Siete días de política
Carrió "chachea" a Macri y CFK encuadra a la disidencia del PJ
Carrió es un activo electoral, pero también un dolor de cabeza político. Sus amagos de abandonar el gobierno son reclamos de poder. Cristina es la mejor candidata del PJ y lo hace valer.
La coalición que armó Mauricio Macri para derrotar al peronismo tiene una diferencia importante con la Alianza que llegó al poder en 1999: el presidente manda y los demás se subordinan. No hay "Chachos" Alvarez con proyectos que compiten con los del presidente. Tampoco con suficiente poder institucional como para hacerlo tambalear con una renuncia. Prudentemente Macri evitó que el radical Ernesto Sanz se hiciera con la jefatura de gabinete y redujo la mesa de decisiones a tres personas: Marcos Peña, María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta.
Elisa Carrió es una francotiradora sin estructura, pero con una enorme capacidad de propalación que hace oir sus reclamos por los medios. En su cruzada regeneradora de la política tiene conflictos con sectores de la Justicia y de los servicios de información. En estos últimos parece haberse generado una interna alrededor de su actividad de denunciante.
Durante la semana última la diputada lanzó críticas indirectas al presidente y directas a la subjefa de la AFI, Silvia Majdalani. Reclamó que el gobierno opere en la Justicia para que Julio De Vido vaya preso y que Majdalani sea echada, porque supuestamente la espía. La respuesta fue el silencio por dos razones. Primero, Carrió es un activo importante para el triunfo oficialista en la capital; segundo, aunque quisiese, el presidente carece de la capacidad para que la Justicia funcione al ritmo de sus deseos, cosa que quedó suficientemente probada con el fallo de la Corte sobre el dos por uno. Del control de los "servicios" mejor no hablar. Entraron en convulsión cuando CFK quiso reemplazar a Stiuso con Milani y nada indica que el señor Arribas haya conseguido resolver ese problema.
Esa es la situación de fondo, pero en el escenario mediático se juega otro partido. Al denunciarlo, Carrió mancha al gobierno con sospechas de corrupción (o connivencia con la corrupción K), se ratifica como fiscal moral de la república y, si Majdalani cae en algún momento, gana una pulseada política.
¿Qué efecto tiene su embestida? El desgaste de Macri no es sensible. Los que lo pueden considerar corrupto nunca lo votaron ni lo votarán. Afecta en cambio la gobernabilidad e indirectamente la economía. Con aliados como ella, la base política de la coalición gobernante está lejos de mostrarse sólida. Por eso el macrismo la mantiene a distancia. María Eugenia Vidal no la dejó entrar en la provincia de Buenos Aires y, un agravio aún mayor, llevará como fiscal ética en la lista a Graciela Ocaña.
Otro problema es el protagonismo. El gobierno quiere sacarse de encima a la procuradora Gils Carbó y elaboró un proyecto que iba a aprobar en Diputados con ayuda del massismo. Carrió lo hundió y Gils Carbó sigue en su cargo. Una cosa es atacar al gobierno por los medios; otra, sabotear su estrategia de poder.
Según trascendió, el "chacheo" al que lo somete Carrió periódicamente no molesta tanto a Macri como la baja operatividad de algunos ministros como Garavano, Bergman, Malcorra o Dujovne. Delega poco y la fatiga ya se le está empezando a notar. Pero tiene un alivio y es la fragmentación de un peronismo que se encuentra en estado deliberativo.
Cristina Fernández salió públicamente a ajusticiar a la denominada "renovación" que el peronismo proyectaba con Florencio Randazzo. Desafió a su ex ministro al dejar abierta la posibilidad de una eventual candidatura si no se somete. Si se tiene presente que todas las encuestas la muestran como la candidata peronista con mayor intención de voto es fácil comprender la situación en la que quedó Randazzo y con él todos los dirigentes del PJ que ya habían empezado a pedir públicamente que se jubilara lo antes posible.
"Contrario sensu" en el gobierno fue recibida con beneplácito la entrevista que organizó con cuatro periodistas militantes. Quedó claro que actúa desde una posición de fuerza, que el poder territorial (los intendentes) no se va masivamente con Randazzo y que en caso de que este se someta al "dictum" de la ex presidenta, será uno más de sus subordinados.
Un golpe similar recibió Sergio Massa al que tampoco sonríen las encuestas. La irrupción de CFK hace añicos cualquier posibilidad de equidistancia porque reproduce el escenario de 2015. No hay esfuerzo dialéctico, ni periodístico capaz de suprimir la polarización. A esta altura terciar entre el gobierno y los "K" es como crear una inimaginable Corea del Centro.