Mirador político

La paradoja del PRO

Macri había conseguido encolumnar detrás de su candidatura a un muy importante sector de la oposición gracias a las gestiones de Ernesto Sanz y ahora se encuentra con que lo que el radicalismo une, Gabriela Michetti lo separa practicando un internismo feroz, muy poco PRO.

La campaña electoral acumula paradojas. Una de las más sorprendentes es que la presidenta Cristina Fernández le esté "financiando" la campaña a Daniel Scioli con medidas como congelar el dólar, moderar la inflación y subsidiar el consumo de los sectores bajos. Las tomó para evitar un estallido en el último tramo de su mandato, pero le vinieron como anillo al dedo al gobernador, que subió en las encuestas.

Pero no sólo el oficialismo genera escenarios sorprendentes. Mauricio Macri había conseguido encolumnar detrás de su candidatura a un muy importante sector de la oposición gracias a las gestiones de Ernesto Sanz y ahora se encuentra con que lo que el radicalismo une, Gabriela Michetti lo separa practicando un internismo feroz, muy poco PRO.

La embestida de Michetti contra Macri fue por los medios y con arma de guerra: el juego, un actividad turbia siempre sospechada de corrupción, coimas y gangsterismo. Si se agrega que enredado en la pelea aparece el empresario kirchnerista Cristóbal López, el impacto sobre Macri y su protegido, Horacio Rodríguez Larreta, no podía ser más conmocionante.

¿Qué dijo Michetti? Que el juego debía ser limitado, porque perjudica a los pobres. La expansión de las máquinas tragamonedas regenteadas por López ha sido exponencial y, si bien Macri hizo lo suyo para frenarla, nunca consiguió eliminar las sospechas de complicidad con los protectores políticos del empresario, esto es, los kirchneristas. Después de la conflagración inicial, la senadora redujo el nivel de la confrontación y reconoció por Facebook que ella y su jefe político pensaban igual sobre el tema, pero el daño ya estaba hecho. Le había dado a los adversarios del PRO una herramienta poderosa para usar en su contra.

El episodio revela varias cosas. En primer lugar, que Macri está muy cerca de llegar al poder y que las expectativas que genera esta situación no producen siempre efectos positivos. Muchas veces las disputas que surgen suelen ser feroces y sólo puede frenarlas un liderazgo férreo. Por eso lo que probará la pelea Michetti-Rodríguez Larreta es si el ex presidente de Boca controla su propia tropa o no. Cualquier duda que surja al respecto conspirará de manera directa contra sus chances de llegar a la Casa Rosada.

En segundo lugar, Macri se encuentra en la incómoda posición del aprendiz de brujo, porque Michetti es su creación. Usó su figura para ganar elecciones dotando al PRO de un "rostro humano" y ahora debe desactivarla, tarea que no se presenta sencilla.

La experiencia en curso demuestra que la senadora no mide riesgos y apuesta fuerte. Tiene una estrategia parecida a la de su amiga Elisa Carrió, discurso moralista y actitud antisistema político, que no sirve para acumular poder, sino todo lo contrario, pero que tiene un fuerte atractivo para una considerable porción de votantes porteños. Allí reside su peligrosidad.

Por eso el discurso eficientista de Macri-Rodríguez Larreta no le hace mella. Michetti no habla de gestión, sino de regeneración política, cuestión metafísica, pero que suena como música para la clase media. Y aquí, una última paradoja. Curiosamente, los que la apoyan son los mismos que reclamaban a gritos que la oposición se uniera, lo que demuestra que los dirigentes no son los únicos que dicen una cosa y terminan haciendo cualquier otra.