La Prensa

"Toda literatura se realiza en los otros"

Entrevista a María Rosa Lojo, última ganadora del Gran Premio de Honor de la SADE. Prolífica en diferentes géneros, la autora de "Todos éramos hijos" terminó una novela breve y avanza con un volumen de relatos en torno al cementerio de la Recoleta. Reivindica el trabajo personal del escritor por fuera de las etiquetas.

Semanas atrás, la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) concedió a María Rosa Lojo el Gran Premio de Honor 2018, una distinción de sumo prestigio que han recibido varios de los más grandes nombres de la literatura argentina, empezando por Jorge Luis Borges.

Lojo no es ajena a esta clase de galardones. Recibió muchos (Kónex, Fondo Nacional de las Artes, Medalla de la Hispanidad) en los diferentes géneros en los que expresó una obra que incluye cuatro libros de cuentos, ocho novelas y numerosos ensayos, a la par de una prolongada actividad como docente e investigadora principal del Conicet, institución de la que acaba de jubilarse. 

En entrevista por correo electrónico con este diario, Lojo valoró el premio a toda una vida dedicada a las letras y opinó, entre otras cosas, sobre el papel de la mujer en el mercado editorial y la pérdida de relevancia de la literatura en un mundo cautivado por otro tipo de entretenimientos.

-¿Qué significa para una mujer de letras recibir este premio en especial?

-Creo que para cualquiera que haya dedicado una vida a leer y escribir, es un premio muy hermoso y significativo. Los candidatos no pueden concursar para obtenerlo; son propuestos "desde las bases", por otros escritores y escritoras, en las setenta filiales de la SADE que hay en todo el país, y se eligen por votación entre cinco finalistas. Es un galardón que otorgan, por lo tanto, personas muy comprometidas con la literatura, en un mundo donde la ficción literaria importa bastante poco. No se concede a la novedad del último año, sino que se reconoce el trabajo de toda una vida, la importancia de una obra.

-¿En qué etapa de su carrera la encuentra esta distinción? ¿Hay algún libro en puerta? 

-Supongo que esta debiera ser una etapa de culminación y decantación. Cuando queda menos tiempo vital, creo que hay que elegir lo que nos parece más importante y disfrutable. Acabo de publicar, por primera vez, una novela en un sello destinado a un público joven: Solo queda saltar (Loqueleo, Santillana). Había una sola consigna: que el tema fuera la inmigración. María Fernanda Maquieira, directora de Santillana, conocía mi obra anterior, y por eso me lo pidió. Sin duda, ese es un eje fundamental en mis ficciones, muy presente en novelas como Finisterre, Arbol de familia, Todos éramos hijos, Las libres del Sur. También terminé otra novela breve, aún inédita, y tengo en marcha un libro de cuentos en el que vuelvo sobre un espacio simbólico y arquitectónico fundamental: el cementerio de la Recoleta (que en buena parte es un compendio de nuestra historia).

CONTACTO PERSONAL

-¿Y alguna asignatura pendiente?

-Si me queda una asignatura pendiente, tal vez se relaciona no tanto con los libros (escribí muchos, y los seguiré escribiendo, es mi manera de lidiar con la realidad, o de construirme una), sino más bien con la vida social literaria. No la de cócteles precisamente; la del encuentro activo con quienes leen y escriben. Este año hice lecturas y di muchas charlas sobre mis libros y los temas que me preocupan: en bibliotecas, en talleres, grupos literarios, ferias del libro, festivales literarios, universidades, congresos. También dispongo de más tiempo para esos encuentros y los disfruto muchísimo. La devolución de los lectores reales, de carne y hueso, el contacto personal, es algo irreemplazable y nos saca de la "cápsula" solitaria en la que nos encerramos la mayor parte del día para estudiar y escribir. Toda literatura se realiza en los otros, no existe si los ojos de los demás no la activan. Sentir "en vivo" esa activación, es maravilloso. 

-Si tuviera que hacer un balance desde sus comienzos en las letras, ¿qué rasgos o tendencias de la literatura argentina, en especial la narrativa, le parecen más rescatables y valiosos, y cuáles considera más criticables o menos originales, siempre refiriéndonos a los últimos 40 o 45 años?

-Me parece que en la Argentina de las últimas tres o cuatro décadas, se pueden señalar algunas grandes líneas: el policial, la ficción histórica, la ficción política (o la ficción histórico-política), la de la memoria, que suele ser también autoficcional, la novela erótico sentimental (la de mayor consumo masivo hoy es la de fondo histórico), la épico-maravillosa (Bodoc), la narrativa fantástico-extraña (Schweblin), la de anticipación (por lo general distópica y apocalíptica), la de horror político/metafísico (el caso de Mariana Enríquez), las diversas formas de "escrituras del yo" (pienso en la reciente publicación de diarios como los de Castillo, Piglia), la crónica, el testimonio, la narrativa de viajes. Muchas veces los géneros se cruzan y se enredan creativamente, incluso pueden romperse todos los marcos. Otras son más previsibles y estereotipadas (eso se ve bastante en la línea erótico-sentimental). Lo que hace la diferencia siempre es el trabajo personal, único, dentro y fuera de esos parámetros; hay algunos más proclives a la masividad y a la simplificación, pero no tanto como para afirmar que determinados procedimientos o encuadres genéricos producen solo por sí mismos "buena" o "mala" literatura. Para concluir, creo que ciertos ejes problemáticos y temáticos de algún modo atraviesan nuestra narrativa: violencia social, construcción del poder, subjetividades, subalternidades, pasiones, tensión utópico-distópica. 

-Las mujeres han sido una minoría entre los distinguidos con el premio que acaba de recibir. Hoy, en cambio, parece haber una mayor presencia femenina en las letras argentinas, acaso más que nunca antes, si se toman en cuenta libros publicados, autoras premiadas o traducidas, figuras jóvenes con proyección internacional. ¿Lo ve así?

-Es cierto que las mujeres han sido una ínfima minoría. No se las veía, con naturalidad, al lado de los hombres, dentro de un canon. Las que llegaban era la excepción a la regla. Es verdad también que hay más figuras femeninas visibles en las últimas generaciones, y que emergen con fuerza, a veces por un consenso crítico, otras por la gran aceptación del público o por ambas cosas. Pero asimismo es cierto que se imprimen y se traducen más libros en general, tanto de varones como de mujeres. Y que desde la gestión de Magdalena Faillace al frente de la Dirección de Asuntos Culturales, existe el Programa Sur de subsidio a la traducción de autores argentinos, lo cual marcó un antes y un después en el número de escritores traducidos, varones y mujeres. Me parece que para tener una perspectiva más clara en cuanto a si estamos ante una real "normalización" de la visibilidad femenina en los cánones literarios, o si se trata de un fenómeno transitorio, habrá que esperar un poco más. Tengo la esperanza de que todos los cambios a los que estamos asistiendo, en cuanto al reposicionamiento general de las mujeres en la sociedad, también se refracten sobre su ubicación en el mapa intelectual, artístico, cultural. 

-Con razón ha declarado que la literatura es, en la actualidad, "cada vez más" una actividad "de alcance bastante reducido". ¿A qué lo atribuiría? 

-Por un lado estimo que los escritores hemos perdido prestigio e importancia social. Años atrás todavía novelistas o ensayistas eran requeridos con bastante frecuencia por los medios, en programas para todo público. Sus opiniones eran esperadas y consideradas incluso por personas que no eran ni especialistas ni muy aficionados a la lectura. Pero ese fenómeno dejó de ocurrir hace rato. Tal vez Ernesto Sabato fue la última gran figura pública de autor con ese perfil. Por otra parte, aunque se publican libros como nunca antes, porque hay más herramientas tecnológicas para hacerlo con facilidad, esto no implica una pareja multiplicación de lectores literarios. La política editorial (al menos en los grupos de más alcance) es inundar las librerías de novedades, que por lo general duran en las mesas muy poco tiempo y son reemplazadas enseguida por las del próximo mes. En cuanto a las llamadas editoriales independientes, hacen lo que pueden para distribuir lo suyo y sobrevivir en medio de la inundación. De todas estas novedades apenas un porcentaje es lo que llamamos literatura artística. 

LA COMPETENCIA

-¿Qué papel tiene la tecnología en ese declive? 

-Esa literatura no sólo compite con todos los demás libros, sino con diversas plataformas de entretenimiento (Netflix, con series y películas, es la más importante), y también con las redes sociales. Hoy tenemos la posibilidad de acceder a un amplísimo menú de ficciones a la carta por poco dinero (unos diez u once dólares al mes), y contamos con esa otra forma de ficción que se configura en las redes, donde miles de personas "recortan y pegan", arman historias de y con sus vidas (poco texto, abundantes imágenes) para que otros las consuman. Todo esto absorbe un tiempo que antes estaba disponible, entre otras cosas, para la literatura de arte. Hace falta mucho fervor y altas expectativas de intensidad, creo, para seguir fieles a esta forma de expresión y de conocimiento que los entusiastas seguimos apreciando y cultivando.