La Prensa
CRITICA DE "TINIEBLAS PARA MIRAR"

Esa manera de narrar y observar

La industria editorial suele tener, de vez en vez, la buena suerte o la astucia de encontrar olvidados en un cajón los textos inéditos de algún escritor muerto. Le ha tocado ahora a Tomás Eloy Martínez -fallecido en 2010- el turno de ser relanzado en el mercado, a caballo de un puñado de cuentos inéditos o que bien nunca fueron publicados como parte de un libro.

Catorce cuentos son suficientes para reencontrarnos con el autor, relatos que los editores confiesan no respetan un orden cronológico ni fueron planificados por Martínez para ser publicados como tal, pero que conservan el alma misma de su confección literaria, más allá de algún pulido de ocasión.

Así que Tinieblas para mirar representa esta posibilidad de toparnos nuevamente con una manera de narrar y de observar, ni más ni menos. Tal vez por su oficio de periodista tenía el autor la habilidad de manipular temas reales volviéndolos ficción, o de inventar historias que en mucho se asemejaban a la realidad.

Podría decirse que a Tomás Eloy Martínez le dolía esta tierra de marchas y contramarchas y enfrentamientos constantes. Por eso ha sido un acierto que la edición se abriera con el cuento "Confín", un texto que los editores consideran "una poderosa e inquietante metáfora de la Argentina". Y cómo no, si esa nación inventada y sin nombre es asombrosamente parecida la nuestra: "A veces pienso que nos hemos quedado sin país alguno, y que este horizonte vago al que llamo país es para mis compatriotas el patio de la escuela o el gato del vecino o la melancolía de lo que no se puede hacer".

De nuevo, la realidad hecha ficción, la ficción vuelta realidad. Lo cierto es que el autor tampoco le escapaba a los relatos con color local. Por eso en este libro hay algunos que describen las peripecias de héroes o santos populares o bien las miserias de pueblo chico -como en "Bazán" y "Habla la Rubia"-, para los cuales, evidentemente, se ha nutrido de las anécdotas de su Tucumán natal.

Cuenta su hijo Ezequiel, recopilador de algunos de los cuentos aquí reunidos, que halló también un archivo en el cual Tomás Eloy Martínez le daba un contexto a su trabajo. Había escrito buena parte de ellos durante el exilio en Venezuela, entre 1979 y 1982, "cuando empecé a temer que nunca regresaría a mi país". Los consideraba, de alguna manera, "meteoritos desprendidos de un planeta en ruinas".

Ahora que el tiempo ha pasado sabemos por su obra prolífica que ese planeta en ruinas, sin dudas un estado de ánimo, dio mucho más de lo que él mismo esperaba. Lo cual abriga la esperanza de que tal vez aún queden en el fondo oscuro de un cajón otros cuentos que esperan por ser descubiertos.