La Prensa

"El peronismo, un estilo de hacer política"

En "El siglo de Perón", Alain Rouquié distingue al movimiento originado en 1943 por su plasticidad, su carácter maleable y su capacidad de cambio permanente. Una de sus claves es la necesidad de tener un jefe.

Alain Rouquié, el reconocido politólogo e historiador francés de 78 años, estuvo recientemente en Buenos Aires para promocionar su último libro dedicado al peronismo, una de sus especialidades.

El siglo de Perón (Edhasa, 354 páginas) aborda no sólo la historia del peronismo sino que presenta un análisis acerca de sus características particulares con la intención de construir una definición académica.

La obra se divide en tres partes. En la primera, 148 páginas, Rouquié realiza un apretado compendio del segundo tomo de su excelente investigación Poder militar y sociedad política en la Argentina que salió a la venta en nuestro país hace 35 años. Recorre de esta manera, sin ningún agregado a la versión original, la historia del peronismo desde su origen en 1943 hasta el triunfal regreso de su creador en 1973.

La segunda parte, a modo de continuación histórica de la obra citada pero sin la misma envergadura, fuentes ni la precisión de aquella, recorre los años que transcurren desde la muerte de Perón en 1974 hasta nuestros días. En 100 páginas y bajo el título "La metamorfosis del fénix", Rouquié desarrolla su teoría acerca de cómo el peronismo aprendió a sobrevivir en democracia. "Los justicialistas -dice- deben aprender el camino de la incertidumbre electoral propio de las democracias".

Tras el triunfo de Alfonsín en 1983, explica Rouquié, "la muerte anunciada del peronismo era exagerada y, sobre todo, prematura", sin embargo, estaba por verse si podría adaptarse al nuevo contexto político de ser oposición en una democracia pluralista y si se había sacado de encima los viejos fantasmas autoritarios. La historia demostró que sí. Desde 1989 hasta 2015, 26 años en total, 24 estuvieron gobernados por peronistas de distinta índole y características.

Estas particularidades son las que intenta clasificar para ya en la última parte del libro, 80 páginas, desarrollar un análisis político/académico sobre el peronismo y sus diferencias o similitudes con algunos de los actuales gobiernos de la región como el chavismo venezolano.

Rouquié, entre otros conceptos, caracteriza al peronismo por su plasticidad, su carácter maleable y su capacidad de cambio permanente y transformismo.

"En la Argentina -explica- el peronismo se caracteriza, sobre todo, por las discontinuidades a lo largo de su trayectoria histórica. No tiene un programa intangible, ni referencias ideológicas permanentes, ni tampoco verdaderas bases sociales. Podría decirse que se define por su misma indefinición. Y es quizá de allí donde saca parte de su fuerza y las condiciones de su perennidad. En efecto, esa maleabilidad ideológica favorece su difusión y su expansión. Así, pues, el justicialismo puede estar a la vez en el poder y en la oposición, a la derecha y a la izquierda, y ocupar todo el campo político".

Para Rouquié, el peronismo no es un "contenido" sino un estilo, una manera de hacer política. Incluso, en un contexto democrático, no siempre se constituye en un partido pero sí debe tener de manera necesaria un jefe, "líder máximo" o "dominación carismática". El sistema justicialista, agrega, es plebiscitario. Es decir, el jefe máximo necesita una permanente legitimización por medio del sufragio.

¿El motivo? Todos los regímenes hegemónicos -el peronismo forma parte de ese grupo con sus características particulares, únicas y singulares- se esfuerzan por probar permanentemente que el pueblo está siempre detrás, apoyando al líder, quien considera que siempre sus logros se encuentran amenazados y que la oposición es siempre sospechosa.

El peronismo, continúa desarrollando el historiador francés, es una clase de régimen antidemocrático y que demuestra, a lo largo de su historia, actitudes hostiles al sistema representativo, al liberalismo político y al occidentalismo. 

"Las democracias hegemónicas tiene como característica principal el ser a un tiempo anti institucionales y electoralistas". Se trata de regímenes fuertes que nacen en circunstancias de malestar social generalizado, contra gobiernos a la vez impopulares e ineficaces, y que no buscan reforzar las instituciones sino que consideran frágiles las estructuras del Estado, el cual pertenece al Gobierno y en ningún caso podrá oponerse a él. La alternancia es condenada y condenable. "La homogeneidad de los comportamientos detrás de un líder incontestado sería la condición indispensable para realizar el destino de grandeza al que el país está abocado". Por último, sostiene que el justicialismo constituye un espacio común de memoria idealizada, saturado de referencias históricas, de íconos y de rituales.

El siglo de Perón constituye una aproximación valedera y valiosa al gran universo de la literatura dedicada al fenómeno político argentino. En primer lugar por la capacidad y trayectoria de su autor, y en segundo término debido a su constancia y seguimiento, durante las últimas cuatro décadas, de las políticas en Latinoamérica, y en especial, acerca del peronismo, lo que lo convierte en uno de los más importantes especialistas extranjeros en el tema.

Alain Rouquié estuvo de visita en nuestro país para presentar su libro más reciente.