Siete días de política
Mal clima social, dificultades económicas y luchas sucesorias
El gobierno no consigue mejorar el humor de la sociedad, que se deteriora por los problemas económicos, la ineficacia de la gestión y las expectativas adversas. Más presión sobre Scioli.
El comienzo del año electoral no parece favorable a la presidenta. Una combinación de clima social adverso, variables económicas que continúan deteriorándose y conflictos dentro del oficialismo ponen en duda el éxito de sus planes para continuar en el poder después de 2015 o para digitar la sucesión.
La causa de fondo del malhumor es económica, pero la acentúan errores atribuibles a gruesas fallas de gestión, como el colapso del transporte ferroviario, o a decisiones difíciles de comprender como el pacto con el régimen iraní para investigar el atentado a la AMIA.
En ambos casos es temprano para evaluar el costo que pagará el gobierno, pero no será menor. Los silbidos y abucheos de los familiares de las víctimas del Once al cumplirse un año de la tragedia muestran un proceso que recién comienza. Las acusaciones a la presidenta en la Plaza de Mayo fueron un verdadero mazazo político. Su intento previo de evitar las críticas solidarizándose con los deudos fue contraproducente y duró apenas 24 horas.
Si los empresarios y funcionarios sospechados de corrupción en el manejo de los subsidios a los trenes quedan impunes, la responsabilidad recaerá directamente sobre ella. Y aunque reciban una condena proporcional al estrago producido, no podrá evitar el costo. Quedó en la posición que en el ajedrez llaman zugzwang: todas las jugadas son malas. Y el desempeño de Florencio Randazzo parece lejos de mejorar ese panorama.
El deterioro del servicio ferroviario es un problema estructural, pero el gobierno incurre en errores no forzados como el acuerdo con Irán para investigar conjuntamente un atentado del cual el régimen iraní es el principal sospechoso.
Once horas de debate en el Senado no alcanzaron para explicar qué puede obtener el país de semejante pirueta diplomática. Convocar a un gobierno que cobija terrorista para investigar un acto terrorista es un aporte al surrealismo que habla de la creatividad de la Cancillería. Y meterse a través de esa decisión en el conflicto de Oriente Medio que involucra a Israel, a los Estados Unidos y el islamismo demuestra que esa creatividad esta fuera de todo control. A lo que hay que agregar el precio que paga el gobierno en el frente interno por una iniciativa sobre la cual ninguno de sus miembros ha podido dar cuenta de manera satisfactoria.
Pero ni el calamitoso estado de los trenes, ni los enjuagues diplomáticos con los ayatolas hacen tanto daño a las expectativas electorales del kirchnerismo como la marcha de la economía. La alta inflación y las bajas expectativas de crecimiento han puesto en circulación la idea de que la presidenta estudia un plan de emergencia (del tipo del Plan Primavera), aunque no hay todavía ningún indicio en ese sentido. Por lo contrario, el congelamiento de precios capitaneado por Guillermo Moreno parece la única alternativa disponible para que las variables macro dejen de deteriorarse.
Semejante pretensión es, obviamente, insostenible como puso de manifiesto el propio oficialismo, cuando el director de YPF, Miguel Galuccio, negó que piense congelar el precio de la nafta. Es contrario a toda lógica económica salir a buscar capitales externos para aumentar la producción de combustible y al mismo tiempo congelar su precio. Lo que ocurre con la nafta ocurre con todos los precios de la economía, por eso la amenaza de "tolerancia cero" de Moreno no pasa de eso: una amenaza absurda y una admisión de que el cepo empezó a fallar desde el principio.
También ilusoria se mostró la pretensión de usar los salarios como ancla de la inflación. Aun fragmentado y cooptado el sindicalismo no frenará los reclamos destinados a realimentar el aumento de los precios. El caso del conflicto docente es lo suficientemente ilustrativo al respecto. La única salida consiste, entonces, en un plan integral con metas de inflación y recortes del desbordado gasto público y la emisión, un remedio amargo para tomar en vísperas de elecciones.
La rebelión docente cumple no obstante un servicio importante al gobierno. Erosiona a Daniel Scioli, el candidato con mejor imagen para suceder a Cristina Fernández y terminar con el kirchnerismo. Por eso la Casa Rosada redobló la presión para doblegarlo, asfixiándolo financieramente. El gobernador ha evitado el enfrentamiento directo con la presidenta, pero todo indica que se acerca el momento de tomar una decisión: o se somete y le dice adiós a su candidatura para 2015 o da batalla electoral contra el kirchnerismo este año, aunque le cueste una fuerte sequía de fondos para desarrollar su gestión.
