La Prensa

Algunas delicias del verano en la ciudad

Acuarelas porteñas- "Aquí se mezquina en los detalles. Prevalece el lucro por encima de la esencia".

 

Para el esforzado ciudadano porteño, ha llegado o pasado el tiempo de las vacaciones estivales. Este año, nada de soñar destinos exóticos como Aruba, Bora Bora, Vietnam (salvo para la pareja presidencial y sus hijas, que en estas horas debe estar regresando de los lejanos paraísos asiáticos) ni la generosa Miami, menos tropical de lo habitual. Ni cruzar el océano en pos de afectos extrañados en el gélida Europa. Ni siquiera ha sido fácil llegar a los destinos regionales, y la ausencia de la tradicional y exuberante argentinidad en las playas cariocas, esteñas, o las frías aguas del Pacífico, en los arrecifes chilenos o las islas colombianas, ha sido notoria. 

Los privilegiados que lograron trasponer las fronteras hacia Punta del Este, Buzios, Guaruja o Viña del Mar, Cartagena y adyacencias, regresan haciendo cuentas para ver como lograrán saldar las deudas contraídas, las arcas exhaustas y las tarjetas deshilachadas. Pocos hacen alarde de la hazaña como otrora y enfrentan la nueva temporada con gesto hosco, o austero, a elección.

Las cifras del turismo muestran una realidad insoslayable. Record de vuelos low cost de cabotaje, mucho miniturismo, y escapadas tipo finde largo para la mayoría. 

La economía nos ha hecho postergar los daiquiris, esquiar en los Alpes o recorrer los malls, para más adelante. Hasta en la tradicional Feria del Turismo madrileña, el Fitur, el comentario de operadores y expertos era resaltar la expansión del turismo receptivo local como una muestra de recuperación sectorial. 

Las estrellas de Mar del Plata y Córdoba, volvieron a brillar en el firmamento veraniego, aún por debajo de las expectativas. Y tenemos que compartir la ciudad con los visitantes mientras en el barrio saludamos a los vecinos con short"s o bermudas indescriptibles, testigos de tiempos mejores.

TRAVEL TOURS

Pero, ¿qué ofrece Buenos Aires en verano? Desde el Ente de Turismo del gobierno porteño los travel tours, que si bien son modestos, cuentan con algunos hallazgos como las recobradas funciones de cine al aíre libre. Anuque no se ve ningún holandés o asiático procurando entender las morisquetas de Francella o los mohínes de Darín en las funciones, se trata de un retorno a las fuentes digno de destacar. 

El Bus Turístico y el BA to and go, es decir los circuitos que abarcan Puerto Madero, las Galerías Pacífico, el Palacio Barolo, Teatro Colón, museos diversos e históricos edificios oficiales como el Congreso de la Nación, completan la oferta, con el final tanguero de alguna visita a locales remozados donde las incansables parejas buscan seducir con "ese sentimiento triste que se baila" al decir discépoliano. 

También cabe destacar el crecimiento del turismo rural, una suerte de ensamble gauchesco que procura reproducir un día en las estancias recibiendo al visitante con tortas fritas en el desayuno, habilidades criollas como la sortija, empanadas y asado, antes de un azaroso paseo en carreta, previo al retorno, con algún mate de ocasión. 

Mientras miraba mis zapatillas ucranianas compradas en Polonia, tomando un café en el Bajo, me pregunté: ¿Hay un turismo para locales y otro para extranjeros? Claro, y es absolutamente razonable, por poder adquisitivo, disponibilidad de tiempo e incluso elección de oportunidad. Pero entonces, debemos cuidar la calidad de que ofrecemos. 

En todas las cadenas de hamburgueserías, algo plenamente cosmopolita, en Buenos Aires no se acompaña el combo con mostaza y ketchup, sino con condimentos en base a esos aderezos. No es lo mismo. Cambia el sabor. 

Mientras en París te ofrecen mostaza de Dijón o en Madrid papas bravas de verdad y en Italia la pasta brilla con el mítico peperoncino, aquí se mezquina en los detalles. Prevalece el lucro sobre la esencia. ¿O será una muestra de viveza criolla que se ofrece como souvenir para el turista? 
Ya que algunos son despojados, pierden una pierna, son acuchillados o dejan la vida por conocernos, ofrezcamos algo mejor y bien porteño. Calidez, sencillez y un poco de la perdída nobleza generosa que el tiempo y el dólar se llevó.