Caso Maldonado: el gobierno sometido a una "prueba diabólica"
SIETE DIAS DE POLITICA. En una paradójica defensa del estado de derecho el kirchnerismo exige a Macri que demuestre que no cometió un delito, con lo que invierte la carga de la prueba y omite la presunción de inocencia.
Después del éxito en las PASO y de las primeras señales de reactivación económica, cuando empezaba a vislumbrar un triunfo sobre Cristina Fernández en las generales de octubre, el gobierno quedó atrapado en el caso Maldonado. Rápido de reflejos el kirchnerismo aprovechó la ocasión para instalar en la agenda electoral la cuestión que desplazó a todas los restantes en los últimos días.
Fue hábil también en colocar al oficialismo en una situación de debilidad. Le exigió, al uso de la antigua inquisición, que demuestre que no cometió un delito. Presume su culpabilidad, no su inocencia, algo contrario al estado de derecho que los mismos kirchneristas dicen defender.
En el orden penal vigente desde hace ya siglos es el acusador el que debe probar la existencia del delito, no el acusado su inexistencia, pero este "detalle" se perdió en el fárrago instalado con fuerza en los medios y las redes sociales. En resumen, el gobierno quedó expuesto a una suerte de ordalía.
Así como el kirchnerismo se movió rápidamente, el oficialismo tardó en reaccionar, en evaluar la real magnitud del problema. De todas maneras no parece claro todavía el peso que puede tener en la conducta del electorado el mes próximo.
Lo que en cambio quedó a la vista es que el asunto no representa ningún misterio para los que ya tienen su voto definido. Los kirchneristas dan por seguro que al ubicuo artesano se lo llevó la gendarmería y que Mauricio Macri es un epígono del general Videla, mientras que los antikirchneristas consideran que no tiene ni la intención ni los motivos para hacerse responsable de un delito de esa naturaleza.
Los indefinidos, en tanto, comparten la confusión general alimentada con operaciones de todo tipo, algunas involuntariamente cómicas como la del activista mapuche que dijo haber visto con binoculares cómo Maldonado era abducido por gendarmes. O la del supuesto informe de inteligencia policial (que la policía desmintió) que acusaba a la gendarmería y que fue dado a publicidad por un dirigente al que se tiene por vocero del Papa.
Más allá de la batalla mediática, el kirchnerismo y el gobierno ya tienen estrategias definidas. Los opositores optaron por la protesta, la movilización y la violencia como quedó demostrado el viernes de 1º con los incidentes en cercanías de Plaza de Mayo. Saben que un muerto en la calle sería un golpe de nocáut para el oficialismo en vísperas electorales.
En la Casa Rosada, entretanto, creen estar caminando sobre una fina capa de hielo. Allí la voz de orden es prudencia. En primer lugar cedieron ante los piqueteros (las llamadas organizaciones sociales) y reglamentarán la emergencia que les exigían. Consideran preferible someterse a la extorsión que arriesgarse a tener más encaouchados en la calle. También acordaron con la debilitada CGT para evitar cualquier riesgo.
En segundo lugar sacaron a Patricia Bullrich de la primera línea de la discusión pública. La ministra es frontal y no tiene pelos en la lengua. Defendió a la Gendarmería que le viene respondiendo con eficacia en la lucha contra el narcotráfico.
En el gobierno hay quienes creen que los ataques a la fuerza están vinculados con el éxito en el desbaratamiento de redes delictivas.
Bullrich fue ratificada por el presidente y el jefe de Gabinete, Marcos Peña, pero reemplazada por los ministros Avruj y Garavano, de estilo más contemporizador y con una competencia que no es la de las fuerzas de seguridad.
Otra medida dictada por la prudencia fue la de respaldar al juez y a la fiscal actuantes. El gobierno se amparó en la división de poderes para eludir los ataques opositores y pasó por alto que el juez debió tomar con mayor rapidez medidas como la de rastrillar las tierras que los mapuches consideran "sagradas". Esa demora fue otro dislate de la ya larga saga mapuche.
La aparición de nuevos testigos que aseguraron haber visto con vida a Maldonado después de su supuesta desaparición añadió confusión y, si los opositores ceden la presión en los medios, es muy probable que el asunto descienda de los primeros lugares de la agenda. Contribuye a esta posibilidad la división existente en el peronismo. Como quedó en claro en la presentación de Marcos Peña en el Senado sólo el ultrakirchnerismo ataca a Macri con este asunto. El resto del PJ optó por el bajo perfil o se desentendió del tema.
