La Prensa

Un amor de verano

No hay que pensar que este actual abaratamiento del dólar es una tendencia firme que vino para quedarse. La inflación no caerá de manera pronunciada. Las retenciones son una sinrazón.

POR DIEGO GIACOMINI * 

El dólar es la máxima preocupación del gobierno para 2019, dejando entrever que los funcionarios aspiran a un dólar lo más planchado posible a lo largo de todo este año. No sorprende en absoluto. La experiencia pasada muestra que un dólar calmo y perdiendo frente a la inflación sirvió siempre para obtener resultados electorales positivos.

La lógica del gobierno es simple: aumentan las exportaciones, ingresan más dólares y se tiene doble beneficio. Por un lado, ingresan más dólares que aceitan la oferta de divisas en el mercado cambiario, lo cual (en teoría) debería contribuir positivamente para la estabilidad del dólar.

Del otro lado, se cobran retenciones universales a las exportaciones, el Tesoro se hace de ingresos marginales que ayudan a conseguir la meta fiscal de 0% de déficit primario para 2019. En este sentido, hay que recordar que a partir del 1 de enero se extendieron las retenciones a la exportación a todos los bienes y también a los servicios. El gravamen es el mismo que aplica hoy a los bienes (12% con un tope máximo de 4 pesos por dólar).

En este escenario cabe hacer dos preguntas pertenecientes a dos universos diferentes (monetario vs. Real), pero que se relacionan entre sí: 1) ¿En el año de las exportaciones las ventas al exterior crecerán mucho? 2) ¿Mayores exportaciones garantizan estabilidad cambiaria? Sí, pero no hay que sobrestimar.

Ante todo, sostenemos que 2019 no se debería llamar Año de las Exportaciones sino que debería ser declarado Año de las Exportaciones y de las Retenciones Universales a las Exportaciones. ¿Por qué? Porque hay una fuerte contradicción. El gobierno apuesta a las exportaciones, pero pone un impuesto universal a las ventas al exterior.

Cuando un gobierno quiere que un bien no se consuma, le pone un muy alto impuesto. Ejemplo: cigarrillos. En pocas palabras, no hay nada más desincentivador que un impuesto y Argentina pone un impuesto universal a lo que más necesita: exportar.

En palabras coloquiales, Argentina se está pegando "un tiro en el pie", ya que castiga lo que más necesita. Es decir, las retenciones universales a las exportaciones desincentivan las ventas al extranjero. En este sentido, es lógico pensar que en 2019 Argentina finalmente exporte menos de lo que se proyectaba que iba a exportar antes de que se decidiera poner las retenciones universales.

En este marco, no sorprende que las estimaciones oficiales de las exportaciones ya fueron revisadas hacia la baja. En el Presupuesto 2019 había pautado un aumento de las exportaciones de +20%, pero el plan económico recientemente presentado por Dujovne plantea que, para evitar una caída del producto, las exportaciones deben crecer +16,3% aumentando aproximadamente de u$s 61.000 millones (2018) a u$s 71.000 millones (2019), lo cual implicaría un aumento de u$s 10.000 millones con respecto al año pasado.

De acuerdo con los números oficiales presentados por Dujovne, un aumento de +16,3% de las exportaciones permitiría compensar los números negativos de inversión (-10,9%); consumo público (-4,6%); consumo privado (-0,9%) e importaciones (-2,7%) permitiendo que el PBI no caiga en 2019.

Sin embargo, nosotros somos menos optimistas. Pensamos que la inversión registrará una caída interanual superior a la pautada por el gobierno. En ese sentido, hay que mencionar que en el acumulado de los primeros nueve meses de 2018 la formación de capital fijo crece +1,7%, estableciendo una base de comparación alta. Del otro lado, luego de la devaluación, con las retenciones universales, presión fiscal récord y fuerte incertidumbre lectoral, pensamos que la inversión caerá más fuertemente en 2019.

CAUTELA

También pensamos que la estimación de exportaciones puede incurrir en optimismo. A esto hay que agregarle que, probablemente, haya otro round cambiario y la inflación sea superior a lo proyectado por el gobierno, con lo cual la recesión se estiraría más en el tiempo, el rebote estadístico sería menor y el consumo privado terminaría cayendo más que lo pautado por el gobierno. En este escenario, en E&R tenemos como escenario base una variación de -1,5% del PBI para 2019.

Puede ser menos, puede ser más, pero el punto es que los agentes económicos individuales, las micro pymes, las pymes y las firmas en general no percibirán una mejoría de la sensación térmica con respecto al nivel de actividad, el empleo y el poder adquisitivo de los salarios, sino todo lo contrario.

Con respecto específicamente a las exportaciones, hay que tener en cuenta que el aumento de las exportaciones de Argentina depende de variables que el país no sólo no maneja, sino que están atadas a la suerte. El crecimiento de las exportaciones argentinas está casi atado en su totalidad al incremento de la cosecha gruesa, ya que ningún otro sector proveerá incrementos marginales en 2019.

Tal vez, de la mano de un rebote en Brasil con Bolsonaro, se exportarán más Hilux, Amarok y S10; pero nada más. El resto de la industria argentina no se verá beneficiada a una escala significativa de una mejoría en Brasil y de un aumento de las exportaciones al socio mayor del Mercosur, que por otra parte todavía no se sabe si sus intenciones son desarmar el bloque económico regional.
En pocas palabras, el aumento de las cantidades exportadas depende del clima, ya que Argentina vende toda la cosecha gruesa al precio dado de mercado. La cosecha 2019 será mejor que la cosecha 2018, aunque tampoco será récord. Del otro lado, el sector industrial está muy castigado y no tendrá con qué acompañarla mayor cosecha y potenciar el alza de las exportaciones. En definitiva, las exportaciones de 2019 serán mayores que las de 2018, pero muy probablemente menos que lo oficialmente proyectado.

ESTABILIDAD

¿Estabilidad cambiaria? No pequemos de optimismo. La demanda de dinero es estacionalmente elevada a fines de diciembre y en enero. Crece el apetito por los pesos. Dado una determinada cantidad de pesos, un aumento de la demanda de dinero genera un incremento del poder adquisitivo del peso.

Los datos de la realidad muestran que el dólar bajó 90 centavos entre el 27/12 y el 11/1. Esta baja del dólar responde al aumento circunstancial del poder adquisitivo del dinero, que es impulsado por la suba estacional de la demanda de dinero característica de este período del año.

En otras palabras, no hay que pensar que este actual abaratamiento del dólar es una tendencia firme que vino para quedarse, ni que el actual plan monetario goza de credibilidad y va a alcanzar todos los resultados buscados, tanto en materia de estabilidad cambiaria como de inflación.

Tampoco hay que pensar que el hecho que el BCRA haya comprado dólares e inyectado pesos muestra que la inflación bajará pronunciadamente. La coyuntura actual tampoco es suficiente para pensar que las expectativas de inflación caerán fuerte, que el dólar seguirá estable como hasta ahora por varios meses más y que la tasa de interés bajará "en serio". Para que suceda todo esto último tiene que haber sí o sí credibilidad. Y a juzgar por los datos y acontecimientos, todavía no la hay.

¿Cómo sabemos que no hay credibilidad? La performance del dólar muestra que no hay credibilidad. Si el plan monetario tuviera credibilidad, el dólar habría bajado bruscamente hacia la banda de $ 34 en septiembre y octubre. En ese marco de credibilidad y con el dólar tocando la banda de $34 en forma permanentemente durante septiembre y octubre, el BCRA podría haber comprado dólares e inyectado pesos a cambio de bajar genuinamente la tasa.

¿Por qué bajar y tocar la banda de $34 mostraba credibilidad? Porque habría sido resultado de que los agentes individuales privados (usted y yo) vendieran dólares (a cambio de pesos) para volcarlos a la economía real. Y cómo los dólares habrían sido volcados a la economía real, el descenso de la tasa no habría generado riesgos de corrida cambiaria. Sin embargo, todo esto no sucedió.

Por el contrario, la performance del dólar no muestra mucha credibilidad. El dólar no bajó rápidamente a la banda. El dólar saltó un 25% a fines de agosto pasando de $32 a $40. Luego, siguiendo el modelo de tipo de cambio y expectativas racionales de Dornbush (1976), el dólar bajó tan sólo -5% manteniéndose lejos del piso original.

¿Por qué? Porque los agentes individuales, con expectativas racionales, mayormente no creen en el plan y su capacidad para alcanzar buenos resultados, y en consecuencia no salieron a vender divisas. Así, el comportamiento del dólar no ha variado sustancialmente en los últimos meses. El dólar fluctúa en torno a $38 hace cuatro meses.

* Director de la consultora Economía & Regiones.