DE QUE SE HABLA HOY

Los asesinados por los sicarios no tienen prensa

Rosario es Guanajuato. Rosario ya es tierra narco. Rosario no puede defenderse, está tomada, está condenada. Suena fuerte ¿no? Pero es verdad. Los cárteles se apoderaron de la ciudad santafesina y ahora no hay marcha atrás. Los crímenes a manos de sicarios se suceden, la pelea entre los narcos para ganar o mantener territorios es cruel, feroz, sangrienta.

Y encima la pasividad de un Estado que parece preocupado por el caso Chocobar, mientras la droga y sus mercenarios campean a sus anchas en tierra rosarina. El narcotráfico es un delito federal y debe ocuparse el Gobierno de combatirlo, sin bien es cierto que el Ejecutivo de Santa Fe poco ayuda. Hace pocas horas Pablo Federico Riquelme, un hombre de 27 años, jugaba en la vereda de su casa con su hijo Jamil, de apenas tres años. Cerca de las 21.30 dos asesinos que se desplazaban en una moto pasaron junto al padre y al niño y los acribillaron a ambos. Los sicarios cumplieron su cometido una vez más. Pablo murió en el quirófano y Jamil llegó al hospital sin vida en brazos de su madre luego de recibir disparos de arma de fuego con entrada y salida en la zona del tórax. En esa zona del sudoeste de la ciudad, ya hubo 26 muertes en lo que va del año y ni un solo detenido, ni un solo sospechoso. Son 26 crímenes perfectos, impunes, "limpios". Sólo en las últimas 72 horas hubo seis asesinatos a sangre fría. En Rosario el crimen no paga. El miedo es el mejor aliado del silencio que fabrica cómplices que jamás dirán si vieron algo, si saben algo. Ajustes de cuentas que incluyen niños, ancianos, inocentes que estaban en el lugar del ataque, ¡eso es dar una lección! Y del otro lado, el silencio. La policía santafesina no puede o no quiere. El Gobierno tiene temas más urgentes. En otro país, como Brasil por ejemplo, las fuerzas policiales habrían intervenido el lugar y limpiado la zona de esta lacra importada que está matando a nuestra gente con su veneno por gramos y con sus sicarios. ¿Cómo es posible que no haya un indicio, una pista, un dato que permita llegar a los responsables de estas atrocidades? No me lo creo, no quiero creerlo, porque entonces la situación sería mucho peor. Los ciudadanos esperan un gesto, algo que les lleve tranquilidad, que les permita al menos suponer que este infierno puede terminarse. Rosario está en peligro y es urgente ayudarla, sacarle de encima esta mafia asesina y a sus cómplices que seguro están sentados en algún escritorio y cobrando sueldos oficiales. Hagan algo por favor, no tienen que morir ni un Pablo ni un Jamil más. Y lo peor es que ellos son asesinados y nadie los recuerda al día siguiente, la sociedad se queda callada, esperando el próximo crimen, el próximo ataque, como si fuera una costumbre. Las víctimas de los sicarios no tienen buena prensa, nadie los tiene en cuenta. Son historia y punto.

V. CORDERO