pañuelo verde

El ministro de Justicia, Germán Garavano, y el secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj deberían intervenir ante semejante agravio a la Santísima Virgen María.

 

Una escandalosa ofensa a la Santísima Virgen María es perpetrada desde el viernes pasado en la antigua Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Una escultura de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, con un pañuelo verde pintado sobre el rostro, símbolo que identifica al movimiento abortista, se exhibe en la librería de ese predio, hoy Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti de Buenos Aires, hasta donde fue llevada en procesión en el Día de la Mujer por las calles del barrio de Núñez. Un agravio a la Madre de Dios que no puede tolerarse.

Esta profanación, obra de la artista Silvia Lucero, es expuesta con motivo de una muestra feminista colectiva titulada Para todes, tode (Plan de lucha), curada por Kekena Corvalan, y los organizadores planean pasearla otra vez por las calles el 11 de abril.

¿Qué esperan el ministro de Justicia, Germán Garavano, y el secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj, para intervenir y hacer que esta injuria a la Santísima Virgen María cese de inmediato? Esta exposición en un lugar público administrado por el Estado hiere la sensibilidad de todos los católicos argentinos. Es inconcebible que las autoridades permitan esta ofensa en una Nación católica como la nuestra, en un país donde esa es la religión oficial del Estado.

Si estos funcionarios no están movidos por el celo religioso, al menos es esperable que velen por el bien común. ¿Acaso habrían dejado pasar un minuto si el ataque hubiese sido contra otra religión? ¿O la corrección política, que tanto desvela a nuestra dirigencia, los habría hecho salir también a ellos en forma atropellada a ver quién actuaba primero?

Se echa en falta que truene la voz de los obispos para defender la honra de nuestra Madre mancillada en esta parodia.
Hasta ahora sólo grupos de católicos como la organización provida Marcha de los Escarpines efectuaron actos de desagravio público a Nuestra Señora, un espíritu al que adhirieron en las últimas horas también la Asociación de Abogados por la Justicia y la Concordia y el Centro de Estudios en Historia, Política y Derechos Humanos de Salta. Otra vez los laicos solos, como ovejas sin pastor, como sucedió el año pasado en el comienzo del trámite parlamentario del proyecto de ley sobre el aborto.

Dos mujeres, Miriam Arbizu y Georgina Arbizu, denunciaron ante la comisaría del sector al director del centro cultural, Alejandro Kurland, por el delito de "incitar a la violencia y la discriminación" y por considerar el acto como una "ofensa religiosa" y "una violación del primer derecho humano", según reportó la agencia católica de noticias Aciprensa.

No fue la única ofensa a la Virgen durante el pasado viernes, Día de la Mujer. Pero es una que permanece, con altivez, a la vista de todos.

La escultura busca instrumentar el culto mariano para una revolución de signo contrario, que quiere socavar la moral de la población e impulsar la agenda de la muerte. Una vil perversión de la imagen de nuestra Madre santísima, "la llena de gracia", ejemplo de pureza, de santidad y de aceptación de la voluntad divina, que con su sí libre y confiado ("hágase en mí según tu palabra") inauguró la Sagrada Familia, modelo y referencia para todo cristiano.

A la espera de que las autoridades finalmente reaccionen, no perdamos de vista las palabras de Nuestra Señora de Fátima a Sor Lucía: "Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas, que los hombres ingratos me clavan continuamente con blasfemias e ingratitudes. Tú al menos procura consolarme".