Trump prometió dar seguridad a las escuelas

En un mensaje a todo el país después de la matanza de Florida, el jefe de la Casa Blanca se solidarizó con las víctimas y pidió responder al odio con amor. Confirmaron que el agresor se había entrenado con un grupo racista.

Washington (EFE y Télam) - Al día siguiente de uno de los más cruentos tiroteos en la historia reciente de Estados Unidos, el presidente Donald Trump se solidarizó con las víctimas, prometió "escuelas seguras" y "afrontar el difícil problema de la salud mental", pero evitó entrar en el debate por un mayor control sobre las armas.

"Ayer (por el miércoles), una escuela repleta de niños inocentes y atentos maestros vivió una escena de violencia, odio y maldad terribles. (...) Ningún niño ni maestro debería correr peligro en una escuela estadounidense, y ningún padre debe sentir miedo al despedirse de un niño en la mañana", aseguró Trump en un discurso dirigido a todo el país.

En otro tramo del mensaje, Trump prometió visitar la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas de Parkland, en el sur de Florida, a unos 80 kilómetros de Miami, y reunirse con las familias de las víctimas, los sobrevivientes y funcionarios locales.

El mandatario identificó varios problemas vinculados con la tragedia, pero en ningún momento habló sobre los controles a la venta y tenencia de armas, un reclamo que renace tras cada tiroteo masivo, masacre o atentado.

"Estamos comprometidos a trabajar juntos para asegurar las escuelas y afrontar el difícil problema de la salud mental. (...) Si necesitan ayuda, acudan a un profesor, a un policía, a un pastor. Respondan al odio con amor. Respondan a la crueldad con bondad", pidió Trump, quien el miércoles ya había calificado al joven atacante, Nikolas Cruz, como una persona "mentalmente desequilibrada". 

Luego el mandatario ordenó izar las banderas a media asta en todos los edificios públicos de Estados Unidos en señal de luto por los 17 muertos y 15 heridos que provocó el ataque de un ex alumno de 19 años.

Autoridades locales, testigos y organizaciones civiles dijeron que en sus tiempos de estudiante, Cruz había tenido problemas con todos sus profesores, era calificado como alguien violento e inestable y pertenecía a un grupo supremacista blanco, el denominado República de Florida (ROF, en inglés). 

Esa vinculación fue confirmada a la entidad judía Liga Contra la Difamación por Jordan Jereb, uno de los líderes de ROF, quien dijo que Cruz participó incluso en los entrenamientos de este grupo, conocido por su visión supremacista y por su adhesión a distintos conceptos paramilitares.

También el Pentágono reconoció que el joven recibió recientemente entrenamiento militar, un dato que explica el alto número de víctimas que provocó y su reacción fría ante la irrupción de los comandos de élite de la Policía en la escuela.

Jereb dijo que Cruz intervino en ejercicios de entrenamiento, puesto que "fue criado" por uno de sus miembros. De niño Cruz fue adoptado por Roger y Lynda Cruz. Roger murió de un ataque al corazón hace años, mientras que Lynda falleció el pasado mes de noviembre debido a una neumonía.

"Lynda manejó la situación como lo hubieran hecho la mayoría de los padres. Probablemente fue demasiado buena con él", declaró al diario The Washington Post su hermana, Barbara Kumbatovi.
Cruz confesó la autoría de la matanza. Desde el jueves se encuentra en la cárcel del condado de Broward, en la vecina ciudad de Fort Lauderdale, después de ser acusado de 17 asesinatos premeditados. Un juez de Florida le impuso la prisión sin fianza tras convocarlo a un tribunal del condado, a la que el tirador asistió vestido con un overol color naranja, esposado y acompañado de su abogada.
Su representante legal declaró brevemente a los medios que su defendido se encuentra "profundamente arrepentido", "roto" y que es "consciente de lo que está pasando".

La investigación apunta a que el joven, expulsado de la escuela el año pasado tras una pelea con la nueva pareja de su ex novia, activó las alertas de incendio con granadas de humo y, cuando sus antiguos compañeros salieron de las aulas, comenzó a disparar con un arma semiautomática.

OTRA GRIETA
Con la tragedia se rebrió una vez más el debate en Estados Unidos sobre la necesidad de reforzar los controles de acceso a armas de fuego, aunque el guión siguió el habitual cruce de declaraciones entre demócratas y republicanos.

El presidente estadounidense es un destacado defensor del derecho a portar armas, y ha participado en varias conferencias de la Asociación Nacional de Armas de Fuego (NRA, en inglés), el gran grupo de presión a favor de las armas en el país.

Cuando apenas llevaba un mes en la Casa Blanca suspendió incluso una regulación impulsada por el ex presidente Barack Obama para impedir que personas con problemas mentales pudiesen comprar de armas fuego.

El jueves, el senador demócrata por Florida, Bill Nelson, llamó a reinstalar esa prohibición. "Un fusil AR-15 (el que utilizó el autor del tiroteo) no es para cazar, es para matar", aseguró Nelson en declaraciones a la cadena CNN, en las que aseguró que posee armas y se declaró un defensor de la Segunda Enmienda de la Constitución, que protege el derecho a portar armas de fuego.

Los republicanos salieron rápidamente al paso y criticaron los llamados a restringir este derecho.
"La reacción de los demócratas tras cualquier tragedia es politizarla. Inmediatamente empiezan a decir que debemos retirar los derechos de la Segunda Enmienda de ciudadanos cumplidores con la ley. Esa no es la respuesta correcta", afirmó Ted Cruz, senador por Texas y aspirante a la candidatura presidencial republicana en 2016.