La batalla por "El doctor Zhivago"
Un libro relata cómo hizo la CIA para introducir clandestinamente la novela en la Unión Soviética. Los espías estadounidenses consideraban que la obra podía ser útil como arma de propaganda durante la guerra fría.
Un libro reciente aparecido en Estados Unidos relata con lujo de detalles la extraordinaria operación que montó la CIA a fines de la década de 1950 para hacer circular en la Unión Soviética El doctor Zhivago, la novela clásica de Boris Pasternak que el régimen comunista había prohibido por antirrevolucionaria.
En The Zhivago Affair: The Kremlin, the CIA, and the Battle Over a Forbidden Book (El asunto Zhivago: el Kremlin, la CIA y la batalla por un libro prohibido), los autores Peter Finn and Petra Couvée tuvieron acceso a 135 documentos desclasificados que verifican con datos oficiales las acciones de la central de espionaje estadounidense para introducir en forma clandestina el libro de Pasternak en territorio soviético y usarlo como arma de propaganda durante el apogeo de la guerra fría.
Nacido en 1890, Pasternak había sido un poeta celebrado en su juventud por la revolución triunfante en la Unión Soviética, con la que tuvo una relación ambigua hasta el ascenso de Josef Stalin. Marginado por el nuevo jerarca, su gran ambición literaria de esos años pasó a ser la escritura de una gran novela decimonónica "con intriga amorosa y una heroína, como en Balzac".
UN GRAN FRESCO
Empezó con la semilla de lo que sería El doctor Zhivago en 1932. Pretendía relatar allí la atribulada historia del amor adúltero entre el doctor Yuri Zhivago y la enfermera Larissa (Lara) Guichard, recortada sobre el gran fresco de la Primera Guerra Mundial, las revoluciones de febrero y octubre de 1917 y la guerra civil posterior entre rojos y blancos, experiencias todas que el autor había conocido de primera mano.
"Pasternak sentía que estaba llamado a describir e interpretar su época -un tiempo de revoluciones, guerras mundiales, guerras civiles y hambrunas- y sumarse a los maestros de la gran tradición épica rusa", explicaron Finn y Couveé en una entrevista con el diario The Christian Science Monitor.
Las purgas estalinistas de la década de 1930 obligaron a Pasternak destruir lo que llevaba escrito y a permanecer en silencio hasta 1946, cuando reanudó la empresa aprovechando un momento de tibia distensión del régimen. Pudo concluirla en 1954 gracias a la ayuda de Olga Ivinskaya, editora y traductora que se convertiría luego en secretaria, musa y amante hasta el fin de sus días.
A partir de entonces el régimen frustró todos los intentos de publicar la novela en el país por considerar que su autor era "antisoviético" y estaba enajenado de la sociedad en la que vivía. Con las puertas cerradas en su patria y dominado por el deseo arrollador de ver publicada su obra más querida (a la que llamaba "mi felicidad última y mi locura"), Pasternak accedió a pasar el texto al italiano Giangiacomo Feltrinelli, esa curiosa combinación de aristócrata y militante comunista.
Feltrinelli publicó la versión italiana de El doctor Zhivago en noviembre de 1957. A los pocos meses ya circulaban traducciones al inglés, alemán y francés y el libro se había convertido en un bestseller internacional, aplaudido por un crítico exigente como Edmund Wilson pero denostado por el no menos exigente (y tal vez celoso) Vladimir Nabokov.
INTERVIENE LA CIA
En este punto de la historia es donde interviene la CIA. Los autores Finn y Couveé indican que en enero de 1958 la inteligencia británica pasó a sus colegas norteamericanos una copia fotográfica del manuscrito en idioma original. En la CIA la recibieron alborozados, convencidos de que la novela era "la obra literaria más herética producida por un autor soviéticos desde la muerte de Stalin" y, por lo tanto, muy útil como instrumento de propaganda anticomunista.
Sin consultar a Pasternak, los espías estadounidenses se abocaron a la misión de reintroducir clandestinamente la novela en territorio soviético. Como debían borrar todas las huellas que vincularan la operación con la CIA, decidieron contactar a la editorial holandesa Mouton a través de los servicios secretos de los Países Bajos para que imprimiera los volúmenes en ruso.
La meta, según Finn y Couveé, era repartir los libros en secreto durante la exposición universal de Bruselas, en septiembre de 1958. No había mucho tiempo, pero lo consiguieron trabajando contrarreloj. El 6 de ese mes salieron los primeros ejemplares impresos por la editorial holandesa. Un total de 1.160 fueron entregados a oficinas de la CIA en Europa y la mayor cantidad fue despachada a Bruselas.
Allí se mantuvo el esfuerzo por despistar. Los libros editados de contrabando no se repartían en el puesto de Estados Unidos sino en el del Vaticano, en un área denominada "Capilla del silencio". Se calcula que unos 3.000 rusos visitaron ese sector de la muestra y que al menos 500 recibieron el libro prohibido. Por prudencia, escriben Finn y Couveé,"los lectores retiraban las cubiertas y arrancaban las páginas de a montones para guardarlas entre las prendas" y retirarse sin generar sospechas.
La CIA hizo otro intento por contrabandear el libro en 1959. En esa ocasión llegó a publicar unos 9.000 ejemplares en una edición miniatura en papel biblia de uno o dos volúmenes que repartía a turistas soviéticos en lugares públicos como museos o cines.
LAS CONSECUENCIAS
Para entonces Pasternak había ganado el Premio Nobel de Literatura de 1958, pero debió rechazarlo por presión del régimen comunista, que amenazaba con deportarlo a Siberia pese a su edad (tenía 68 años). Además, recuerdan Finn y Couveé, tuvo que soportar que los amigos "le dieran la espalda y que sus colegas dijeran las cosas más horribles de él".
Estuvo a punto de suicidarse y su hijo Yevgeni asegura que la presión por la publicación de El doctor Zhivago y la entrega del Nobel aceleraron su muerte, que ocurrió 18 meses después, en 1960, debido a un cáncer de pulmón.
Muerto Pasternak, quien sufrió las represalias fue su amante y musa inspiradora, Olga. La mujer fue detenida y condenada a ocho años de reclusión en el Gulag por supuestas maniobras con moneda extranjera, aunque pudo salir a la mitad de ese plazo.
En 1965 el británico David Lean llevó la novela al cine y es en esa versión, uno de los grandes clásicos de la historia del séptimo arte, como la obra de Pasternak alcanzó hasta hoy verdadero reconocimiento.
A medio siglo de su rocambolesca publicación, cabe preguntarse si perdura algún legado de la novela de Pasternak.
Los autores de The Zhivago Affair creen que sí. Se trata, declararon al Monitor, de un legado de "integridad artística, libertad del individuo, respeto por las ideas disidentes y el ejemplo del poder de la literatura para sacudir a las dictaduras y conmover al mundo".
