La Prensa

Los sindicatos fueron cómplices de la demolición del pleno empleo

Es hora de desandar el camino perverso que impuso en la Argentina el globalismo.

El trabajo privado hace años que no crece en la Argentina. El pleno empleo dignifica a las personas, les da libertad, genera una cultura pequeño burguesa que consiste en bañarse todos los días, cumplir horarios, administrar el propio dinero, tener lealtad con personas, tareas, lugares, edificios, soñar con hacerse una casa. El pleno empleo hoy no es política de estado ni es peticionado por el sindicalismo.

Eramos una sociedad con pleno empleo, con trabajadores orgullosos cuando no arrogantes, calificados, sindicalizados, con escuelas de oficios dentro y fuera de las plantas. Hoy nos hemos desindustrializado, con un tercio de su población que trabaja en negro, y sufrimos el crecimiento vertiginoso del lumpenaje (informalidad).

Escalones al infierno:

- Mercosur (1).

- Planes sociales (2).

- Carga impositiva.

- Contrabando.

- Inmigración.

- Desmantelamiento de Fabricaciones Militares, FFCC, astilleros y escuelas de oficios.

El empleo privado no crece porque la actividad privada está estancada gracias a altos impuestos, tipo de cambio retrasado y un sistema laboral que dinamita el pleno empleo, desampara al trabajador en vez de protegerlo y mantiene un tercio de ellos en la intemperie más absoluta y desesperanzadora. 

La consecuencia fue la demolición del sindicalismo y de la moral del trabajador. 
Igual proceso se vivió en Gran Bretaña (en particular los mineros del carbón), Estados Unidos, Francia y parcialmente, Italia. Esos trabajadores desplazados constituyeron el núcleo duro del votante de Trump. Paradójicamente el sindicalismo apoyó a su opositora. En GB, durante el referendo para quedarse o irse de la Unión Europea, los trabajadores votaron Brexit y el sindicalismo apoyó permanecer.

MERCOSUR

La herramienta para desindustrializar la Argentina fue el Mercosur. Este se convirtió en la garantía de poder trasladar una fábrica a Brasil, y, aún así, abastecer el mercado argentino.

Las empresas emigraron. Desmontaron fábricas de calderas, equipos de refrigeración, plantas automóviles, maquinaria agrícola, petroquímicas, calzado, marroquinería, textiles, motores, perfiles, etc.

El sindicalismo argentino nada dijo sobre lo que constituyó la partida de defunción del pleno empleo, del empleo calificado y bien pago. No sólo perdieron los trabajadores, también perdió poder el sindicalismo.

PLANES SOCIALES

Existen para controlar y debilitar al sindicalismo al hacerles perder el monopolio de la representación de los trabajadores. Cobrar un plan requiere que la persona no tenga un trabajo formal. Si lo obtiene, lo pierde. Es un incentivo para que no busque trabajo. Es perverso. 
Los planes sociales son un invento socialdemócrata, importado a la Argentina desde Europa y Estados Unidos, impuesto por el Banco Mundial.

A lo que hay que sumar un invento reciente: la economía social, donde unos granujas abusan de las personas que cobran planes y los hace trabajar sin los beneficios del trabajador formal ni las medidas de seguridad acordes a la tarea. No pagan impuestos, ni cargas sociales ni cumplen con las reglamentaciones. Constituyen competencia desleal para los empresarios que invirtieron y retrotraen a los trabajadores a un siglo atrás, a 1918, sin leyes laborales. Todas esas personas son afiliados que el sindicalismo pierde. Peor aún, gran parte de lo producido es adquirido por el Estado en compra directa sin licitación. El sindicalismo nada dijo.

LA CARGA IMPOSITIVA

La carga impositiva argentina destruye inversiones y empleos. Los industriales y comerciantes no invierten porque ponen a riesgo su capital mientras el beneficio queda para el Estado. 

Los impuestos provocan que el dinero le rinda menos al trabajador. De un sueldo de $ 50.000, percibe $ 41.500. Si gasta $ 5.000 en el almacén, $ 2.500 son productos y $ 2.500 son impuestos. Paga $ 50 un paquete de fideos, de los cuales $ 25 van al Estado. El sindicalismo nada dijo.

EL CONTRABANDO

Es competencia desleal para quien invierte, asume riesgos y trabaja; para empresarios y trabajadores por igual. Básicamente ingresan baratijas chinas o pakistaníes. No se trae calzado o ropa fina de calidad de Inglaterra o Italia sino rollos de telas para ser procesados en talleres clandestinos o talleres de la economía social. La carga impositiva argentina es demencial. El contrabando pega bajo la línea de flotación a quienes sobreviven y deja a miles sin trabajo o los condena a la intemperie. El sindicalismo nada dijo.

LA INMIGRACION

En la Argentina no crece el empleo privado. Sin embargo ingresan 250.000 extranjeros anualmente, tanto en los dos mandatos de Cristina Fernández como en el actual gobierno. Tenemos una historia de apertura a la inmigración.en un país que creció ininterrumpidamente por más de un siglo. La Argentina SXXI no tiene empleo que ofrecer ni a propios ni a extraños. Entonces, ¿por qué hay inmigración? 

La casta política no genera condiciones para que crezca la actividad económica pero sí toda suerte de incentivos a la inmigración, estimulada por dinero ad hoc del Banco Mundial, acorde al Global Compact.

Si creciéramos, esos brazos serían una bendición. Hoy sólo constituyen competencia desleal. El orden debería ser: reactivar la economía y ahí recién incentivar la inmigración (con excepción del desastre venezolano).

La casta política toda votó en 2003 la Ley 25.871 (Política Migratoria) redactada por el CELS, una fundación que recibe financiación del exterior, al servicio de sus mandantes y no del pueblo argentino. El sindicalismo nada dijo.

FABRICACIONES MILITARES

Después de la Guerra de Malvinas, todos los gobiernos desmantelaron o vaciaron Fabricaciones Militares. Menem malvendió empresas. Cristina Fernandez colocó ineptos en las restantes y Macri quiere cerrar plantas e importar.

Fabricaciones Militares e YPF proveían productos químicos -materia prima para el complejo industrial-, reemplazados hoy por importados de Alemania, Australia o China. Es una pérdida de puestos de trabajo, un riesgo estratégico, y afecta a nuestra balanza comercial.

Asimismo prácticamente se desmantelaron las escuelas de oficios de la FFAA que capacitaban al personal propio y a personas que luego se incorporaban al mercado de trabajo como soldadores, mecánicos, electricistas, etc. Excepto tímidamente ATE, el sindicalismo nada dijo.
 
FFCC 

El cierre de los ferrocarriles empezó en el gobierno de Frondizi para facilitar la instalación de la industria automotriz. El golpe de gracia fue el plan Brady. Nadie se opuso. Ni el sector agropecuario, principal damnificado, ni, con fuerza, el sindicalismo. Quedarnos sin FFCC le rompió la espina dorsal al país.

SINDICALISMO DEL SIGLO XXI

Necesitamos un nuevo sindicalismo, que defienda el pleno empleo. Que entienda que Occidente pelea entre el globalismo y la defensa del Estado Nacional. El pleno empleo implica buenos salarios por simple juego de la oferta y la demanda.Lo primero que debe hacer -la ley es pareja para todos- es que si un trabajador se jubila a los 65 años, la misma suerte debe correr su representante, el sindicalista.

PROPUESTAS

El sindicalismo debe ingresar al Siglo XXI y exigir políticas de:

- pleno empleo.

- buenos sueldos.

- que todos los trabajadores estén en blanco.

Para eso hay que:

- bajar impuestos.

- Irse del Mercosur.

- mejorar fletes.

- eliminar todos los impuestos al trabajo.

- exigir a las autoridades un tipo de cambio alto, única defensa válida para el trabajo argentino (todas las defensas legales son inefectivas).

- combatir el contrabando.

- derogar la ley 25.871 y volver por default a la ley anterior. Escenario de máxima: hacer una buena ley, teniendo en cuenta las restricciones a la inmigración que propuso el Presidente Perón en el Plan Trienal de 1974.

- rediseñar los fueros laborales.

- recuperar los FFCC y la flota.

- recuperar fabricaciones militares.

- recuperar la capacitación industrial, tanto en las FFAA como en escuelas de oficios.

Para eso necesitamos un sindicalismo que entienda los problemas presentes y futuros que enfrenta el país, y que defienda al trabajador. El globalismo ya se llevó puesto al sindicalismo argentino y con él a todos los trabajadores. Es hora de empezar a desandar el camino.

(1) http://www.laprensa.com.ar/471450-Ha-llegado-el-momento-de-irnos-del-Mercosur.note.aspx

(2) http://www.laprensa.com.ar/467596-El-mito-de-los-planes-sociales.note.aspx