La Prensa
En diálogo con La Prensa, Alieto Guadagni se refirió a los temas que aborda en un libro que acaba de publicar sobre educación

"No hay aprendizaje que no exija esfuerzo"

El ex secretario de energía señala que aún falta mucho para conseguir una enseñanza de calidad que ayude a generar un sistema socialmente inclusivo. Alerta sobre el gran ausentismo escolar y la poca graduación secundaria y universitaria.

 

En el living de la casa de Alieto Guadagni hay varias medallas que muestran su paso como embajador argentino en Brasil, y un importante equipo de música de alta fidelidad. El ex diplomático y secretario de energía recibe a La Prensa con calidez y bien dispuesto para hablar de una de sus pasiones: la educación.

Acaba de presentar un libro junto a su colega Francisco Boero "La educación argentina en el siglo XXI", e impresiona en cada una de sus respuestas por su capacidad para memorizar muchos de los números que aparecen en la publicación y que el entrevistado va revelando para sostener un diagnóstico sobre la educación que no duda en afirmar que está "complicada".

Durante la charla, el actual director del Centro de Estudios de la Educación Argentina en la Universidad de Belgrano, habla de la importancia de la escuela para la movilidad social, de la necesidad de atraer a la docencia a los mejores estudiantes, y de cómo el colegio privado gana terreno sobre el público, provocando desigualdad.

- ¿De donde viene su preocupación por la educación? ¿Es algo que le interesa de hace tiempo?
- Yo escribí un libro en el año 1999 que se llamaba "Otra escuela para el futuro". ¿Por qué lo escribí? Porque estaba convencido que en el siglo XXI, que es el siglo de la globalización tecnológica y la integración mundial, los únicos países que iban a prosperar en términos de crecimiento económico eran los países que eran capaces de acumular capital humano de alta calidad. Y el único que puede acelerar este proceso es el sistema educativo. Al mismo tiempo, como yo vengo del movimiento peronista, preocupado por la justicia social y de igualdad de oportunidades, llegué a la conclusión de que no puede haber justicia social si no hay igualdad de oportunidades educativas. ¿Que quiere decir? Que el futuro de un niño no esté determinado por el hogar donde uno nace. Es decir no vivir en una sociedad donde si usted nace en un hogar humilde va a terminar siendo humilde. Donde si sus padres son pobres, usted y sus hijos van a terminar siendo pobres. El único que puede romper esa cadena de reproducción intergeneracional de la pobreza es el sistema educativo. Nosotros requerimos un sistema educativo que sea de calidad y a la vez socialmente inclusivo en el sentido positivo, no de amontonamiento, sino de dar una buena educación en todos los niveles. Ese fue el objetivo principal.

- Y lo retoma con este nuevo libro, de pensar en una educación para todos
- Exacto, analizo la educación inicial, el nivel primario y el nivel secundario, y terciario y universitario, presentando un diagnóstico que identifique las debilidades, los puntos críticos, para poder propiciar políticas que lo corrijan. La idea al escribir el libro es no es denunciar las deficiencias como una crítica, sino que sea un diagnóstico para la toma de decisiones.

MALAS NOTAS
- En su libro describe una situación complicada, donde pese al esfuerzo desde el estado y las buenas intenciones, aún no se ha logrado una completa inclusión
- Sí, está muy complicada. No se llegó a la inclusión porque exige un esfuerzo mayúsculo, tiene que ser un esfuerzo de gran envergadura económica y financiera por parte del estado, y de las propias burocracias políticas. Por otro lado a mi hay algo que siempre me impresionó, que es un estudio de una universidad europea que decía: "si usted quiere saber donde va a estar ubicada una nación en el año 2050 no se pregunte si tiene minerales, petróleo y otros recursos naturales, e industrias, pregunte una sola cosa: cuanto saben hoy los adolescentes de quince años". Y cuando fui a averiguar lo que saben los adolescentes de quince años tuve una mala noticia. Según la prueba internacional Pisa, sobre 65 naciones, se vio por ejemplo que en el mundo no saben matemática un 23 por ciento de los adolescentes en promedio. Países asiáticos como Corea, Japón, China, no saben matemática, entre 3 y 5 por ciento, pero en la Argentina no saben matemática dos de cada tres adolescentes.

- Es mucho
- Sí, es mucho. Así no tenemos futuro

- Como hombre de estudio que es y docente ¿Cómo se dice es más difícil enseñar matemática, a los chicos no les enseñan bien? Pasa por una cuestión de la docencia, cuestión cultural donde hay un miedo instalado a la materia?
- Yo no soy un experto en pedagogía, he sido estudiante y profesor muchos años, y le digo que no hay proceso de aprendizaje que no exija esfuerzo. Eso es fundamental. Incluso he tenido experiencias personales. Soy graduado en la Universidad de Buenos Aires, hice un posgrado en Chile dos años, otro en Estados Unidos tres años, y me di cuenta que tenía que estudiar mucho más a medida que pasaban los años. Antes me arreglaba con una hora por día, luego dos y al ir a Estados Unidos era prácticamente catorce horas diarias dedicadas al estudio. Es decir, no hay aprendizaje sin esfuerzo.

- ¿Y que pasó, se perdió el esfuerzo?
- Usted está diciendo algo correcto, y una forma de medir el esfuerzo es el calendario escolar. El calendario escolar argentino es el más corto del mundo. En Argentina tenemos 180 días de clase por cuatro horas, son 720 horas. Los chilenos tienen 1200 horas por año. Es decir que un chico chileno que terminó sexto grado, en horas de clase le sacó dos años y medio a un chico argentino, y un chico peruano le sacó un año y medio. Entonces no nos debe sorprender que en todas las pruebas internacionales, ya sea la prueba Pisa o la de la Unesco, en el caso de la enseñanza primaria, los chilenos estén claramente por encima de los argentinos. Además los chilenos han hecho algo que acá se intenta hacer pero se ha avanzado poco que es la universalización de la escuela secundaria. Hoy en la Argentina termina la escuela secundaria alrededor de 45 de cada cien adolescentes. En Chile terminan ochenta.

EL AUSENTISMO
- Es bajo el número para la Argentina
- Hay diez países sudamericanos que tienen mayor graduación secundaria que la Argentina, empezando por Paraguay y Bolivia. Sigue Perú, Chile, Colombia, México, Costa Rica. Estas son cosas que deben llamar la atención. La pérdida de los días de clases no es un buen indicador. Y hay otro dato que refuerza la preocupación que debemos tener por el futuro. En la prueba Pisa se mide el ausentismo escolar. De 65 países, estamos en el número 65. Es el país con más ausentismo de alumnos del mundo. En quince días le pegaron el faltazo casi el 60 por ciento de los estudiantes. En Chile faltó el 8 por ciento, en China el 1 por ciento y en Japón 2 por ciento. Y después tenemos una cultura que no aporta a la escuela, por ejemplo con el invento de los feriados puente. ¿Cuántos argentinos van a la escuela? Uno de cada tres, es decir unos 14 millones de personas van a la escuela, terciario o universidad, es decir uno de cada tres argentinos. Entonces para que alguien vaya a la playa que es muy lindo, cerramos las escuelas a las que van 14 millones de argentinos, y ese día no lo recuperan. Eso refuerza el calendario escolar más corto del mundo. Más horas de clases no aseguran que la enseñanza mejore, pero menos horas seguro que es peor.

- En el libro una parte describe a los alumnos de la comunidad boliviana en la Argentina y su buen rendimiento escolar
- Sí, es un estudio de la Unicef de dos investigadoras argentinas que tomaron las escuelas en la zona crítica del sur de la ciudad de Buenos Aires, que limita con Matanza, pegado al Riachuelo. Allí estudiaron la escuela secundaria y el comportamiento, una cantidad de hechos con chicos peruanos, paraguayos, bolivianos y argentinos. Los bolivianos en todos los indicadores lideran: son los que mas estudian, los que mas respetan al maestro, los que más cooperan con la escuela, los que menos faltan. Por eso ese capítulo se llama "Bienvenidos los bolivianos". Creo que esto tiene mucho que ver con el hecho de que las culturas precolombinas indígenas, los aimaras y los quechuas, son culturas del trabajo y del esfuerzo. En estos pueblo no cabe el ocio, no cabe la vagancia porque si no se mueren de hambre. Los andinos son los que más trabajan y estudian.

- Ante este panorama que usted da se observa que aparecen mejores números de rendimiento escolar en los países vecinos y sudamericanos
- En la prueba de evaluación de la calidad del nivel de conocimiento de la escuela primaria de tercer grado y sexto grado, que empezaron en la década del noventa, Cuba iba primero. Es un país imbatible en la escuela primaria. Y la Argentina era segunda en calidad. En la última, del año 2013 Cuba no participó y Argentina no salió primera sino novena sobre quince países. Y no avanza la escolarización secundaria.

PUBLICO Y PRIVADO
- ¿En el secundario es donde está el mayor problema?
- Hay un gran problema. Yo antes le decía que se graduaba el 45 por ciento, pero es una verdad a medias. Esto es entre escuelas privadas y estatales. Si uno va a la escuela estatal, se recibe menos del 30, en la privada se recibe más del 70 por ciento. Hay una profunda desigualdad. Si usted toma las escuelas de los sectores humildes, como el conurbano y las provincias del Noa y del Nea va a ver que las escuelas estatales casi no tienen graduación secundaria. Por ejemplo en Santiago del Estero de los que entran a primer grado en escuela privada termina la secundaria el 10 por ciento. Y los que van a escuela privada termina el 90 por ciento. Acá hay que romper la vinculación del nivel socioeconómico de la familia y el rendimiento y la asistencia a la escuela. Tienen que ser dos cosas independientes si es que queremos la igualdad de oportunidades.

- ¿Los cambios en educación son un desafío que se verán los resultados en varios años?
- No cabe duda. Las reformas educativas que tienen gran éxito en el mundo no las hizo un ministro de educación. Las hizo el presidente de la República.

- Es un trabajo de todos, no solo de un ministerio.
- Si no se compromete el número uno no pasa nada. Entonces si a mi me preguntan quien debería gobernar, contesto que venga un presidente que se llame Domingo Faustino y después póngale el apellido que quiera.