La Prensa

Cómo enfrentar la cuarta revolución industrial

Una investigación realizada por el CIPECC permite conocer que medidas se deben tomar en el país para adaptarse al nuevo mundo. Según los especialistas hay que adoptar un plan que permita incorporar más rápido nuevas tecnologías, trabajar en la capacitación y educación y tener un programa de protección social acorde a los cambios.

La llamada "Cuarta Revolución Industrial" es ya desde hace un tiempo para distintos analistas económicos y sociales una realidad. El nuevo mundo digital con empresas de tecnología que desarrollan inteligencia artificial, una internet cada vez más veloz e inteligente, y un mundo de consumo y trabajo que se adapta a la robotización está cambiando de a poco nuestras formas de vida.

Claro que estas transformaciones tienen también sus consecuencias. Expertos sostienen que este cambio en el mundo laboral puede traer problemas en los trabajos, falta de empleos y la necesidad de prepararse para poder insertarse en el nuevo mercado.

¿Y que pasa con estos cambios en la Argentina? Más allá de la crisis coyuntural que hoy se vive parecería que aún hay poca conciencia de que habrá que prepararse para este nuevo mundo.
Así lo entienden Ramiro Albrieu y Martin Rapetti, investigadores del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPECC), quienes realizaron el trabajo "¿Robots en las pampas? futuros alternativos para el mercado de trabajo argentino en la Cuarta Revolución Industrial".

Los investigadores trabajaron con un ejercicio de prospectiva, es decir, un proceso de razonamiento colectivo e interdisciplinario a partir del cual se desarrollaron escenarios hacia 2030 consultando a gente de empresas, sindicatos, sociedad civil y académicos.

De este análisis se desprendieron algunas recomendaciones.

* Diseñar un plan productivo para una adopción más rápida y difundida de las tecnologías 4.0. Según el informe aún hay una baja absorción de las tecnologías asociadas a la cuarta revolución industrial.

Se infiere que es necesario realizar un diagnóstico sobre el uso de las tecnologías por sector económico, tamaño de empresa, tipo de capital, etc. También se debe promover la inversión en ciencia y técnica, potenciando a institutos como el INTA y el INTI.

Además, el estado debe promover vehículos financieros y participar en la toma de riesgos de proyectos de avanzada, por ejemplo, a través de compras públicas.

También hay que poner especial énfasis en los segmentos más rezagados del ecosistema empresarial. Acelerar la inversión en infraestructura digital básica también es crucial.

* Políticas de formación. Albrieu y Rapetti indican que lo óptimo sería crear una agencia pública para la anticipación de las competencias laborales que se demandarán en el futuro.

Y como segunda opción al menos realizar un diagnóstico sobre los conocimientos y habilidades de trabajadores actuales y futuros; fomentar el aprendizaje en la primera infancia; adaptar la educación terciaria y la universitaria para facilitar el pasaje al trabajo; potenciar la formación técnica y profesional, incluyendo a la escuela media e intensificando la interacción con el mercado laboral; y actualizar la capacitación y el entrenamiento dentro de las empresas.

* Protección social. Reconfigurar los esquemas tradicionales para acompañar las nuevas forma de trabajo y complementarse con una red de protección social de contención universal.
Se debe tener en cuenta que la alta tasa de informalidad laboral que tiene Argentina no encontró aún un mecanismo para resguardar los derechos de los que no cuentan con un empleo formal típico de los países avanzados.

Este último punto deberá alentar sobre una cuestión adicional: la de la Argentina es una economía dual, lo cual significa que las políticas deberán contemplar las asimetrías existentes, sea en términos sectoriales, de stock de habilidades de los trabajadores y de su género.

"A nivel global vemos como las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial están cambiando todo el proceso productivo", señala a La Prensa Ramiro Albrieu, uno de los investigadores del estudio realizado por CIPECC.

Para el economista hoy se puede saber todo lo que se genera en una empresa. "Con el desarrollo de un software se puede saber la información de cada sector de una compañía. Incluso conocer sobre los insumos de los proveedores, la logística o la opinión de los consumidores sobre un producto".

Albrieu señala que entre los países centrales, que son los que lideran hoy el debate de esta nueva revolución hay dos visiones. "Una es más pesimista y muestra que este cambio tecnológico generará cambios en el trabajo y pérdidas laborales".

Otros, más optimistas, indican que tal como ocurrió a principios del siglo XX con la revolución de la electricidad "se generarán cambios profundos que pueden causar desigualdad en el corto plazo, pero que permitirán luego al trabajador que se adapte y quienes se preparen con el estudio acceder a buenos empleos".

¿Cómo se prepara la Argentina para este desafío? El experto del CIPECC cuenta que realizaron un estudio desde la perspectiva tecnológica, un "rampeo" hacia adelante para ver que puede pasarnos. Se consultó a referentes de la educación, empresarios, sindicalistas.

"El estudio mostró que la Argentina como norma general no está a la misma velocidad que otras naciones. Estamos muy rezagados con respecto a otros países".

Según Albrieu estamos "muy lejos de ir acomodándonos a las nuevas habilidades que se requieren o se requerirán. Todo sigue como está, el cambio tecnológico aquí es muy lento".

Esta situación, expresa el investigador nos juega en contra a la hora de crecer. "Tenemos el riesgo de quedar afuera de las posibilidades que abren estos cambios. Hay países emergentes que están trabajando mejor".

Albrieu pone los ejemplos de cómo estar preparados ante una revolución de la industria ayuda sin dudas a no quedar estancados y aprovechar la oportunidad.

El especialista pone como ejemplo de saber usar los adelantos en la historia a Inglaterra, que a partir de dominar la máquina de vapor se colocó al frente de la economía mundial, y como lo hizo luego Estados Unidos con la revolución de la electricidad.

DOS ISLAS

En el camino de la innovación en el país, expresa Albrieu, hoy hay solo dos sectores que están en una suerte de isla preparándose para esta nueva revolución: el agro y la industria del software.

"Estos dos son casos aislados, donde hay y se necesita mano de obra calificada". En otros sectores, señala Albrieu, la mayoría de las empresas aún desconocen las nuevas tecnologías o las incorpora mal, careciendo de buenas estructuras de datos.

"Tenemos problemas aún en la conectividad, ahí debe aparecer más presente una política de Estado". En ese sentido el experto del CIPECC ve con buenos ojos que desde el gobierno argentino se haya lanzado hacia fines del año pasado un programa de agenda digital 2030 que incluye un plan nacional de Inteligencia artificial.

Albrieu considera que es fundamental llegar a las Pymes con esta agenda para ir hacia una cultura digital. En este cambio será fundamental facilitar nuevas habilidades al trabajador. "Precisamos nuevos conocimientos".

"Hoy vivimos un momento de ajuste, pero es necesario estar listos para dar el salto, la carrera hacia la nueva revolución es ahora, estos próximos cuatro o cinco años serán muy importantes para no quedar afuera", sostiene el profesional.

El economista dice que entonces es central enfocarse en nuevos aprendizajes y conocimiento. "Hay que preparar a los trabajadores futuros y a las empresas".

Albrieu adelanta que están trabajando en un nuevo estudio viendo las tecnologías específicas de más de 300 empresas del país y que las primeras evaluaciones muestran que menos del 5 por ciento utiliza hoy tecnología 4.0.

Una pata fundamental para esta renovación será la educación. "Hay que hacer una reforma muy profunda educando y pensando en el futuro. Hoy la escuela tiene problemas, no funciona para generar conocimiento. Hay que cambiar la currícula, la formación de docentes".

"Preparar -continúa- ya a los chicos en las habilidades que necesitarán al momento de trabajar. También mejorar la formación docente, que los maestros se involucren en este círculo. Hay que construir un nuevo pacto social".

Para Albrieu es muy importante proyectar programas en las escuelas secundarias que contemplen robótica y tecnología. "Después tenemos que pensar que los nativos digitales de entre 25 y 30 años tienen que estar preparados para este nuevo mundo del trabajo".

"Podrán adaptarse más fácilmente que los más grandes, a los que habrá que ayudar más. Quienes vengan trabajando por ejemplo hace 25 años en la misma empresa necesitarán un apoyo para enfrentar esta nueva situación".

En definitiva, el experto indica que "hay que implementar políticas laborales para un nuevo mercado de trabajo. Ayudar a los más jóvenes a prepararse y establecer también programas de contención para los más grandes".

Se espera que algunos tipos y puestos de trabajo desaparecerán

Hacia un empleo más independiente

En este contexto incierto, está ganando consenso una narrativa global sobre cómo esta nueva Tecnología de Propósito General (TPG) puede dar forma a los mercados laborales en el futuro cercano.

Según esta narrativa, la adopción generalizada de máquinas más inteligentes y más baratas, y la proliferación de nuevas formas de capital (mayormente de naturaleza intangible) perturbarán a los mercados laborales a través de dos fuerzas: una que "mejora a los humanos" y una que "reemplaza a los humanos" (Trajtemberg, 2018).

En cuanto a la primera, incorporar tecnologías creará nuevas oportunidades de empleo, particularmente en el conjunto de tareas que complementan y aumentan el poder de estas tecnologías. Esto abarca tanto a sectores enteros -software- como a actividades específicas a lo largo de todos los sectores - diseño y comercialización-.

El empleo debería crecer en estas franjas de la actividad económica, así como la remuneración relativa de aquellos que allí participan. En cuanto a la segunda fuerza, la adopción de esta nueva TPG amenazará los trabajos que implican tareas que quedarán obsoletas debido a la adopción de las nuevas tecnologías, lo cual -de nuevo- afectará a sectores enteros (como la maquila manufacturera) y a trabajos a lo largo de toda la economía (como el procesamiento de información).

Se espera que los niveles de empleo y la remuneración relativa a las habilidades para hacer esas tareas disminuyan para estos trabajos. Aún no se puede saber específicamente cuáles puestos de trabajo desaparecerán (OIT, 2017).

Tampoco se puede prever el impacto general sobre la cantidad de empleo y el bienestar. Sin embargo, la evidencia histórica sugiere que en el largo plazo el efecto positivo prima por sobre el negativo de manera que tanto el empleo como los salarios reales aumentarán gracias al cambio tecnológico.

En ese caso, el exceso de oferta de trabajadores en los puestos de trabajo donde la TPG reemplaza humanos sería absorbido por un crecimiento en la cantidad de puestos de trabajo en los que la TPG mejora las capacidades de las personas.

Así, incluso si esta vez la transformación amenaza trabajos altamente calificados e intensivos en conocimiento, su impacto sería similar al de revoluciones tecnológicas previas: no habría desempleo tecnológico masivo aunque sí una reducción en las horas trabajadas y más tiempo para el ocio.

No sería distinto de lo que ocurrió en revoluciones tecnológicas pasadas (Fogel, 2004). Ahora bien, los cambios en las relaciones laborales son más evidentes.

Los trabajos del futuro se enmarcarán en estructuras más flexibles y habrá más empleo independiente con relaciones esporádicas entre empleado y empleador. Por ello, las instituciones laborales creadas para mediar en las relaciones laborales del siglo XX (seguro de desempleo, salario mínimo, mecanismo de negociación colectiva, protección social asociada al puesto de trabajo) seguramente sufrirán mutaciones.

* Extracto de la investigación realizada por los investigadores Ramiro Albrieu y Martin Rapeti de Cipecc