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Tardó la historia uruguaya en elevar a Artigas como héroe nacional

La independencia de la Banda Oriental

A la vista de los antecedentes, es evidente que la pretensión portuguesa sobre el territorio era un objetivo estratégico secular. Por eso, volvieron a la carga cuando la ocasión fue propicia. Dicha ocasión se presentó en 1816.

Por Alejandro Poli Gonzalvo

Especial para La Prensa


Los hombres que hicieron la Revolución de Mayo aspiraban enérgicamente a conservar todas las posesiones del Virreinato del Río de la Plata. Los ejércitos enviados al Alto Perú, al Paraguay y a la Banda Oriental señalan a las claras esa vocación. A diferencia de paraguayos y altoperuanos, los orientales nunca vacilaron en su deseo de formar parte de la joven nación que se estaba formando. Sin embargo, en el conflicto entre los hombres de Buenos Aires y Artigas sobró orgullo e incapacidad mutua para conciliar posiciones en beneficio del bien superior de la unidad nacional.

Dominar la Banda Oriental era un antiguo objetivo estratégico de Portugal. Desde fines del siglo XVI comenzaron las incursiones de bandeirantes en territorio de las misiones jesuíticas, que merced a su férrea organización militar fueron un freno para su expansión.

Posteriormente, la posesión de la Colonia de Sacramento (actual Colonia) fue objeto de numerosas guerras entre España y Portugal. Fundada en 1680 por los portugueses, ese mismo año fue conquistada por tropas españolas y guaraníes. En 1701 fue devuelta a Portugal por el Tratado de Lisboa pero vuelta a ocupar en 1705 en el marco de la Guerra de Sucesión Española.

En 1715 España se vio obligada a entregarla a los portugueses debido a la firma del Tratado de Utrecht, quienes fundaron Montevideo en 1723 pero los españoles rápidamente la conquistaron en 1724. Durante la Guerra de los Siete Años, el célebre gobernador de Buenos Aires, Pedro de Ceballos ocupó Colonia De Sacramento en 1762. Una vez más, las idas y vueltas de la diplomacia en Europa forzaron la entrega de la Colonia a los lusitanos en 1763.

En 1776, Ceballos fue nombrado virrey del nuevo Virreinato del Río de la Plata y encabezó una fuerza militar formidable para esa época que zarpó de Cádiz ese mismo año. En 1777 tomó Colonia que se mantendría en poder español hasta la Revolución de Mayo.

EXODO ORIENTAL

Aprovechando la convulsión del 25 de Mayo y la debilidad de las autoridades de Buenos Aires, en julio de 1811 la corona portuguesa invadió la Banda Oriental y sitió Montevideo, que se mantenía en poder de los realistas. Por la intervención británica se firmó un armisticio por el que portugueses y patriotas se retiraban de suelo oriental, hecho que dio origen al éxodo oriental encabezado por Artigas. Hubo un segundo avance portugués en suelo oriental que finalizó en 1812 con el tratado Rademaker-Herrera.

La retirada de los portugueses posibilitó el segundo sitio de Montevideo por las tropas patriotas. Por desavenencias con Buenos Aires, Artigas abandonó el sitio en enero de 1814 pero la plaza que fue capturada por Alvear en junio de ese año.

A la vista de estos antecedentes, es evidente que la pretensión portuguesa sobre la Banda Oriental era un objetivo estratégico secular. Por eso, no extraña que volvieran a la carga cuando la ocasión fue propicia. Dicha ocasión se presentó en 1816.

El Congreso de Tucumán había declarado la Independencia el 9 de julio sin la presencia de las provincias del litoral acaudilladas por Artigas, en franca oposición a las autoridades de Buenos Aires.
San Martín preparaba su Ejército de los Andes, absorbiendo todos los fondos disponibles, mientras que el Ejército del Norte estaba debilitado y estancado en Tucumán y la defensa de la frontera era liderada por Güemes.

En agosto de 1816, las tropas lusitano-brasileñas invaden tierra oriental. Artigas se pone al frente de la resistencia y pide ayuda a Buenos Aires. Aquí comienza una sucesión de acusaciones entre varias misiones de orientales enviadas a Buenos Aires y el Director Pueyrredón, que deseaba de buena fe apoyarlos a pesar del enorme problema logístico que significaba abrir un tercer frente de guerra, pero ponía como condición el reconocimiento de su autoridad y del Congreso de Tucumán. A pesar de los pedidos de sus lugartenientes y de las autoridades de Montevideo, Artigas se niega de plano.

RIESGO MAYUSCULO

¿Por qué Artigas no supo darse cuenta del riesgo mayúsculo que encerraba su federalismo a ultranza para la salvaguardia de la libertad de la Banda Oriental?. ¿Por qué optó por enfrentarse a Buenos Aires y no cerrar filas frente al enemigo portugués, cuando para ello sólo requería de su parte el reconocimiento de la autoridad de la ex-capital del Virreinato, unidad histórica a la deseaba pertenecer?. ¿Era preferible mantener su obstinada cerrazón ante el poder de Buenos Aires aún a costa de no recibir ayuda para hacer frente a la invasión lusitana?.

Preguntas de tono similar se podrían ensayar respecto de la actitud porteña: ¿no sabía Buenos Aires que no brindando ayuda a Artigas, aún cuando hubiera boicoteado el Congreso de Tucumán, ponía en serio riesgo el territorio de la Banda Oriental? ¿No era preferible que el centralismo porteño hiciera concesiones a Artigas que observar pasivamente la invasión portuguesa?.

El hecho de que Artigas rechazara varias proposiciones de acuerdo con Buenos Aires y se mantuviera intransigente mereció un duro juicio contrario de San Martín, Belgrano y Güemes, que no tenían una buena opinión sobre él. Pero mientras que Buenos Aires podía observar el conflicto en la Banda Oriental como un foco de rebelión equivalente a otros del interior del país, Artigas comprometió seriamente el destino de su pueblo y un tribunal de historia no puede pasar por alto este hecho. Entre los argentinos, las posiciones podrán ser opuestas; pero entre los uruguayos, la critica a su férrea defensa de la autonomía oriental es un sacrilegio. Artigas es su héroe nacional. Pero no siempre fue así.

Los propios historiadores uruguayos tardaron mucho tiempo en erigir a Artigas como su héroe nacional. La conversión de la visión inicial de Artigas como un caudillo federal más o menos bárbaro a héroe fundador de la nacionalidad oriental comenzó hacia la década de 1870 y tuvo un punto de inflexión en 1884 con la dura polémica entre José Pedro Ramírez (convertido a la defensa de Artigas) y Francisco Berra, que siguió fiel a la opinión crítica sobre su figura predominante en la historiografía uruguaya. Este proceso de conversión de su imagen negativa culminó en 1911, al conmemorarse el centenario de la victoria de Artigas en Las Piedras, donde la dificultad para transformarlo en héroe máximo charrúa consistió en explicar el prolongado antiartiguismo de décadas atrás.

No desmerece un ápice la apreciación que hoy unánimemente los uruguayos tienen de Artigas, la gravísima circunstancia de que haya sido derrotado y recluido en un penoso exilio mientras su patria se transformaba en la Provincia Cisplatina del Brasil, del que nunca intentó regresar, ni siquiera cuando se produjo el desembarco de los Treinta y Tres Orientales en 1825.

Pareciera que el favorable e inesperado éxito de las Provincias Unidas en la guerra con el Brasil (una guerra que no se podía ganar en forma definitiva) les lleva a olvidar que otra pudo ser la historia, que bien pudo haber permanecido Montevideo y toda la provincia en poder brasileño para siempre y que sólo merced al sacrificio mancomunado de uruguayos y argentinos se logró rescatar a la Banda Oriental de sus garras.

Si esta hubiera sido la historia, quizás se alzarían voces de agrio reproche a la terca resistencia de Artigas a conciliar posiciones con Buenos Aires. Pero afortunadamente, Ituzaingó existió.
Buenos Aires peleó por la Banda Oriental hasta 1828 porque la consideraba parte indisoluble de las Provincias Unidas.

Nada convocaba tanto a porteños y orientales como pelear unidos contra los pertinaces rivales atlánticos. Artigas peleó a muerte contra Pueyrredón, pero Pueyrredón apoyó a muerte a San Martín y a Güemes. Quizás por estas razones estériles es que Güemes es un héroe nacional argentino y Artigas el héroe nacional uruguayo.