La Prensa

Cómo controlar el estrés y la ansiedad antes de una operación

La cirugía representa para muchos pacientes una situación de estrés importante, ya que previo a la intervención aparecen distintas preocupaciones relacionadas con la anestesia, el dolor, la recuperación, las secuelas, la separación de los afectos, los trastornos económicos y laborales, entre otros.

Frente a esto, pueden surgir varias respuestas emocionales: ansiedad, estrés o depresión, que de acuerdo al grado que alcancen tendrán diferentes consecuencias haciendo más difícil la recuperación. Es decir, el estrés preoperatorio puede atrasar la recuperación.

Las cirugías pueden representar un alivio pero también pueden ser una fuente de estrés psicológico porque el paciente se enfrenta a situaciones desconocidas.

En el periodo preoperatorio, cierto nivel de ansiedad es normal y deseable, ya que la capacidad de pensar y razonar nos diferencia por ejemplo del reino animal. Por eso muchas veces se hace necesaria una consulta y preparación psicológica para adaptarse al desafío que representa una cirugía.

Hay estudios que demuestran que cuando se prepara a la persona psicológicamente para una intervención quirúrgica, dándole información, enseñándole técnicas de relajación, escuchando y eliminado sus miedos, la ansiedad disminuye, la estadía hospitalaria es menor, el dolor es mejor soportado y por lo tanto tiene menor necesidad de analgésicos, el postoperatorio es más corto y el paciente siente más bienestar y control de la situación.

CONSECUENCIAS

Una gran ansiedad o estrés, puede afectar las drogas anestésicas, la tensión arterial o la frecuencia cardiaca. Las heridas demorarán en cicatrizar mientras que el sistema inmunológico se puede debilitar, por lo tanto el postoperatorio será mas largo. También se puede presentar insomnio, irritabilidad, problemas con el médico o la enfermería, uso excesivo de analgésicos, etcétera.

Por lo tanto, la evaluación y tratamiento de un paciente que va a ser sometido a una práctica quirúrgica requerirá especial atención a nivel médico y psicológico.

Entre los principales beneficios de la preparación prequirúrgica se encuentran:
* Mejora el sistema inmunológico.
* Mejor y más rápida cicatrización.
* Mejor circulación.
* Mayor tranquilidad y autocontrol. Menor tensión muscular.
* Mejor metabolismo y oxigenación.
* Menor estrés previo, durante y luego de la cirugía.
* Menos complicaciones y mejor recuperación.
* Menos dolor y menos analgésicos.
* Rápida recuperación y menor hospitalización.
* Mayor cooperación del paciente en su recuperación.

Es importante que el paciente confíe en su médico. Es necesario que el profesional lo escuche y conteste a todas sus preguntas, le dé información y se haga eco de todas sus preocupaciones.

La Asociación Argentina de Cirugía afirma que si la persona no confía en el doctor, aunque tenga las mejores referencias, será mejor buscar otro profesional hasta dar con la persona que inspire seguridad y confianza.

La mejor manera de reducir la ansiedad es recibiendo toda la información que la persona crea conveniente.

BUENAS PREGUNTAS

Algunas preguntas frecuentes que el paciente podría expresarle a su cirujano son:

- ¿Por qué es necesaria la cirugía? ¿Cómo es? ¿Cuáles son los posibles riegos y complicaciones?

- ¿Existen otras opciones?

- ¿Cuáles son los efectos de la cirugía, dolor y limitaciones de la misma?

- ¿Cuáles son las recomendaciones postquirúrgicas?

- Costos de la cirugía y trámites con la cobertura médica

Por último, y si se considera necesario, se podrá realizar una consulta previa con el anestesista para eliminar dudas, inquietudes y síntomas que se puedan tener post anestesia.

En conclusión, será fundamental la estrecha comunicación entre el paciente y todo el equipo de salud, teniendo en cuenta que no todos los pacientes son iguales y que dependerá de la idiosincrasia de cada uno cómo va a enfrentar la cirugía y los resultados de la misma.

Dr. José Battiston
Cirujano General (M.N. 44.569). Miembro titular de la Asociación Argentina de Cirugía. Director médico de la Clínica San Camilo (CABA).