La Prensa

Nuevo acercamiento al "Ulysses"

La traducción de Rolando Costa Picazo es minuciosa y presenta ventajas respecto de las anteriores. La monumental versión tiene 1.764 páginas en dos volúmenes con un aparato crítico de 6.381 notas. Pese a ciertas observaciones prescindibles, el aporte es exhaustivo y útil para el lector no especializado.

Se ha publicado una nueva traducción al castellano del Ulysses de James Joyce, la quinta desde la aparición de la novela en 1922. En esta ocasión el trabajo estuvo a cargo de un argentino como ocurrió con la primera versión de 1945. Entonces el traductor, José Salas Subirat, era un corredor de seguros. Más de 70 años después acometió la misma tarea un profesor de literatura y académico de larga trayectoria, Rolando Costa Picazo.

Es desconcertante el prestigio duradero de esta obra, que constituye una muestra de vanguardismo extremo y una prueba exigente para el lector no especializado. Son pocos los no profesionales que se aventuran a encararla y, si lo hacen, las deserciones no escasean. Pero el interés en traducirla demuestra que sedujo a los académicos e intelectuales hasta el punto de que la han convertido en un clásico. Al menos en el sentido que Borges le dio a esa expresión. "Clásico -opina en Otras Inquisiciones- no es un libro que necesariamente posee tales o cuales méritos; es un libro que las generaciones de los hombres, urgidas por diversas razones, leen con previo fervor y con una misteriosa lealtad". A continuación añade otro rasgo de los clásicos perfectamente aplicable al Ulysses. El de ser leídos "como si en sus páginas todo fuera deliberado, fatal, profundo como el cosmos y capaz de interpretaciones sin término".

En este último sentido las intenciones de Joyce fueron desde un principio tan obvias como eficaces. En la segunda edición canónica de Oxford Richard Ellmann cita una conocida confesión del autor: "Puse tantos enigmas y rompecabezas que mantendrán a los profesores ocupados por siglos discutiendo sobre lo que quise decir y es esa la única manera de que uno se asegure la propia inmortalidad".

Pero no se limitó a los acertijos. Para estimular al gremio docente también le otorgó algunas facilidades. Dos años antes de la publicación completa de la novela (que apareció por entregas) confió a su amigo Carlo Linati y a Stuart Gilbert sendos esquemas explicativos, mapas para transitar por esa selva deliberadamente oscura que hasta hoy siguen usando las cátedras de literatura inglesa. Un verdadero maestro del marketing.

La historia que cuenta el Ulysses se desarrolla el 16 de junio de 1904 en Dublin, ciudad que es recorrida durante una larga y por tramos alcohólica jornada por los protagonistas Bloom y Dedalus. Se cierra con el archifamoso monólogo interior de Molly, esposa adúltera de Bloom. Tiene como referencia lejana y paródica a la Odisea y, según el esquema de Gilbert, cada uno de sus dieciocho capítulos está vinculado con un órgano del cuerpo humano, un color, un símbolo, un arte y una técnica. El 13, "Nausicaa", tiene como escenario las rocas, transcurre a las 8 p.m., los órganos que le corresponden son los ojos y la nariz, el color es gris-azul, el símbolo, la virgen, el arte, la pintura, y la técnica, la tumescencia/detumescencia.

La traducción de Costa Picazo (que publicó Edhasa) es minuciosa y en español neutro o lo que los rioplatenses consideramos como neutro, vale decir libre de españoladas. Conviene recordar que hay dos traducciones peninsulares. Tiene además un aparato crítico que consta de 6.381 notas explicativas. Para incluirlas fue necesario imprimir dos gruesos tomos poco manuables, pero que paradójicamente tienen como propósito facilitar la lectura. Hay notas eruditas y otras prescindibles, pero en conjunto el trabajo de consulta de fuentes es exhaustivo y útil para el lector.

¿En qué medida la traducción consigue reflejar los juegos de palabras, dar cuenta de las variaciones estilísticas y registrar los distintos niveles de lengua? El resultado es desparejo. Un ejemplo. Hacia el final del capítulo 17 escrito mediante preguntas y respuestas al estilo de los catecismos de su época, Joyce incluyó un recordado juego de palabras a partir del nombre "Sinbad the Sailor", esto es, Simbad el marino. Son variaciones a partir del cambio de la primera letra de las palabras "Sinbad" y "sailor": "Sinbad the Sailor and Tinbad the Tailor and Jinbad the Jailer and Whinbad the Whaler and Ninbad the Nailer and Finbad the Failer and Binbad the Bailer and Pinbad the Pailer and Minbad the Mailer and Hinbad the Hailer and Rinbad the Railer and Dinbad the Kailer and Vinbad the Quailer and Linbad the Yailer and Xinbad the Phthailer".

Las variaciones del texto en inglés son 15. Las de la traducción sólo 11. No queda claro por qué la poda y por qué en varios casos las vocales iniciales cambian respecto del original.

Otro misterio reside en que después del nombre de Simbad el Marino el traductor incluye la nota 6029. Esa nota remite a las notas 5396 y 5657. La primera se refiere al Museo Nacional de Dublin. La segunda, remite a su vez a otra nota, la 2210 sobre el viejo edificio del Banco de Irlanda en Dublin. En ambos casos no se percibe fácilmente la relación con el texto que se pretende explicar.

Confrontada con la traducción española de Valverde, la de Costa Picazo presenta ventajas. Si se toma, por ejemplo, el inicio del capítulo 18, en su célebre monólogo interior Molly Bloom califica de "faggot" a Mrs. Riordan. Valverde traduce "bruja", Costa Picazo prefiere "puta" que se ajusta más a la intención de Joyce. No se explica, sin embargo, por qué el autor inflige en esta ocasión a una mujer una palabra despectiva del "slang" que se suele usar para los varones homosexuales.
A continuación y respecto de la misma Mrs. Riordan, Molly dice en la traducción de Costa Picazo que Bloom creía erróneamente "tener mucha influencia" sobre ella ("had a great leg"). Madrileñamente Valverde traduce "imaginaba que la tenía en el bote".

Hay, no obstante, algún agregado incomprensible del traductor argentino. Molly recuerda que la avara Mrs. Riordan "never left us a farthing all for masses for herself and her soul". Literalmente: "Nunca nos dejó un cuarto de penique todo para misas para ella y su alma". Valverde prefiere la palabra "ochavo", mientras que Costa Picazo introduce el porteñismo "guita" ("toda la guita para ella") por completo superfluo.

Más allá de estos detalles la novela es un desafío que exige un esfuerzo colosal a los traductores. Hay un capítulo, el 14, "Los bueyes del sol", en el que los protagonistas van a las 10 de la noche a un hospital donde se atiende a parturientas. El tema es la fertilidad y Joyce en paralelo con el ciclo evolutivo de la concepción va introduciendo distintos estilos en orden más o menos histórico. Prosa clásica a imitación de Tácito, el estilo aliterativo del anglosajón, prosa isabelina, parodias de Milton, Swift, Defoe, Pater, Newman, Ruskin, Dickens, etcétera hasta llegar a una mezcla poco menos que impenetrable de inglés de negros, cockney y jerga de vagabundos y borrachos. Barriobajero diría un Valverde.

Para resolver problemas de ese porte, lo aconsejable sería una edición bilingüe de páginas enfrentadas con un aparato crítico como el que armó Costa Picazo. Este recurso se aplica habitualmente para mejor comprensión de los escritores griegos y latinos de la antigüedad. A esta altura Joyce parece merecerlo. ¿Acaso su novela no recibe la atención académica de un clásico?