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Cultura
Pasiones del lector adolescente
11.01.2015 | Pese a la tecnología, el libro de papel encontró en los más jóvenes una nueva generación de entusiastas. El fenómeno es mundial y se expresa en la popularidad que consiguieron diferentes sagas novelísticas originadas en Estados Unidos y de rápido traslado al cine. ¿Será apenas una moda pasajera?
Por Jorge Martínez

Justo cuando todo parecía perdido para el libro de papel, los adolescentes volvieron a leer. Y a leer a lo grande, con el tiempo y la energía que sólo se tienen a esa edad. Libros gigantes de sagas interminables con destino asegurado en el cine. Historias de amor, terror y suspenso. Distopías y vampiros. Trilogías, tetralogías, heptalogías, auténticos ciclos novelísticos que humillarían a Balzac o Galdós. No parece haber límites a la vista.

El fenómeno, que ya puede comprobarse en casi cualquier familia de clase media, no ha pasado inadvertido para las editoriales locales.

"Con buen poder adquisitivo, muchos lectores de estas sagas voluminosas son consumidores de ocio y entretenimiento -comentó a este diario Verónica Barrueco, coordinadora de prensa en nuestro país del grupo editorial PenguinRandomHouse-. Además, son muy activos en las redes sociales. Suelen tener sus canales en YouTube (los llamados youtubers) y comparten sus impresiones en sus blogs".

¿Pero cómo empezó todo? ¿Quién echó a andar la maquinaria? Todos los indicios apuntan a dos sospechosos, uno lejano y otro más próximo en el tiempo. El antecedente remoto es, claro, El señor de los anillos (1954), de J.R.R. Tolkien. Una saga de tres tomos enormes que desbordan de imaginación inventiva. Por décadas la obra cautivó a lectores adolescentes y desde 1960 en adelante no había grupo de amigos en el que no existiera al menos un fanático de la historia.

Pero comparado con el fervor actual, el encanto de Tolkien fue siempre más discreto, casi clandestino. Y su obra tardó más de cuatro décadas en llegar al cine de las grandes producciones. Fue un precursor y poco más.

El cambio verdadero ocurrió hace poco y tiene nombre y apellido: Harry Potter. En la historia del niño-mago publicada entre 1997 y 2007 sí pueden encontrarse todos los elementos del fenómeno actual: una saga de siete extensos volúmenes (salvo el primero que es más breve), la presión social por leerlos y su rápido traslado al cine, que a su vez potenció la pulsión lectora. Hacia 2007 se habían vendido 400 millones de ejemplares en todo el mundo y su autora, J.K. Rowling, llegó a ser la mujer más rica de Gran Bretaña, por encima incluso de la reina Isabel II.

Por esa brecha lucrativa penetraron los best-sellers de hoy, novelas que tienen muchos puntos en común y alguna que otra diferencia. La tetralogía Crepúsculo (Alfaguara) de la estadounidense Stephenie Meyer, aparecida en inglés entre 2005 y 2008, vendió 120 millones de ejemplares contando la particular historia de amor entre una jovencita tímida y un vampiro caritativo y escrupuloso. Pasó rápido al cine: se filmaron cinco películas entre 2008 y 2012. Todas inmensamente populares.

PAN Y CIRCO DISTOPICO

Casi contemporánea de la anterior, aunque con una repercusión tardía, es la trilogía Los juegos del hambre (Del Nuevo Extremo) de la también estadounidense Suzanne Collins. Publicados en su idioma original entre 2008 y 2010, sus tres tomos pintan un escenario apocalíptico en el que un estado totalitario (Panem, con su capital, el Capitolio) organiza una competencia a muerte entre adolescentes escogidos al azar (los Juegos del Hambre del título) que se transmite en vivo a todo el país en un reality show morboso y aleccionador. El viejo pan y circo romano en versión distópica.

A partir de 2012 la saga fue llevada al cine en cuatro películas protagonizadas por Jennifer Lawrence, la tercera de las cuales se estrenó en nuestro país a fines de noviembre.

Menos conocida por el gran público, pero reverenciada por sus jóvenes lectores, es la (falsa) trilogía The Maze Runner, de James Dashner (V & R Editoras). Sus tres tomos originales aparecieron en Estados Unidos entre 2009 y 2011, y tal fue su éxito que en 2012 se agregó una precuela a la historia y se anuncia otra para 2016. 

El argumento transcurre una vez más en un futuro distópico. Dashner explicó así su concepción: "Un grupo de chicos que viven dentro de un laberinto insondable lleno de criaturas horribles, en el futuro, en un mundo oscuro, distópico. Habrá un experimento para estudiar sus mentes. Les harán cosas terribles.

Cosas horribles. Totalmente desesperanzador. Hasta que las víctimas ponen todo patas para arriba".
Como podría imaginarse, la historia no tardó en ser trasladada al cine. La película basada en la primera novela se estrenó en 2014 en todo el mundo, mientras se prepara la segunda. Un dato adicional: Dashner visitó el año pasado nuestro país. Dio una charla en una sala abarrotada de la Feria del Libro y firmó ejemplares durante horas en una elegante librería céntrica. Cientos de adolescentes, en su gran mayoría mujeres, lo siguieron por todas partes como si fuera una estrella de rock.

Inspirado en las mitologías griega, romana y egipcia, el norteamericano Rick Riordan escribió dos populares sagas novelísticas ambientadas en el mundo actual: Percy Jackson y los dioses del Olimpo (cinco volúmenes publicados en español por Salamandra entre 2006 y 2010; dos de ellos ya pasaron al cine) y Los héroes del Olimpo (otros cinco volúmenes de la editorial Montena aparecidos a partir de 2013). Se afirma que Riordan trabaja ya en un nuevo ciclo de novelas referidos esta vez a la mitología nórdica.

Tanta saga exitosa circulando al mismo tiempo debía engendrar imitadores. Uno de ellos fue Veronica Roth, la estadounidense que admitió haber escrito su trilogía Divergente (Molino, 2011-2013) "inspirada" en algunas de las obras antes mencionadas. La primera película basada en su historia de supervivencia adolescente en un mundo post-apocalíptico y parcelado en facciones, se estrenó el año pasado. Y ya se está filmando la segunda.

OTRAS VOCES

De Crepúsculo a Divergente, las novelas anteriores comparten un mismo tipo de escritura, más bien simple y ágil y centrado en la sucesión veloz de escenas intensas. No sorprende que puedan trasladarse al cine porque de hecho parecen escritas para el cine. Sus mundos imaginarios o futuristas son excusas para tratar las inseguridades clásicas de los adolescentes que en sus páginas son marginados (Crepúsculo), sacrificados (Juegos del Hambre) o perseguidos y manipulados (Maze Runner, Divergente).

En general tienden a expresar una visión negativa del futuro que, viejo truco, obra como metáfora crítica de la realidad actual.

Sin embargo, esa receta no agota el panorama de la literatura adolescente-juvenil. Otros autores adorados por los teens ofrecen libros de ritmo más sereno y desarrollo tradicional. Un buen ejemplo es el también estadounidense John Green (ver aparte). Durante años Green encabezó las listas de los más vendidos con Bajo la misma estrella (Nube de Tinta), una emotiva historia de amor entre dos jóvenes enfermos que trae a la memoria aquel drama setentista de Love Story y la cual, desde luego, fue llevada al cine. Green es un escritor prolífico (Buscando a Alaska, El teorema de Katharine y Ciudades de papel son otros de sus títulos editados en nuestro país) pero no abundante. No ha escrito sagas y sus argumentos eluden los grandes cataclismos y los entornos apocalípticos. Prefiere los relatos realistas y se anima a desarrollar sus personajes con cierta profundidad.

Una versión femenina de Green podría ser Gayle Forman, periodista especializada en temas juveniles que en 2009 se consagró con la exitosa Si decido quedarme (el año pasado se estrenó la película), una suerte de ¡Qué bello es vivir! para adolescentes del siglo XXI. También escribió una continuación, Lo que fue de ella (Salamandra), con seguro destino en la pantalla grande.

Esos nombres y títulos son los dominantes en un mercado que sigue expandiéndose. Y en el que de momento no parece ceder la súbita manía que se apoderó de los más chicos por leer libros de papel en tiempos de tablets, tal vez, como señala Barrueco, de PenguinRandomHouse, porque "estos lectores jóvenes son inteligentes y buscan algo más que una campaña de marketing".

Moda pasajera o no, justo es decir que no son los adolescentes las únicas víctimas. Que lo confiesen, si no, esos esforzados lectores maduros de Juegos de tronos o Cincuenta sombras de Grey que cada mañana del año laboral pueblan subtes y colectivos embelesados en sus librotes interminables, y que ahora deben estar devorándolos en la playa.

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